Alertando a la ciudadanía
El viernes 20 de febrero, en horas de la mañana, recibí una llamada telefónica de una dama quien, con muy buenos modales, dijo estar llamando desde Guatemala y haciendo una encuesta, preguntando si deseaba participar. Normalmente mi invariable respuesta a este tipo de llamadas es un escueto: "No contesto encuestas por teléfono", pero en esta oportunidad quise averiguar más del asunto y decidí seguirle la corriente.
Inicialmente la educada damita comenzó haciendo inocentes preguntas respecto a marcas de desodorantes. ¿Qué marca usa? ¿Desde cuándo? Por favor valorarla del uno al cinco. ¿Conoce otras marcas? Y otras tonterías por el estilo, que en sí no tienen la mayor importancia, pero que son la clave para que uno tome confianza y siga respondiendo las impertinentes preguntas que vienen a continuación. De forma hábil y procurando parecer casual, la joven comenzó a hacer preguntas que nada tienen que ver con el olor corporal y sí con la forma de vida o condiciones económicas de la persona "encuestada", tales como: ¿Cuántos televisores tiene en su casa? ¿Cuántas neveras? ¿Tiene computadoras? ¿Cuántas habitaciones tiene su residencia?, preguntas en apariencia insignificantes, pero que dan una idea clara de las posibilidades financieras de la persona.
En principio y al llegar a ese punto, estuve tentado en colgar el teléfono, pero quise cerciorarme de lo que buscaban y así, intercalando diestramente preguntas sobre desodorantes y el aseo cotidiano, me hizo la pregunta que esperaba: ¿Cuáles son sus ingresos mensuales? A lo que respondí que ese tipo de datos era confidencial, seguro ahora de la posible naturaleza de la llamada de marras.
La joven terminó preguntando dónde vivía y se despidió de forma amable, pero no pudiendo contestarme una pregunta que a la vez le hice respecto a Guatemala. Y allí terminó la conversación. Por supuesto que a todas las preguntas contesté con falsedades interesantes, sólo para animar a la encuestadora a seguir con su juego, lo que no deja de ser peligroso.
Es menester que la ciudadanía esté al tanto de llamadas similares, instruyendo a hijos y empleados de que nunca deben seguir el juego de estas personas. Si bien pudiese en apariencia ser una inocente encuesta, también puede tratarse de bandas de delincuentes, como secuestradores, ladrones y otros por el estilo, que hacen las llamadas para elegir a sus víctimas. Nadie tiene el derecho a perturbar su intimidad llamando por teléfono para preguntar estupideces y lo más sensato es colgar el teléfono o simplemente decir que uno no desea que le entrevisten. Pero nunca exponga su hogar y el bienestar familiar a este tipo de desaprensivos que, lamentablemente, se está incrementando en nuestro país, como los astutos facinerosos que escriben al celular anunciando fantásticos premios inexistentes para sacarles dinero a sus incautas víctimas.