Algo sobre el transporte público
El pasado 20 de septiembre, los diarios presentaron la noticia de un acuerdo entre Gobierno y Transportistas sobre el pasaje en buses. Acordaron "Presentar un estudio técnico que sustente legalmente su solicitud (la de los transportistas) de unificación de la tarifa". (El Panamá América, 20 de septiembre de 2000). Este acuerdo nos deja la impresión de que nada sobre el verdadero problema del transporte público se va a lograr.
Esta situación es sumamente compleja, especialmente en nuestra ciudad con calles estrechas, sin adecuados estacionamientos y que ha crecido sin planificación adecuada en lo relacionado a calles y avenidas amplias y a una efectiva semaforización. Tal vez debería haberse aprovechado la crisis para afrontar resueltamente el problema y de manera integral. El problema del transporte público y del tránsito afecta a toda la ciudad.
Otras ciudades (Curitiva, Brasil) han afrontado sus problemas del transporte, lo han aprovechado para otras soluciones y toda la ciudadanía ha sido beneficiada, principalmente los que viajan y conducen los autobuses. De lograrse un cambio radical se obtendría un descongestionamiento en el centro de la ciudad. Muchos conductores y el público en general lo aprovecharían para lograr economías en tiempo, dinero y lograr comodidad, puntualidad y mejor salud. En otras palabras se mejoraría la calidad de vida en la ciudad.
Naturalmente, afrontar el problema de un estudio integral requiere de una conciencia pública ilustrada y de una voluntad política (sector público y sector privado) dispuestas a llevarlo a la práctica. Muchos estudios se archivan, se vuelven obsoletos, las circunstancias cambian y se malogra el esfuerzo. La realización del estudio no es materia de aficionados. Vivimos en la era de los especialistas y para ello están los ingenieros del transporte y otras especialidades como los arquitectos, urbanistas, financistas, banqueros, abogados, etc., y los ejemplos logrados en otras ciudades, que son muchas.
No sabemos, naturalmente, cómo va a quedar el estudio acordado, ya que el énfasis está en aspectos del precio del pasaje, pero irrespectivamente de sus resultados se podrían tomar de manera inmediata, o a muy corto plazo, medidas para promover un mejoramiento en el transporte y por consiguiente, en la calidad de vida en la ciudad.
La contaminación, el ruido, la velocidad y la atención rápida (o con otras medidas) a las colisiones, con poco esfuerzo pueden controlarse. Por ejemplo, vehículos que visiblemente contaminen el aire deberían sacarse de circulación. Constantemente vemos humaredas negras saliendo de los escapes contaminando el aire que todos respiramos y principalmente a los que van dentro de los vehículos. El aire de la ciudad, se nos advierte, está altamente contaminado. En relación al ruido, es imperativo que se exijan silenciadores efectivos, se eliminen las troneras, sirenas y bocinas especialmente en las áreas de viviendas. Es importante que el ruido sea efectivamente controlado y deberían establecerse zonas de silencio. La velocidad es otro factor de degradación de la calidad de vida en la ciudad y un complemento del ruido.
La ciudadanía ha estado exigiendo constantemente un mejoramiento integral del transporte público y ello no se logra con proyectos parciales. El problema es más complejo. El propósito del transporte público es lograr un mejoramiento en la calidad de vida del ciudadano y no el de convertirse en un factor de deterioro con alto grado de impunidad.
Tenemos la impresión de que el verdadero problema y su solución se nos escapa con el énfasis que se ha dado al aumento de las tarifas. Estas circunstancias, muy especiales, nos deberían llevar a la aspiración de una voluntad política firme que nos conduzca a una verdadera solución. Muchas otras ciudades lo han logrado con magníficos resultados.
En la Sociedad Panameña de Ingenieros y
Esta situación es sumamente compleja, especialmente en nuestra ciudad con calles estrechas, sin adecuados estacionamientos y que ha crecido sin planificación adecuada en lo relacionado a calles y avenidas amplias y a una efectiva semaforización. Tal vez debería haberse aprovechado la crisis para afrontar resueltamente el problema y de manera integral. El problema del transporte público y del tránsito afecta a toda la ciudad.
Otras ciudades (Curitiva, Brasil) han afrontado sus problemas del transporte, lo han aprovechado para otras soluciones y toda la ciudadanía ha sido beneficiada, principalmente los que viajan y conducen los autobuses. De lograrse un cambio radical se obtendría un descongestionamiento en el centro de la ciudad. Muchos conductores y el público en general lo aprovecharían para lograr economías en tiempo, dinero y lograr comodidad, puntualidad y mejor salud. En otras palabras se mejoraría la calidad de vida en la ciudad.
Naturalmente, afrontar el problema de un estudio integral requiere de una conciencia pública ilustrada y de una voluntad política (sector público y sector privado) dispuestas a llevarlo a la práctica. Muchos estudios se archivan, se vuelven obsoletos, las circunstancias cambian y se malogra el esfuerzo. La realización del estudio no es materia de aficionados. Vivimos en la era de los especialistas y para ello están los ingenieros del transporte y otras especialidades como los arquitectos, urbanistas, financistas, banqueros, abogados, etc., y los ejemplos logrados en otras ciudades, que son muchas.
No sabemos, naturalmente, cómo va a quedar el estudio acordado, ya que el énfasis está en aspectos del precio del pasaje, pero irrespectivamente de sus resultados se podrían tomar de manera inmediata, o a muy corto plazo, medidas para promover un mejoramiento en el transporte y por consiguiente, en la calidad de vida en la ciudad.
La contaminación, el ruido, la velocidad y la atención rápida (o con otras medidas) a las colisiones, con poco esfuerzo pueden controlarse. Por ejemplo, vehículos que visiblemente contaminen el aire deberían sacarse de circulación. Constantemente vemos humaredas negras saliendo de los escapes contaminando el aire que todos respiramos y principalmente a los que van dentro de los vehículos. El aire de la ciudad, se nos advierte, está altamente contaminado. En relación al ruido, es imperativo que se exijan silenciadores efectivos, se eliminen las troneras, sirenas y bocinas especialmente en las áreas de viviendas. Es importante que el ruido sea efectivamente controlado y deberían establecerse zonas de silencio. La velocidad es otro factor de degradación de la calidad de vida en la ciudad y un complemento del ruido.
La ciudadanía ha estado exigiendo constantemente un mejoramiento integral del transporte público y ello no se logra con proyectos parciales. El problema es más complejo. El propósito del transporte público es lograr un mejoramiento en la calidad de vida del ciudadano y no el de convertirse en un factor de deterioro con alto grado de impunidad.
Tenemos la impresión de que el verdadero problema y su solución se nos escapa con el énfasis que se ha dado al aumento de las tarifas. Estas circunstancias, muy especiales, nos deberían llevar a la aspiración de una voluntad política firme que nos conduzca a una verdadera solución. Muchas otras ciudades lo han logrado con magníficos resultados.
En la Sociedad Panameña de Ingenieros y