Alarcón y el Consejo de Seguridad en Panamá
Los tiempos que corren nos instan a escribir de prisa, sin ambages y con franqueza. Es este ánimo el que nos acucia ahora cuando Ricardo Alarcón de Quesada visita a Panamá para participar en un Foro sobre la Independencia de Puerto Rico. Nuestro visitante es presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba, ex ministro de Relaciones Exteriores y una de las personalidades más relevantes del liderazgo del hermano país.
Con su visita, nos viene a la mente un pasaje decisivo de nuestra historia: la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Panamá, del 15 al 21 de marzo de 1973, cuando Ricardo Alarcón era Representante de Cuba ante dicha organización. De esa reunión, rescatamos extractos de dos discursos que calificaron con exactitud la situación existente entre Panamá y Estados Unidos (EE.UU.). El primero, de Juan Antonio Tack, ministro de Relaciones Exteriores, quien denunció el impasse existente: "La situación entre Panamá y Estados Unidos sigue potencialmente explosiva y capaz de poner en peligro la paz internacional. Nueve años de negociación no nos han hecho avanzar del punto inicial. Se ha desarrollado... eso sí ... un lenguaje más florido y engañoso para mantener el mismo estado de cosas. Hasta el presente lo que se ha pretendido hacer es vendernos una edición revisada, corregida y aumentada del Tratado de 1903, y eso el pueblo no lo va a aceptar jamás".
El segundo texto corresponde al discurso pronunciado ante el Consejo de Seguridad por el canciller de Cuba, Raúl Roa, eminente intelectual, historiador e internacionalista, en apoyo a nuestra causa: "En la historia de las relaciones internacionales, la Convención del Canal Ístmico representa el más expresivo paradigma de carencia de escrúpulos, de menosprecio a los principios, de rapacidad desmandada y de befa a la dignidad de un pueblo. La mayoría de los tratadistas ha demostrado, con argumentos inobjetables, su absoluta nulidad jurídica y, por consiguiente, su inexistencia real a la luz del derecho internacional y de las normas de la Carta de las Naciones Unidas".
"No faltan norteamericanos, entre las autoridades sobre la materia, que comparten ese juicio. Pero han sido los escritores patriotas -como Julio Yao, Jorge Turner y Jorge Illueca- y los combatientes nacionalistas de Panamá, los que han desnudado su trasfondo neocolonialista o han luchado para exigir su abrogación, desafiando valerosamente persecuciones, atropellos y masacres".
Las delegaciones fueron invitadas a Isla Contadora durante el fin de semana, donde prosiguieron las consultas en torno a los proyectos de resolución que pudieran debatirse. En el equipo de la cancillería existían discrepancias en lo relativo al proyecto de resolución que Panamá debía presentar. Temprano en la mañana del primer día en Contadora, el general Torrijos llegó en su helicóptero y me invitó a conversar, sugiriendo que nos encerráramos en algún sitio donde no hubiese interferencias de ninguna clase. En un amplio salón, le hice una exposición durante una hora sobre la problemática planteada, durante la cual Torrijos escuchó de manera receptiva y respetuosa, sin decir palabra alguna y, al final, sólo expresó: "Está bien, dile a Tony (Tack) que ya hablaste conmigo y que yo estoy de acuerdo".
El día anterior, Panamá había presentado ante el Consejo un proyecto de resolución que considerábamos inaceptable, el cual, entre otras cosas, llamaba a la "neutralización" de los canales interoceánicos. Le habíamos expresado al canciller que la "neutralización" y la "neutralidad" siempre habían sido interpretadas como pretexto para intervenir en Panamá y que esa propuesta constituía una intervención en los asuntos de Egipto y de la Nación Árabe.
Cuando tomé asiento junto al canciller Tack durante la cena que ofreció en Contadora a las delegaciones extranjeras, el ministro, quien tenía a su lado a Ricardo Alarcón y a los representantes de la Unión Soviética, Yugoslavia e Indonesia, entre otros, me dijo: "El embajador de Cuba (Ricardo Alarcón) me acaba de decir exactamente lo que has venido sosteniendo: que el proyecto de resolución legalizaría la ocupación de territorios árabes por parte de Israel y constituiría una intervención en los asuntos internos de Egipto; que las delegaciones árabes están indignadas porque la misma favorece a Israel y que, por ende, votarían en contra".
Panamá iba rumbo al fracaso si mantenía dicha resolución. En consecuencia, el canciller Tack me pidió redactar de inmediato un informe resumido para el general Torrijos, y yo me encerré en un cuarto durante varias horas, al final de lo cual le entregué algunas hojas tamaño legal, manuscritas de la manera más sencilla posible. Las dobló y guardó en el bolsillo de su chaqueta para llevárselas al general Torrijos.
Sin tener conocimiento de nuestras discrepancias y sin estar advertido de la contribución que estaba haciendo a nuestra causa, la opinión de Alarcón fue clave para que nuestro país eliminara del proyecto de resolución las referencias innecesarias e inconvenientes que habían puesto en contra de Panamá a la mayoría de los delegados de África y los países árabes y para que se redactara, por ende, una nueva resolución.
La resolución final fue vetada por el representante de EE.UU., John Scali, y frente a la arrogancia de ese hecho, el canciller Tack cerró las sesiones del Consejo de Seguridad con estas famosas palabras: "Estados Unidos vetó a Panamá, pero el mundo vetó a Estados Unidos".
Pero, los problemas de los residentes no terminan allí. Los moradores del lugar explican que la carencia de luminarias y la falta de una subestación de policía en el área también les inquieta.
Johanna Fernández, otra de las residentes del área, manifiesta que el lugar por las noches se convierte "en tierra de nadie", porque los robos están a la orden del día.
Desde los camiones de reparto, hasta los cables del tendido eléctrico han sufrido por la delincuencia, eso sin contar a los moradores, sobre todo los días de pago.
"Por suerte ahora tenemos carretera, ya que la presencia policial se ve esporádicamente, pero antes nisiquiera llegaban", asegura.
Fausto Palacios, director de Asentamientos Informales del ministerio de Vivienda (MIVI), explicó que están al tanto de lo que ocurre en Tierra Prometida, pero que el tema es ajeno a su competencia. Lo que ocurre es que se trata de terrenos privados. "Lo que nos queda a nosotros como institución es servir de mediadores para tratar de buscarle una solución a estas familias".
Elías Cohen, arquitecto encargado del estudio de la comunidad de Tierra Prometida, manifiesta que algunos de los propietarios de los terrenos están interesados en vender, pero la situación requiere de todo un proceso que llevará tiempo.
Quibián Panay, representante del corregimiento de Alcalde Díaz-Las Cumbres, reconoce que la comunidad de Tierra Prometida tiene grandes necesidades.
"El primer problema del lugar es que las familias que viven allí son invasores, porque esas tierras son privadas".
Según Panay, el Ministerio de Vivienda (MIVI) ha estudiado el caso y se descubrió que esos terrenos le pertenecen a tres personas.
A pesar de ello, señala Panay, se les está tratando de ayudar y el primer paso que se dio fue la construcción de la carretera de 1.2 kilómetros.
La falta de luminarias a lo largo de la vía se debe precisamente a que los terrenos son privados, explica Panay, lo que obligó a que la empresa eléctrica a dejar de colocar los postes, una vez terminada la carretera.
En cuanto al problema del agua, Panay explica que ya se están conectando unas tuberías y una estación de bombeo para suministrarle agua a las personas.
Para Panay resultó muy extraño que las personas tengan que comprar el agua porque, según dijo, tenía entendido que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) lleva todos los días camiones de reparto para abastecer a las personas.
Panamá América contactó al IDAAN, donde aseguraron que se reparte el agua a diario.
Por otro lado, en el tema de la seguridad, Panay adelantó que se tiene pensado construir una caseta de policías, cerca de la escuela.
Con su visita, nos viene a la mente un pasaje decisivo de nuestra historia: la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en Panamá, del 15 al 21 de marzo de 1973, cuando Ricardo Alarcón era Representante de Cuba ante dicha organización. De esa reunión, rescatamos extractos de dos discursos que calificaron con exactitud la situación existente entre Panamá y Estados Unidos (EE.UU.). El primero, de Juan Antonio Tack, ministro de Relaciones Exteriores, quien denunció el impasse existente: "La situación entre Panamá y Estados Unidos sigue potencialmente explosiva y capaz de poner en peligro la paz internacional. Nueve años de negociación no nos han hecho avanzar del punto inicial. Se ha desarrollado... eso sí ... un lenguaje más florido y engañoso para mantener el mismo estado de cosas. Hasta el presente lo que se ha pretendido hacer es vendernos una edición revisada, corregida y aumentada del Tratado de 1903, y eso el pueblo no lo va a aceptar jamás".
El segundo texto corresponde al discurso pronunciado ante el Consejo de Seguridad por el canciller de Cuba, Raúl Roa, eminente intelectual, historiador e internacionalista, en apoyo a nuestra causa: "En la historia de las relaciones internacionales, la Convención del Canal Ístmico representa el más expresivo paradigma de carencia de escrúpulos, de menosprecio a los principios, de rapacidad desmandada y de befa a la dignidad de un pueblo. La mayoría de los tratadistas ha demostrado, con argumentos inobjetables, su absoluta nulidad jurídica y, por consiguiente, su inexistencia real a la luz del derecho internacional y de las normas de la Carta de las Naciones Unidas".
"No faltan norteamericanos, entre las autoridades sobre la materia, que comparten ese juicio. Pero han sido los escritores patriotas -como Julio Yao, Jorge Turner y Jorge Illueca- y los combatientes nacionalistas de Panamá, los que han desnudado su trasfondo neocolonialista o han luchado para exigir su abrogación, desafiando valerosamente persecuciones, atropellos y masacres".
Las delegaciones fueron invitadas a Isla Contadora durante el fin de semana, donde prosiguieron las consultas en torno a los proyectos de resolución que pudieran debatirse. En el equipo de la cancillería existían discrepancias en lo relativo al proyecto de resolución que Panamá debía presentar. Temprano en la mañana del primer día en Contadora, el general Torrijos llegó en su helicóptero y me invitó a conversar, sugiriendo que nos encerráramos en algún sitio donde no hubiese interferencias de ninguna clase. En un amplio salón, le hice una exposición durante una hora sobre la problemática planteada, durante la cual Torrijos escuchó de manera receptiva y respetuosa, sin decir palabra alguna y, al final, sólo expresó: "Está bien, dile a Tony (Tack) que ya hablaste conmigo y que yo estoy de acuerdo".
El día anterior, Panamá había presentado ante el Consejo un proyecto de resolución que considerábamos inaceptable, el cual, entre otras cosas, llamaba a la "neutralización" de los canales interoceánicos. Le habíamos expresado al canciller que la "neutralización" y la "neutralidad" siempre habían sido interpretadas como pretexto para intervenir en Panamá y que esa propuesta constituía una intervención en los asuntos de Egipto y de la Nación Árabe.
Cuando tomé asiento junto al canciller Tack durante la cena que ofreció en Contadora a las delegaciones extranjeras, el ministro, quien tenía a su lado a Ricardo Alarcón y a los representantes de la Unión Soviética, Yugoslavia e Indonesia, entre otros, me dijo: "El embajador de Cuba (Ricardo Alarcón) me acaba de decir exactamente lo que has venido sosteniendo: que el proyecto de resolución legalizaría la ocupación de territorios árabes por parte de Israel y constituiría una intervención en los asuntos internos de Egipto; que las delegaciones árabes están indignadas porque la misma favorece a Israel y que, por ende, votarían en contra".
Panamá iba rumbo al fracaso si mantenía dicha resolución. En consecuencia, el canciller Tack me pidió redactar de inmediato un informe resumido para el general Torrijos, y yo me encerré en un cuarto durante varias horas, al final de lo cual le entregué algunas hojas tamaño legal, manuscritas de la manera más sencilla posible. Las dobló y guardó en el bolsillo de su chaqueta para llevárselas al general Torrijos.
Sin tener conocimiento de nuestras discrepancias y sin estar advertido de la contribución que estaba haciendo a nuestra causa, la opinión de Alarcón fue clave para que nuestro país eliminara del proyecto de resolución las referencias innecesarias e inconvenientes que habían puesto en contra de Panamá a la mayoría de los delegados de África y los países árabes y para que se redactara, por ende, una nueva resolución.
La resolución final fue vetada por el representante de EE.UU., John Scali, y frente a la arrogancia de ese hecho, el canciller Tack cerró las sesiones del Consejo de Seguridad con estas famosas palabras: "Estados Unidos vetó a Panamá, pero el mundo vetó a Estados Unidos".
Pero, los problemas de los residentes no terminan allí. Los moradores del lugar explican que la carencia de luminarias y la falta de una subestación de policía en el área también les inquieta.
Johanna Fernández, otra de las residentes del área, manifiesta que el lugar por las noches se convierte "en tierra de nadie", porque los robos están a la orden del día.
Desde los camiones de reparto, hasta los cables del tendido eléctrico han sufrido por la delincuencia, eso sin contar a los moradores, sobre todo los días de pago.
"Por suerte ahora tenemos carretera, ya que la presencia policial se ve esporádicamente, pero antes nisiquiera llegaban", asegura.
Fausto Palacios, director de Asentamientos Informales del ministerio de Vivienda (MIVI), explicó que están al tanto de lo que ocurre en Tierra Prometida, pero que el tema es ajeno a su competencia. Lo que ocurre es que se trata de terrenos privados. "Lo que nos queda a nosotros como institución es servir de mediadores para tratar de buscarle una solución a estas familias".
Elías Cohen, arquitecto encargado del estudio de la comunidad de Tierra Prometida, manifiesta que algunos de los propietarios de los terrenos están interesados en vender, pero la situación requiere de todo un proceso que llevará tiempo.
Quibián Panay, representante del corregimiento de Alcalde Díaz-Las Cumbres, reconoce que la comunidad de Tierra Prometida tiene grandes necesidades.
"El primer problema del lugar es que las familias que viven allí son invasores, porque esas tierras son privadas".
Según Panay, el Ministerio de Vivienda (MIVI) ha estudiado el caso y se descubrió que esos terrenos le pertenecen a tres personas.
A pesar de ello, señala Panay, se les está tratando de ayudar y el primer paso que se dio fue la construcción de la carretera de 1.2 kilómetros.
La falta de luminarias a lo largo de la vía se debe precisamente a que los terrenos son privados, explica Panay, lo que obligó a que la empresa eléctrica a dejar de colocar los postes, una vez terminada la carretera.
En cuanto al problema del agua, Panay explica que ya se están conectando unas tuberías y una estación de bombeo para suministrarle agua a las personas.
Para Panay resultó muy extraño que las personas tengan que comprar el agua porque, según dijo, tenía entendido que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) lleva todos los días camiones de reparto para abastecer a las personas.
Panamá América contactó al IDAAN, donde aseguraron que se reparte el agua a diario.
Por otro lado, en el tema de la seguridad, Panay adelantó que se tiene pensado construir una caseta de policías, cerca de la escuela.