Alianzas y gobierno
La semana pasada me referí a la importancia de los programas de gobierno. Ahora, deseo abordar el tema de las alianzas políticas para gobernar.
El Panamá de hoy es y seguirá siendo bien distinto al de 2004, por fijar una referencia cercana. Vivimos hoy un país con fortalezas y debilidades e influenciado por muchos factores externos.
La temática electoral tendrá que abordar la realidad antes dicha. La campaña electoral encontrará a un país en auge y franco crecimiento, una buena cantidad de panameños con empleos y otra buena gama de ellos beneficiarios del bazar en que se han convertido los bienes y haciendas de los panameños, producto de la casi desenfrenada inversión extranjera. Además, un gobierno lleno de dinero y gastándolo en la coyuntura electoral.
También está el otro Panamá, el de los pobres y desempleados, al que con urgencia tiene que llegarles el crecimiento. Así, las alianzas electorales serán una realidad y de verdad espero que las mismas sean coherentes respecto del fin que las debe motivar: gobernar integralmente bien el país.
Viví una alianza política concebida, contra toda esperanza, para ganar una elección casi imposible, por decir lo menos, como en efecto lo fue (1989). Sufrí en función de gobierno, las incoherencias desde el poder, sin dejar de reconocer el gran esfuerzo realizado y los logros obtenidos en tiempos muy complejos. Comprendo, desde la óptica opositora, la necesidad de ganar una elección con aliados, pero también comprendo el compromiso de gobernar coherentemente en base a un programa realista que guíe el destino nacional, de acuerdo a las grandes expectativas y potencialidades nacionales.
Se deberá administrar el auge, es cierto, pero también se deberá pensar en función de las grandes necesidades que aún tenemos y de los eventuales y sorpresivos cambios que los ciclos económicos y los imponderables traen, en un mundo cada vez más entrelazado. Ganar no lo será todo. Gobernar bien y con visión de futuro, será el gran reto. Tampoco es tiempo de aventuras o ensayos, rememorando épocas idas y liderazgos desfasados. Dedicarse sólo a criticar al gobierno Torrijos o al PRD, como eje central del discurso, no aportará mucho más de lo que ya sabemos. Pero, ¿el resto? ¿Lo que hay que hacer?
Se impone entender al país que tenemos hoy para gobernarlo bien en función del mañana, que es promisorio. Se impone comprender la enorme influencia que tiene hoy en nuestra vida nacional la gigante inversión extranjera, para avanzar con estabilidad y sin sobresaltos, con responsabilidad proyectada. Se impone liderazgo, cordura y visión de futuro para darle certeza al próximo quinquenio.
Sin ser exhaustivo, a los que aspiran a conducir la Nación, deseo verlos planteando estas cosas. La politiquería, el clientelismo y el discurso de barricada, aunque serán parte de la sazón criolla, no pueden ser las plataformas que enrumben la gran decisión del 2009.
Las alianzas deben ser para gobernar coherentemente, para decirle al país cómo lo van a gobernar mejor, no sólo para ganar la elección.