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Alfonsín, un hombre del novecientos


Para la democracia panameña, el nombre de Raúl Alfonsín nos retrotrae a aquellos días de júbilo nacional cuando el pueblo recorría las calles del Panamá recién rescatado de la garra militar y desde el balcón del Palacio de las Garzas, el presidente Endara devolvía los saludos con su franca sonrisa bonachona.

Para la democracia argentina, la noticia del fallecimiento de su ex presidente lleva tristes recuerdos de épocas funestas. Moralmente destruidos por la estrategia empleada contra la subversión, derrotados militarmente en Malvinas y políticamente desaparecidos ante la victoria electoral que significó, en 1983, el retorno a la democracia de la mano de la vieja Unión Cívica Radical dirigida por el Dr. Raúl Alfonsín, por primera vez en la historia política argentina, los militares fueron enjuiciados públicamente.

El radicalismo nació en 1889 como un movimiento cívico impulsado por jóvenes, en su mayoría, estudiantes. Se distinguían por el uso de una boina blanca que ha pasado a ser el símbolo del partido. Fundado por Leandro N. Alem en 1891, con base a una ideología republicana, democrática y progresista ha pasado a ser desde entonces el abanderado de la socialdemocracia argentina. Una canción popular, Milonga del 900, confiesa “…Soy del partido de todos / y con todos me la entiendo / pero váyanlo sabiendo / soy hombre de Leandro Alem”. El radicalismo dio seis presidentes. Fue el artífice en 1912 del voto secreto (Ley Sáenz Peña).

Con el surgimiento del peronismo, nacido en 1943 de un grupo de jóvenes oficiales nacionalistas (GOU) en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y más tarde de sindicatos de izquierda e ideólogos del Partido Socialista, Perón, joven Ministro de Trabajo organizó ese movimiento de raíz nacional-socialista-sindical que dividió a la sociedad argentina en peronistas y antiperonistas. Los radicales padecieron igual dicotomía y una corriente pasó a engrosar las filas peronistas, mientras otras pasaron a la más acérrima y organizada oposición democrática que haya tenido históricamente el peronismo tradicional. Muerto éste junto a su fundador, hoy el Partido Justicialista se ha convertido en un movimiento populista de ideología pragmática de donde tanto puede surgir un candidato de derecha (Menem) como de la izquierda combativa (Kirchner). Tal como entre nosotros sucede en el PRD con la Tendencia derechista (Pérez Balladares, M. Torrijos, J.C. Navarro) y los Populistas históricos (Balbina Herrera et al.). Ambos ofrecen candidatos para todas las demandas del mercado político nacional e internacional.

El presidente Alfonsín (1983-1989) enjuició y cercenó definitivamente la mano militar en el quehacer político argentino, que es como decir: fundó la Segunda República. Creó el CONADEP, organismo que investigó la desaparición de personas y que encabezado por el escritor Ernesto Sábato produjo el célebre informe Nunca Más. Fue fundador del MERCOSUR y del Consenso de Cartagena para el tratamiento de la deuda externa latinoamericana.

Todavía se discute si el empeño por la pacificación del país, perdonando a militares e insurgentes, fue útil para que la sociedad sanara sus heridas. Creo que en el balance final Alfonsín pasará a la mitología política como símbolo de la democracia que los argentinos supieron conseguir. La historia no lo olvidará. Nunca jamás.

101 años de Panamá América

 
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