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Alcance del 11 de septiembre


Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre del año pasado, comentamos en esta columna que lo ocurrido tenía tal trascendencia, que por sí solo marcaba el fin del siglo XX y el inicio del XXI como dos épocas históricas bien definidas, al igual que en su momento ocurrió con la toma de Constantinopla por los turcos en 1413, que señaló el inicio de la era moderna y dejó atrás el medioveo. La historia está forjada por grandes eventos no por el mero transcurrir del tiempo en forma de números romanos o arábigos. El 11 de septiembre de 2001 empezó pues una nueva era.
El siglo XXI nos viene caracterizado por el imperio de un solo sistema económico global, regido por un único ordenamiento trasnacional que opera bajo la Organización Mundial de Comercio (OMC). El liberalismo es el sistema económico que impera y la globalización es su reinado omnipotente en el resto del planeta. Las soberanías nacionales, han muerto. El derecho se ha supernacionalizado.
En lo militar, de ordinario casado con lo económico y político, una sola potencia rige al planeta, al igual que en su momento tocó el turno a otros imperios, incluyendo a Roma. Nueva York, si se quiere, es la nueva capital global; y así ha de entenderse lo acontecido en la trágica fecha.
En lo tecnológico, las comunicaciones y las ciencias computacionales, están experimentando cambios prodigiosos que bien definen a partir también del 11 de septiembre la mayor revolución desde el invento de la rueda. La tecnología y no las riquezas naturales y las industrias son el nuevo factor de predominio en el mundo.
Estados Unidos es el centro único del poder global desde el punto de vista económico, militar, tecnológico y político. En estos momentos, su fuerza es tal, que ya no requiere para actuar del concurso de alianzas ni de organismos internacionales, salvo para administrar juiciosamente su poder descomunal.
¿Cómo se explica el ataque del 11 de septiembre? Muchos lo han intentado. Los más reputados análisis hablan de un "choque de civilizaciones" y los menos plantean la hipótesis del conflicto global entre el mundo rico y el mundo pobre, bajo lo cual podría verse el acontecimiento como un nuevo ataque árabe (pobre e islámico) contra el símbolo del poder occidental (rico y cristiano) como otrora fue Constantinopla. Una visión más simple del asunto -aunque prevaleciente- nos conduce a vislumbrar una lucha entre el mundo civilizado y el terrorismo.
Sea como fuere, el 11 de septiembre desató fuerzas ilimitadas, hasta entonces medianamente contenidas de la única potencia del mundo que, bajo la máxima imperial "quien no está con nosotros, está contra nosotros" está imponiendo a la fuerza o por la razón un nuevo orden. Y en general, el mundo entero ha acatado el llamado, convencido que en esta nueva cruzada, el terrorismo debe ser erradicado de la faz del planeta como instrumento para producir cambios o impedirlos.
Para el 2004 no podrá subestimarse ni uno solo de los votos, representados en los sectores "protestatarios" del partido. Sería un suicidio político aventurar el sacrificio de dirigentes connotados por más de 25 años de torrijismo, por prevalecer las antojadizas y sectarias decisiones autocráticas del trío de marras.
*Fundador y delegado del PRD

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