Alejandro Dumas, padre 1803-1870
Vivía en un poblado lejos de París que desde su tierna edad anhelaba conocer. A los quince años se fue a la ciudad luz con dos amigos. Fue una vez al teatro donde actuaba un conocido actor, llamado Talma. Terminada la presentación se le presentó al actor y le dijo: Yo quiero escribir para el teatro.- Talma le hizo algunas preguntas, y luego le dijo: -Vuélvete a tu pueblo y olvídate de París. Es lo mejor que puedes hacer. – Y le contestó: -Y vos, señor, acordaos de mí. Algún día vendréis a pedirme que os deje representar una obra mía . – Y el día llegó. Y fue el mismo Talma quien tuvo la gentileza de recordárselo.
Era muy dado a entablar conversación con desconocidos. Al pasar por una casa, se acercó al portero: -Buenos días, amigo.- -Buenos días, señor.- -Por favor, ¿Qué pájaro es este que tenéis en una jaula? - -Es un mirlo, señor.- _- Y por qué lo tenéis enjaulado?- -Canta muy bien, señor.- - ¿Estáis casado?- -Me he casado tres veces.-
-Y dónde está vuestra esposa ? - -Haciendo la limpieza de los inquilinos del quinto piso. - -¿ Y tenéis muchos hijos? – Ninguno, señor.- -Tres mujeres ¿y ningún hijo? –
- ¿Qué hacíais con ellas durante las largas noches de invierno ? – Perdón, señor. Busca usted a alguien aquí? - -No. A nadie.- - ¿ Por qué entonces me hacéis tantas preguntas?-
- ¡Pardiez, hombre! Vengo por aquí, veo un letrero que dice que nadie pase sin hablar con el portero y eso es lo que he estado haciendo. – Y se despidió como si nada.