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Algunos reflexiones para el nuevo gobierno


Cuando analizamos el período republicano post-invasión, para no referirnos a la era de los militares sobre la cual nadie quiere acordarse, nos encontramos con contratos leoninos en donde el Estado ha cedido, estilo Tratado Bunau Varilla, ríos, lagos, mares, montes, rellenos, aeropuertos e islas a súper inversionistas que no han puesto un real para nada, sólo nos queda asombrarnos para no llorar. Cuando se reciben donaciones de otros países y se manejan como si fueran privadas, haciendo lo que les venga en gana con estos dineros o se trafican influencias en los que privatizan o conceden contratos o se escogen empresas para que nos vendan equipos o realicen megaconstrucciones y luego los signatarios quedan en sus juntas directivas, nos dan ganas terribles de haber nacido en Suiza.

El día en que en Panamá algún gobierno, tenga la decisión de meter en la cárcel a una persona del nivel de Madoff, como en Estados Unidos, o de los dos ex presidentes de Costa Rica, realmente habrá iniciado la cuenta regresiva que nos llevará al adecentamiento integral no tan sólo de los políticos señalados, sino de lo que es más importante aún, de la sociedad en su conjunto. Y es que en este país, todo el mundo sabe que desde que nació la República hace 105 años, la justicia no es ciega para el que tiene poder, riqueza y abolengo.

Yo no sé cuándo este pueblo realmente va a exigirle a todos sus dirigentes gremiales, religiosos, deportivos, políticos, sindicales y empresariales que rindan cuenta de la transparencia de sus actos y de no pasar este escrutinio imparcial y objetivo, condenarlos al ostracismo por diez años, como se hacía en la antigua Grecia, haciendo que se reparta entre los más pobres todos sus bienes y pertenencias mal habidas y retirándolos de todos los partidos, clubes, sectas o logias a la que pertenecen. Y esto es tan solo porque, según nuestra Constitución vigente, está prohibida la pena de muerte en Panamá.

Es a la nación, a quien deberemos justificar si llenamos o no sus necesidades y demandas a través de estructuras y procesos que han hecho realidad productos e impactos, largamente esperados en esta deuda social acumulada, que ya no soporta más de promesas demagógicas ni de laiseferismos intencionados. Es a la sociedad en su conjunto a la que deberemos responder por tareas, controles o previsiones no tomados e, inclusive, por los recursos torpemente gastados.

En los últimos veinte años, para no irme más atrás de la cacareada era democrática formal, han sucedido cientos de hechos y circunstancias en las que ha salido lesionado el bien común, sin que hasta ahora se tenga noticia de una renuncia no solicitada o una pena por la culpa demostrada.

101 años de Panamá América

 
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