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Alentador signo de paz en Israel


Nunca hemos visto una manifestación tan grande en Israel. Las cifras hablan de 150 mil concurrentes, pero al observar las vistas aéreas nos parece que hubo más que eso. Fue algo enorme para una pequeña nación cuya población linda apenas los seis millones de habitantes, de los cuales el 80% es judía. La marea humana llena el cuadro de la foto, cuyo margen inferior es insuficiente para registrarla por completo. A simple vista luce cinco o seis veces más grande que cualquiera se haya dado en nuestra Plaza 5 de Mayo. Es, incluso, comparable a la célebre concentración del Millón de Hombres de hace algunos años, en el complejo monumental de Washington.
¿Cuántos eran? No importa la cifra. Lo relevante es que pocos recuerdan en Israel una mayor. El motivo de la marcha fue clamar por la paz y el diálogo entre israelíes y palestinos, ahogados en sangre y fuego por los extremismos de ambos lados, aupados por intereses aviesos de dentro y afuera, obstinados en hacer de la venerable tierra un cementerio y escenario sempiterno de conflictos y radicalismos milenarios, entremezclados con apetitos inconfesables de signo político, ideológico y económico.
La nota de AFP no da lugar a engaños ni exageraciones: "Expertos señalan que esta es la primera manifestación que el campo pacifista consigue organizar con semejante éxito desde septiembre de 2000, cuando comenzó la intifada". Por eso, con vista y oído prestos al clamor de aquella multitud, nos atrevemos a decir que no todo está perdido y que aún hay espacio para la esperanza en Israel y Palestina. Cierto que hace años, cuando Ariel Sharon ascendió al poder, escribimos un editorial, "La hora de los muertos", fúnebre y pesimista visión de lo que sobrevino después; pero en esta ocasión, abrimos esta columna a la esperanza. Porque vemos que el pueblo israelí quiere paz, igual que el palestino, pese a ser ambos rehenes del extremismo. Poco a poco parecen abrirse nuevas posibilidades.
John Kerry puede ganar y, con él la posibilidad que el ex presidente Bill Clinton termine, esta vez como enviado especial, el trabajo negociador que dejó a un paso de completar cuando concluyó su último mandato. Por otro lado, la crisis del petróleo y el deterioro de la situación bélica en Irak parecen aconsejar una salida negociada como alternativa a una victoria militar que se juzga imposible de lado y lado.
Por último, la necesidad de la cooperación mundial en la lucha contra el terrorismo trabaja también a favor de un entendimiento, habida consideración que la situación actual favorece al terrorismo, que es el verdadero enemigo universal a batir.

101 años de Panamá América

 
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