Algo más que aranceles
La elevación de aranceles de importación anunciada por la presidenta Mireya Moscoso ha sido saludada como el primer paso de una nueva era de recuperación en la producción de azúcar, leche, cebolla, papas, arroz, cerdo, pollo y sus derivados, entre otros productos afectados por los excesos de una globalización mal entendida.
Pero la defensa del productor no debería limitarse a la protección arancelaria. Este es el momento de diseñar un vasto programa nacional de asistencia técnica, crediticia, etc., que remueva los cimientos tradicionales de la producción agropecuaria panameña. Una de las numerosas variantes tecnológicas que se presenta es la de los llamados productos orgánicos que abarca tanto los primarios como procesados. El cacao orgánico ya ha iniciado en Panamá esta revolución agrícola que combina nuevas técnicas de irrigación y siembra, nuevos y ricos fertilizantes, uso racional de pesticidas para eliminar plagas crónicas, es decir una implementación de tecnologías que eleva la productividad y la dimensión económica del sector.
Los productos orgánicos tienen excelente acogida en Europa, Estados Unidos y Asia y, a pesar de su reciente ingreso al mercado internacional, en 1998 registraron un movimiento de US$ 12 mil millones por la comercialización de frutas, hortalizas frescas, azúcar, carne vacuna y porcina etc. La importancia social de los productos orgánicos reside en que se canaliza a través de PyMEs (pequeñas y medianas empresas), concordando en este punto sustantivo con la creación de tres mil fincas autosostenibles en todo el país, tal como ha adelantado Mireya Moscoso.
El crecimiento de los productos orgánicos lleva a los países que lo están desarrollando a proponer la apertura del Código Arancelario para diferenciarlos de los productos convencionales y recomendar un tratamiento específico en su acceso al mercado internacional. Pensamos, por ello, que el gobierno panameño tiene diversos canales internacionales para solicitar en materia de productos orgánicos la ayuda técnica adecuada y, si fuere el caso, coadyuvar en la contratación de técnicos foráneos que asesoren a nuestros productores agropecuarios en el conocimiento e instrumentación de la revolución que está cambiando la fisonomía tradicional del agro.
Pero la defensa del productor no debería limitarse a la protección arancelaria. Este es el momento de diseñar un vasto programa nacional de asistencia técnica, crediticia, etc., que remueva los cimientos tradicionales de la producción agropecuaria panameña. Una de las numerosas variantes tecnológicas que se presenta es la de los llamados productos orgánicos que abarca tanto los primarios como procesados. El cacao orgánico ya ha iniciado en Panamá esta revolución agrícola que combina nuevas técnicas de irrigación y siembra, nuevos y ricos fertilizantes, uso racional de pesticidas para eliminar plagas crónicas, es decir una implementación de tecnologías que eleva la productividad y la dimensión económica del sector.
Los productos orgánicos tienen excelente acogida en Europa, Estados Unidos y Asia y, a pesar de su reciente ingreso al mercado internacional, en 1998 registraron un movimiento de US$ 12 mil millones por la comercialización de frutas, hortalizas frescas, azúcar, carne vacuna y porcina etc. La importancia social de los productos orgánicos reside en que se canaliza a través de PyMEs (pequeñas y medianas empresas), concordando en este punto sustantivo con la creación de tres mil fincas autosostenibles en todo el país, tal como ha adelantado Mireya Moscoso.
El crecimiento de los productos orgánicos lleva a los países que lo están desarrollando a proponer la apertura del Código Arancelario para diferenciarlos de los productos convencionales y recomendar un tratamiento específico en su acceso al mercado internacional. Pensamos, por ello, que el gobierno panameño tiene diversos canales internacionales para solicitar en materia de productos orgánicos la ayuda técnica adecuada y, si fuere el caso, coadyuvar en la contratación de técnicos foráneos que asesoren a nuestros productores agropecuarios en el conocimiento e instrumentación de la revolución que está cambiando la fisonomía tradicional del agro.