¿Alianza o compinchismo político?
En junio de 1999 un amigo me informó que la democracia cristiana cambiaría sus símbolos, sus documentos constitutivos y presentaría una nueva imagen al electorado panameño. Incluso, el tradicional nombre con la que fue fundada también se cambiaría por el de Partido Popular. La dirigencia de la DC aceptaba que no podían seguir a espaldas de la realidad frente al PRD, ya que consideraban que éste era el partido más grande, más democrático y que había dado muestras de su vocación democrática en los últimos diez años. Me pareció que frente a esos potenciales cambios se podría hacer una apertura política hacía la DC que permitiera una alianza legislativa programática por cinco años, para hacerle frente a lo que veía venir al país con el futuro gobierno arnulfista.
El acuerdo con la DC lo vislumbraba en tanto que, resultaba evidente que la alianza electoral con los partidos Solidaridad y Liberal Nacional había pasado a la historia con la derrota de Martín Torrijos y porque estábamos informados que los líderes de esos partidos conversaban con la presidenta electa para formar parte del nuevo gobierno.
Me reuní en ese mismo mes de junio con algunos compañeros del PRD que habían salido electos como legisladores y les informé de la situación y expresé la idea de preparar una agenda legislativa con la DC que nos permitiera controlar, ambos partidos, el "rgano Legislativo durante los próximos cinco años, escoger al nuevo Contralor General de la República y desarrollar un programa que rescatara la maltrecha imagen de la institución, siempre teniendo en mente que la división de poderes implicaba armonía con el Ejecutivo. También expresé a los legisladores electos que con esa alianza legislativa a los arnulfistas les resultaría más difícil salir con la ñamería de cerrar la Asamblea y llamar a una constituyente ante el temor de no controlar ellos el "rgano Legislativo. En aquellos momentos contábamos con el tiempo suficiente para trabajar sobre esta idea y, sobretodo, para preparar, explicar, persuadir y convencer a nuestra membresía de tan importante paso, ya que las heridas producidas por las confrontaciones pasadas con la DC lo ameritaba.
Es conocido que esta iniciativa no prosperó. Se dieron los cambios en la dirección política del PRD en agosto del 1999 y la nueva dirección mantuvo la ilusión de que los partidos Liberal Nacional y Solidaridad se mantendrían aliados al PRD y que el legislador Nito Cortizo era garantía para ganar la Asamblea en septiembre de 1999. Dije ilusión, porque después vino el desengaño, con los resultados consabidos.
El nuevo período legislativo nos trajo nuevamente sus sorpresas. Era vox populi que el PRD había llegado desde hacía meses a un acuerdo con el legislador arnulfista Muñoz para que éste se encargara de la presidencia del "rgano Legislativo en su segundo período. Nunca supe, porque ningún dirigente del PRD lo explicó convincentemente, cuál era la base programática de esa alianza con el legislador Muñoz; me parecía que no era la más adecuada, ya que dependía del estado anímico de una persona que sentía que el Ejecutivo no había cumplido con sus expectativas e intereses; expectativas que podrían tomar un nuevo giro una vez que los votos de los legisladores del PRD lo pusieran en la presidencia de la Asamblea y que, al recibir de ese Ejecutivo propuestas de solución a sus expectativas, a causa de la importancia del nuevo cargo, podría deshacer los compromisos con el PRD.
Lo extraño no fue ese raro acuerdo y la forma, también rara, en que se desvaneció. Lo realmente extraño fue cómo en forma abrupta y sorpresiva un buen día aparecimos aliados con la DC a escasos días de la escogencia de la directiva de la Asamblea. No hubo, ni hay hoy tampoco, mayores explicaciones ni sustentaciones políticas -quizá no alcanzó el tiempo para explicaciones- salvo un acuerdo firmado con gran pompa en el que se plantean "correcciones" a lo interno de la Asamblea y un paquete de leyes que fueron viejos compromisos electorales. Salta entonces la pregunta: ¿por qué ahora y no antes esa alianza con la democracia cristiana?
Creo que la presidenta Mireya Moscoso - quien hace menos de un mes anunció que su candidato para la presidencia a la Asamblea era el legislador Cortizo- y Martín Torrijos ganaron al lograr llevar al legislador Cortizo a la presidencia de la Asamblea; que la DC obtuvo una sustancial ganancia al lograr una alianza que le mantiene una presencia también sustancial en ese órgano del Estado; y creo que quien saldrá más ganancioso de estas movidas será el aspirante al solio presidencial en el 2004, el Ing. Alberto Vallarino. Le abrieron una ventana en el arnulfismo que, si la sabe aprovechar, aumentaría sus opciones presidenciales, aspiraciones que no dudo serían apoyadas, llegado el momento, por la DC. Lo que nadie sabe todavía es qué ganó el PRD, si es que ganó algo.
Hay una posible explicación al cambio que diera el PRD unos días antes de la escogencia de la directiva legislativa. Pareciera que en los últimos días del mes de agosto, víspera de los toques finales para la escogencia de la directiva de la Asamblea, apareció un "duende"-no todos tienen ojos para verlo ni oídos para escucharlo- que no deja de hacer maldades; volvió a cambiar y a enredar el escenario político. Aquel que piensa que este "duende" lo está ayudando, nuevamente se equivoca, como se equivocó en las elecciones pasadas. Aquellos que piensan que este "duende" pudiera estar fastidiando a nuestros adversarios, también caen en craso error, pues los resultados apuntan en la dirección contraria No nos explicamos por qué los que creen con vehemencia en sus asesores en materia de imagen, no tomaron en consideración al 76 % de las personas encuestadas que se mostraron en desacuerdo con la alianza con la DC. Quizá todavía se esté a tiempo de explicar a la gran audiencia nacional que el fondo del acuerdo no es una repartición más de puestos y de contratos, como ahora dicen los arnulfistas después de perder el Pacto de La Pintada, y que hay cosas de mayor sustancia en el tapete. A menos que se piense que en el proceso de la explicación alguien pueda quemarse y quedar fuera de la carrera presidencial próxima.
El acuerdo con la DC lo vislumbraba en tanto que, resultaba evidente que la alianza electoral con los partidos Solidaridad y Liberal Nacional había pasado a la historia con la derrota de Martín Torrijos y porque estábamos informados que los líderes de esos partidos conversaban con la presidenta electa para formar parte del nuevo gobierno.
Me reuní en ese mismo mes de junio con algunos compañeros del PRD que habían salido electos como legisladores y les informé de la situación y expresé la idea de preparar una agenda legislativa con la DC que nos permitiera controlar, ambos partidos, el "rgano Legislativo durante los próximos cinco años, escoger al nuevo Contralor General de la República y desarrollar un programa que rescatara la maltrecha imagen de la institución, siempre teniendo en mente que la división de poderes implicaba armonía con el Ejecutivo. También expresé a los legisladores electos que con esa alianza legislativa a los arnulfistas les resultaría más difícil salir con la ñamería de cerrar la Asamblea y llamar a una constituyente ante el temor de no controlar ellos el "rgano Legislativo. En aquellos momentos contábamos con el tiempo suficiente para trabajar sobre esta idea y, sobretodo, para preparar, explicar, persuadir y convencer a nuestra membresía de tan importante paso, ya que las heridas producidas por las confrontaciones pasadas con la DC lo ameritaba.
Es conocido que esta iniciativa no prosperó. Se dieron los cambios en la dirección política del PRD en agosto del 1999 y la nueva dirección mantuvo la ilusión de que los partidos Liberal Nacional y Solidaridad se mantendrían aliados al PRD y que el legislador Nito Cortizo era garantía para ganar la Asamblea en septiembre de 1999. Dije ilusión, porque después vino el desengaño, con los resultados consabidos.
El nuevo período legislativo nos trajo nuevamente sus sorpresas. Era vox populi que el PRD había llegado desde hacía meses a un acuerdo con el legislador arnulfista Muñoz para que éste se encargara de la presidencia del "rgano Legislativo en su segundo período. Nunca supe, porque ningún dirigente del PRD lo explicó convincentemente, cuál era la base programática de esa alianza con el legislador Muñoz; me parecía que no era la más adecuada, ya que dependía del estado anímico de una persona que sentía que el Ejecutivo no había cumplido con sus expectativas e intereses; expectativas que podrían tomar un nuevo giro una vez que los votos de los legisladores del PRD lo pusieran en la presidencia de la Asamblea y que, al recibir de ese Ejecutivo propuestas de solución a sus expectativas, a causa de la importancia del nuevo cargo, podría deshacer los compromisos con el PRD.
Lo extraño no fue ese raro acuerdo y la forma, también rara, en que se desvaneció. Lo realmente extraño fue cómo en forma abrupta y sorpresiva un buen día aparecimos aliados con la DC a escasos días de la escogencia de la directiva de la Asamblea. No hubo, ni hay hoy tampoco, mayores explicaciones ni sustentaciones políticas -quizá no alcanzó el tiempo para explicaciones- salvo un acuerdo firmado con gran pompa en el que se plantean "correcciones" a lo interno de la Asamblea y un paquete de leyes que fueron viejos compromisos electorales. Salta entonces la pregunta: ¿por qué ahora y no antes esa alianza con la democracia cristiana?
Creo que la presidenta Mireya Moscoso - quien hace menos de un mes anunció que su candidato para la presidencia a la Asamblea era el legislador Cortizo- y Martín Torrijos ganaron al lograr llevar al legislador Cortizo a la presidencia de la Asamblea; que la DC obtuvo una sustancial ganancia al lograr una alianza que le mantiene una presencia también sustancial en ese órgano del Estado; y creo que quien saldrá más ganancioso de estas movidas será el aspirante al solio presidencial en el 2004, el Ing. Alberto Vallarino. Le abrieron una ventana en el arnulfismo que, si la sabe aprovechar, aumentaría sus opciones presidenciales, aspiraciones que no dudo serían apoyadas, llegado el momento, por la DC. Lo que nadie sabe todavía es qué ganó el PRD, si es que ganó algo.
Hay una posible explicación al cambio que diera el PRD unos días antes de la escogencia de la directiva legislativa. Pareciera que en los últimos días del mes de agosto, víspera de los toques finales para la escogencia de la directiva de la Asamblea, apareció un "duende"-no todos tienen ojos para verlo ni oídos para escucharlo- que no deja de hacer maldades; volvió a cambiar y a enredar el escenario político. Aquel que piensa que este "duende" lo está ayudando, nuevamente se equivoca, como se equivocó en las elecciones pasadas. Aquellos que piensan que este "duende" pudiera estar fastidiando a nuestros adversarios, también caen en craso error, pues los resultados apuntan en la dirección contraria No nos explicamos por qué los que creen con vehemencia en sus asesores en materia de imagen, no tomaron en consideración al 76 % de las personas encuestadas que se mostraron en desacuerdo con la alianza con la DC. Quizá todavía se esté a tiempo de explicar a la gran audiencia nacional que el fondo del acuerdo no es una repartición más de puestos y de contratos, como ahora dicen los arnulfistas después de perder el Pacto de La Pintada, y que hay cosas de mayor sustancia en el tapete. A menos que se piense que en el proceso de la explicación alguien pueda quemarse y quedar fuera de la carrera presidencial próxima.