Alarma en la sanidad
La sanidad es uno de los pilares fundamentales del estado de bienestar en Panamá, pero desde hace algún tiempo comienzan a aparecer preocupantes grietas en su estructura. Por muchos años hemos tenido un sistema sanitario razonable, ciertamente mejorable en muchos aspectos, pero seguro en lo fundamental. Pero las cosas están cambiando peligrosamente. La realidad de que han muerto varios niños debido a que beben agua contaminada indica que el sistema sanitario comienza a fallar en aspectos fundamentales. Y cuando las salas de maternidad de hospitales públicos y privados tienen que cerrarse por brotes infecciosos, algo está fallando en la organización del sistema.
Desde hace un tiempo los profesionales del sector vienen advirtiendo sobre las consecuencias que a largo plazo puede tener el progresivo descuido del sistema de salud pública. Ahora se está comenzando a ver que estas advertencias no eran vanas y que, si no se adoptan medidas correctoras con urgencia, podemos pagar un alto precio por ello. Durante la década pasada, nuestro sistema de salud pública sufrió un serio proceso de desmejoramiento, porque no se mantuvo el ritmo de inversión que era necesario para cubrir la universalidad alcanzada durante los años setenta, cuando las autoridades de aquel entonces demagógicamente establecieron la consigna de "Salud igual para todos".
El ministro José Terán ha tenido una actuación pública bastante afortunada al cancelar los carnavales por el brote de hantavirus y en cerrar las salas de maternidad por las infecciones de onfalitis. Pero el fondo es lo que importa. Y el fondo es que en los últimos meses se ha producido un incremento en el número de infecciones y epidemias que precisan una intervención urgente para atenderlas. Muchas de estas deficiencias que ahora se observan son una herencia imputable a los antecesores de la actual administración. Pero cada día que pasa sin aplicar correcciones empeoran los efectos. Por eso, el ministro debe acometer con urgencia una revisión a fondo de la organización sanitaria y aportar recursos para corregir sus deficiencias. Si es verdad lo que dicen que Panamá va bien, entonces, ¿por qué va mal la salud pública?
Desde hace un tiempo los profesionales del sector vienen advirtiendo sobre las consecuencias que a largo plazo puede tener el progresivo descuido del sistema de salud pública. Ahora se está comenzando a ver que estas advertencias no eran vanas y que, si no se adoptan medidas correctoras con urgencia, podemos pagar un alto precio por ello. Durante la década pasada, nuestro sistema de salud pública sufrió un serio proceso de desmejoramiento, porque no se mantuvo el ritmo de inversión que era necesario para cubrir la universalidad alcanzada durante los años setenta, cuando las autoridades de aquel entonces demagógicamente establecieron la consigna de "Salud igual para todos".
El ministro José Terán ha tenido una actuación pública bastante afortunada al cancelar los carnavales por el brote de hantavirus y en cerrar las salas de maternidad por las infecciones de onfalitis. Pero el fondo es lo que importa. Y el fondo es que en los últimos meses se ha producido un incremento en el número de infecciones y epidemias que precisan una intervención urgente para atenderlas. Muchas de estas deficiencias que ahora se observan son una herencia imputable a los antecesores de la actual administración. Pero cada día que pasa sin aplicar correcciones empeoran los efectos. Por eso, el ministro debe acometer con urgencia una revisión a fondo de la organización sanitaria y aportar recursos para corregir sus deficiencias. Si es verdad lo que dicen que Panamá va bien, entonces, ¿por qué va mal la salud pública?