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Algo que ya no funciona


Grecia ha entrado en su segunda semana de violencia, luego que un policía matara de un tiro a un joven. El hecho ha sido detonante para actividades que al final de la semana pasada parecían recuperar el tono pacífico que han caracterizado las protestas del ilustrado país. Sin embargo, la violencia retornó.

Al margen de la forma que hayan cobrado esos acontecimientos, la muerte del joven parece haber puesto sobre la mesa un cúmulo de insatisfacciones que varios analistas tratan de explicar, sobre todo, por la forma rabiosa como se ha manifestado. "La gente ha perdido la confianza en la política por los escándalos de corrupción y la mala gestión. Esto debilita al Ejecutivo, lo que hace aún más difícil que consiga gobernar", ha dicho a El Periódico el politólogo George Pagulatos. Una advertencia que no deja de tener resonancia mundial, sobre todo por las insatisfacciones acumuladas y que, como dice en el epílogo de su libro "El Camino Recorrido", Rosario Arias de Galindo, parecen hacer más anchas las diferencias entre quienes todo lo tienen y quienes no tienen nada. Rabia ha sido la consigna más repetida en los acontecimientos de la culta y pacífica Grecia, en un claro indicativo de que algo o no funciona o está funcionando mal en nuestras democracias.

Los casi nueve días de protestas podrían interpretarse como un llamado de atención sobre lo que puede suceder cuando se acumulan las insatisfacciones, y las clases políticas dirigentes no interpretan con meridiana claridad los síntomas sociales.

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