Algunas otras consideraciones
El domingo pasado, 21 de febrero, publicamos comentarios que tuvo a bien el Excelentísimo Sr. Presidente de la República formularme con relación al desempleo así como algunas consideraciones propias. Como producto de ello quedó evidenciado: 1º Que las cifras de la OIT que denotan la situación laboral y niveles de pobreza no son como para vanagloriarse y 2ºQue la OIT cuestiona la estructura laboral existente y pone en entredicho, además, la metodología empleada por las autoridades nacionales en el manejo de las estadísticas, lo que consideramos muy serio.
El paro o el desempleo es, en definitiva, el asunto que más preocupa a los panameños y, por ende, tema primordial en esta campaña política. Preocupa tanto a los que están en paro como a los que trabajan pues limita las alternativas de empleo y las probabilidades de superación y desarrollo. El paro es un problema globalizante, pues atañe a todos.
El desempleo no es obra de la creación sino de la concepción y aplicación de malas políticas económicas por el hombre. En este sentido el principal problema al que deben enfrentarse las sociedades es a la existencia de niveles de desempleo, que en otras épocas habrían sido calificados de catastróficos y señal patente de una economía enferma. Lo cierto es que la realidad nos da muestra, cada vez más evidente, de un paro masivo o desempleo estructural, como rasgo permanente del actual modelo de crecimiento económico, más allá de las recurrentes y retóricas declaraciones gubernamentales.
El mercado dejado a su libre albedrío, como propugna el gobierno, genera desigualdades, despilfarros y paro, lo que obliga a los poderes públicos a intervenir activamente en el ciclo económico. El Estado definitivamente debe ser más social y tener su fundamento en el logro del pleno empleo, como objetivo permanente, y la creación de un conjunto de protecciones (jubilaciones acordes con el nivel de la canasta básica, asistencia sanitaria, subsidio de desempleo y la prestación de servicios asistenciales a los grupos sociales más desfavorecidos). En cambio, todo el discurso oficial, lamentablemente, se limita a presentar la nueva situación como incuestionable e inalterable, sin ofrecer una interpretación lógica y verosímil del motivo de cambio y sin especificar, en ningún caso, por qué hemos tenido que renunciar al pleno empleo y sin indicar cuál es la razón para que hoy no sea factible. La explicación que siempre se ofrece establece que el viraje de la política a prácticas restrictivas que distribuyen la renta en contra de los trabajadores y el excedente a favor del sector empresarial, ha originado una nueva correlación de fuerzas que supone el triunfo de los intereses de los grupos privilegiados y de las clases altas, lo que redunda en la creación de nuevas plazas de trabajo que nunca se han producido.
La progresiva inhibición del Estado en la esfera económica, como propugna nuestro gobierno, tiene por fuerza que conducir al incremento del desempleo. El Gobierno Nacional mediante la desregulación del mercado laboral ha destruido las posibilidades de creación de "trabajo con derechos" y ha dejado la creación de empleo a la mano invisible. La idea de que sólo el sector privado puede crear empleo es una concepción que carece de veracidad a través de la historia, amén de que parte de un criterio peyorativo de lo público y de la creencia crítica de que los puestos de trabajo de este sector son improductivos, cuando la realidad es otra. Esta errada tendencia a cifrarlo todo en la autonomía del sector privado es la que conduce -dicen algunos economistas- "a limitar casi en exclusiva las políticas de empleo, a incentivar por distintos medios a los empresarios o al capital, originando en la mayoría de los casos efectos contrarios a los que se dicen querer conseguir. Con frecuencia sólo se logra incrementar el excedente empresarial que se ha adueñado de la parte más importante del aumento de la productividad, de la distribución de la renta, en contra del trabajador, sin ninguna garantía de que tal aumento se transforme en creación de empleo, como ha quedado en evidencia".
Por otro lado, las constantes privatizaciones, por ejemplo, que este gobierno se ha empeñado realizar no son más que la forma más radical de desinversión pública. Es preciso que el Estado, conformado como ente asociado, conjuntamente con el capital mercantil y el social, como un taburete de tres patas, encuentren una nueva ingeniería laboral.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recordó a los empresarios la fragilidad de la globalización, los desequilibrios que ha creado y la oposición a ella en algunos sectores sociales. En este contexto, Annan afirmó que "si no actuamos a tiempo, temo que habrá una amenaza para la economía global abierta y especialmente para el sistema de comercio multilateral. A menos que la gente vea que sus derechos se respetan, me temo que será cada vez más difícil defender con persuasión el mercado global abierto. Ello hará más vulnerable y frágil la economía mundial por el aumento de los `ismos" de la postguerra fría: el proteccionismo, el populismo, el nacionalismo, el chauvinismo, el fanatismo y el terrorismo. Tenemos que escoger entre un mercado global empujado sólo por cálculos de ganancias a corto plazo y uno que tenga un rostro humano, entre uno que condena a una cuarta parte de la raza humana al hambre y la miseria y uno que ofrezca a cada uno, al menos, la oportunidad de la prosperidad en un medio ambiente saludable. Si las empresas no adoptan un código de conducta basado en los valores básicos de la humanidad, deberán enfrentarse cada vez más a las críticas y la presión de sindicatos, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad en general. Queremos que las empresas se den cuenta de que esta conducta va en su propio interés para defender y proteger su nombre, el valor en el mercado de sus marcas y para pasar el examen de una opinión pública cada vez más concientizada". El secretario general de la ONU, al recordar las lecciones de la historia, dijo que "los desequilibrios en los terrenos de la política, la sociedad y la economía, no pueden aguantarse por mucho tiempo".
Espero que la coyuntura nos haya servido para aclarar aspectos en torno al trabajo y a la necesidad de una política de Estado más social en donde la gente sea lo primero. El Gobierno Nacional ha fracasado rotundamente en este sentido.
El paro o el desempleo es, en definitiva, el asunto que más preocupa a los panameños y, por ende, tema primordial en esta campaña política. Preocupa tanto a los que están en paro como a los que trabajan pues limita las alternativas de empleo y las probabilidades de superación y desarrollo. El paro es un problema globalizante, pues atañe a todos.
El desempleo no es obra de la creación sino de la concepción y aplicación de malas políticas económicas por el hombre. En este sentido el principal problema al que deben enfrentarse las sociedades es a la existencia de niveles de desempleo, que en otras épocas habrían sido calificados de catastróficos y señal patente de una economía enferma. Lo cierto es que la realidad nos da muestra, cada vez más evidente, de un paro masivo o desempleo estructural, como rasgo permanente del actual modelo de crecimiento económico, más allá de las recurrentes y retóricas declaraciones gubernamentales.
El mercado dejado a su libre albedrío, como propugna el gobierno, genera desigualdades, despilfarros y paro, lo que obliga a los poderes públicos a intervenir activamente en el ciclo económico. El Estado definitivamente debe ser más social y tener su fundamento en el logro del pleno empleo, como objetivo permanente, y la creación de un conjunto de protecciones (jubilaciones acordes con el nivel de la canasta básica, asistencia sanitaria, subsidio de desempleo y la prestación de servicios asistenciales a los grupos sociales más desfavorecidos). En cambio, todo el discurso oficial, lamentablemente, se limita a presentar la nueva situación como incuestionable e inalterable, sin ofrecer una interpretación lógica y verosímil del motivo de cambio y sin especificar, en ningún caso, por qué hemos tenido que renunciar al pleno empleo y sin indicar cuál es la razón para que hoy no sea factible. La explicación que siempre se ofrece establece que el viraje de la política a prácticas restrictivas que distribuyen la renta en contra de los trabajadores y el excedente a favor del sector empresarial, ha originado una nueva correlación de fuerzas que supone el triunfo de los intereses de los grupos privilegiados y de las clases altas, lo que redunda en la creación de nuevas plazas de trabajo que nunca se han producido.
La progresiva inhibición del Estado en la esfera económica, como propugna nuestro gobierno, tiene por fuerza que conducir al incremento del desempleo. El Gobierno Nacional mediante la desregulación del mercado laboral ha destruido las posibilidades de creación de "trabajo con derechos" y ha dejado la creación de empleo a la mano invisible. La idea de que sólo el sector privado puede crear empleo es una concepción que carece de veracidad a través de la historia, amén de que parte de un criterio peyorativo de lo público y de la creencia crítica de que los puestos de trabajo de este sector son improductivos, cuando la realidad es otra. Esta errada tendencia a cifrarlo todo en la autonomía del sector privado es la que conduce -dicen algunos economistas- "a limitar casi en exclusiva las políticas de empleo, a incentivar por distintos medios a los empresarios o al capital, originando en la mayoría de los casos efectos contrarios a los que se dicen querer conseguir. Con frecuencia sólo se logra incrementar el excedente empresarial que se ha adueñado de la parte más importante del aumento de la productividad, de la distribución de la renta, en contra del trabajador, sin ninguna garantía de que tal aumento se transforme en creación de empleo, como ha quedado en evidencia".
Por otro lado, las constantes privatizaciones, por ejemplo, que este gobierno se ha empeñado realizar no son más que la forma más radical de desinversión pública. Es preciso que el Estado, conformado como ente asociado, conjuntamente con el capital mercantil y el social, como un taburete de tres patas, encuentren una nueva ingeniería laboral.
El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, recordó a los empresarios la fragilidad de la globalización, los desequilibrios que ha creado y la oposición a ella en algunos sectores sociales. En este contexto, Annan afirmó que "si no actuamos a tiempo, temo que habrá una amenaza para la economía global abierta y especialmente para el sistema de comercio multilateral. A menos que la gente vea que sus derechos se respetan, me temo que será cada vez más difícil defender con persuasión el mercado global abierto. Ello hará más vulnerable y frágil la economía mundial por el aumento de los `ismos" de la postguerra fría: el proteccionismo, el populismo, el nacionalismo, el chauvinismo, el fanatismo y el terrorismo. Tenemos que escoger entre un mercado global empujado sólo por cálculos de ganancias a corto plazo y uno que tenga un rostro humano, entre uno que condena a una cuarta parte de la raza humana al hambre y la miseria y uno que ofrezca a cada uno, al menos, la oportunidad de la prosperidad en un medio ambiente saludable. Si las empresas no adoptan un código de conducta basado en los valores básicos de la humanidad, deberán enfrentarse cada vez más a las críticas y la presión de sindicatos, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad en general. Queremos que las empresas se den cuenta de que esta conducta va en su propio interés para defender y proteger su nombre, el valor en el mercado de sus marcas y para pasar el examen de una opinión pública cada vez más concientizada". El secretario general de la ONU, al recordar las lecciones de la historia, dijo que "los desequilibrios en los terrenos de la política, la sociedad y la economía, no pueden aguantarse por mucho tiempo".
Espero que la coyuntura nos haya servido para aclarar aspectos en torno al trabajo y a la necesidad de una política de Estado más social en donde la gente sea lo primero. El Gobierno Nacional ha fracasado rotundamente en este sentido.