Alcaldía y alevosía
Las palabras del caudillo santeño: "La ley de la democracia es la renovación y el cambio", no han perdido vigencia. Sin embargo, no son muchas las "dirigencias" dispuestas a escucharlas y menos aún, decididas a aplicarlas. Los factores reales de poder buscan por todas las vías, evitar el cambio verdadero y utilizan todos los recursos a su alcance para impedir el poder ser gobernados los panameños de manera democrática, recurriendo, a todas las ilegalidades y arbitrariedades para negar a los independientes el derecho democrático a la participación política.
¿Qué otros derechos se aprestan a conculcarnos? ¿El derecho al voto? ¿El derecho al trabajo? ¿El derecho a una vida digna? Ya nos han privado el derecho a tener una sociedad segura, el derecho a respirar aire puro, el derecho a tener agua potable, el derecho a una educación completa y científica, el derecho a un transporte y a una vivienda digna, el derecho a una canasta básica sana, sustanciosa y barata... ¿Cuáles más nos van a quitar?
Continuamos bajo un equilibrio político corrupto, débil y confuso. Las instituciones se deterioran en manos de mediocres, tanto por el mal que hacen como por el mal que ocultan. Nuestra vida social está, más que nunca alterada por la inseguridad reinante y nuestra economía se apresura a pulverizarse, cómodamente instalada como está, en el tren de la desigualdad.
El torneo electoral lleva a muchos a pensar que podrán continuar en su actitud aventurera de divorciar la política de los valores éticos fundamentales y, pretenden mantenernos bajo el supuesto de que el fin justifica los medios. Ante esta situación, somos los gobernados quienes más que nadie debemos medir los pasos a dar para no caer en las provocaciones y violencias electoreras, como las que vienen montando.
El solo intentar poner en duda la legitimidad de nuestra candidatura a la Alcaldía, en base a leguleyadas, no busca otra cosa que privarnos del derecho de llevar el gobierno al pueblo y lograr una verdadera participación ciudadana. La vulgar intentona de los magistrados del Tribunal Electoral, es otra gaznatada al rostro de quienquiera que crea en la democracia, en una mayor participación ciudadana, en más apertura, transparencia y honestidad. ¿Por qué callan ante esta alevosía quienes se dicen democráticos?
Esta jugarreta instrumentada por el Tribunal Electoral, tiene como guionistas al sector de la maleantería del PRD, presidido por Martín Torrijos y los padrinos políticos de sus candidatos a la Alcaldía. Hoy, viernes 27 de febrero, quien realmente deberá estar sentado en el banquillo, no soy yo, son los "lacayos de gorra en mano", que buscan seguir impidiendo el derecho democrático de los candidatos independientes de poder ser postulados y el derecho de los partidos a endosar candidaturas independientes.