Alejados de la realidad
De manera natural, los seres humanos somos sencillos en nuestro interior. Sin embargo, cuando nos alejamos de la realidad que nos rodea día a día, lo hacemos porque nuestra imaginación romántica se va apagando, dejando de actuar entonces como seres con un interés social y nos volvemos indiferentes.
Nos alejamos y desistimos porque repetidamente nos estalla en la cara como una sonora bofetada esa quemante angustia de disconformidad por lo que vemos, oímos y sentimos, y por lo inmenso que resulta el trecho entre el ideal y las circunstancias que vivimos.
Así es como se va apagando la ilusión que subyace en el fondo del alma de todo ser, y vamos cayendo entonces en un estúpido conformismo que frena a la vez toda nuestra capacidad de opinión ante las situaciones que se viven, al igual que de reacción ante las mismas.
Y es que como seres humanos, vamos acumulando insatisfacciones en la conciencia, vaciándola de toda vocación patriótica. Y aunque la esperanza persiste, la ilusión se va perdiendo poco a poco quiérase o no, porque ella es, repito una vez más, el acicate necesario de todo individuo. Ojalá que la ilusión que todavía nos queda a las generaciones ya avanzadas y, sobre todo, a aquellas de reciente edición, se prendan firmemente a nuevas esperanzas.
Panamá no puede darse ese lujo hoy día. Enfrentamos el reto más grande que jamás nuestra historia nos ha concedido, y los próximos diez años son altamente decisivos para el posisionamiento de nuestra nación como país de vanguardia en el establecimiento de una mejor calidad de vida de sus ciudadanos.
No podemos siquiera ponernos a dudar sobre si estamos condenados a seguir esa actitud de poco me importa con lo que esté pasando, siempre y cuando mi economía personal esté bien. Y si en alguna otra pasada oportunidad hemos sido parte de la destrucción de nuestra ilusión de panameños, por egoísmos, frivolidad o ceguera, rectifiquemos lo ya actuado y saquemos a flote aquellos grandes dotes que tenemos escondidos.
No llenemos de silencios nuestros momentos de vida nacional y, por el contrario, pongamos lo mejor de nosotros para que de manera colectiva y en armoniosa paz, podamos reducir a su mínima expresión todas las injusticias de que está plagado el mundo y que no queremos se conviertan en cosas naturales en nuestro Panamá.
Nos alejamos y desistimos porque repetidamente nos estalla en la cara como una sonora bofetada esa quemante angustia de disconformidad por lo que vemos, oímos y sentimos, y por lo inmenso que resulta el trecho entre el ideal y las circunstancias que vivimos.
Así es como se va apagando la ilusión que subyace en el fondo del alma de todo ser, y vamos cayendo entonces en un estúpido conformismo que frena a la vez toda nuestra capacidad de opinión ante las situaciones que se viven, al igual que de reacción ante las mismas.
Y es que como seres humanos, vamos acumulando insatisfacciones en la conciencia, vaciándola de toda vocación patriótica. Y aunque la esperanza persiste, la ilusión se va perdiendo poco a poco quiérase o no, porque ella es, repito una vez más, el acicate necesario de todo individuo. Ojalá que la ilusión que todavía nos queda a las generaciones ya avanzadas y, sobre todo, a aquellas de reciente edición, se prendan firmemente a nuevas esperanzas.
Panamá no puede darse ese lujo hoy día. Enfrentamos el reto más grande que jamás nuestra historia nos ha concedido, y los próximos diez años son altamente decisivos para el posisionamiento de nuestra nación como país de vanguardia en el establecimiento de una mejor calidad de vida de sus ciudadanos.
No podemos siquiera ponernos a dudar sobre si estamos condenados a seguir esa actitud de poco me importa con lo que esté pasando, siempre y cuando mi economía personal esté bien. Y si en alguna otra pasada oportunidad hemos sido parte de la destrucción de nuestra ilusión de panameños, por egoísmos, frivolidad o ceguera, rectifiquemos lo ya actuado y saquemos a flote aquellos grandes dotes que tenemos escondidos.
No llenemos de silencios nuestros momentos de vida nacional y, por el contrario, pongamos lo mejor de nosotros para que de manera colectiva y en armoniosa paz, podamos reducir a su mínima expresión todas las injusticias de que está plagado el mundo y que no queremos se conviertan en cosas naturales en nuestro Panamá.