¿Alimentación y lenguaje?
Al llegar un nuevo miembro a la familia nos preguntamos muchas cosas, entre ellas, ¿qué debe comer y cuándo? Cada niño y niña al nacer trae consigo conductas reflejas que le permiten subsistir, succionar y tragar, así como la respiración.
En los primeros años de vida, un período privilegiado para el crecimiento y desarrollo del niño, la alimentación será rica en contenido calórico y nutrientes, para que a la par aparezcan nuevas conductas motoras y de aprendizaje como arrastrarse, gatear, caminar, jugar, observar, imitar y, sobre todo, el lenguaje oral. La alimentación basada en el consumo de nutrientes para que el cuerpo sobreviva, crezca y reponga energía se realiza a través del proceso de deglución, el cual no es más que tragar alimentos, pasar desde la boca hasta el estómago éstos.
Al realizar ese proceso, se involucran muchos músculos de la boca, esófago y faringe. Conjuntamente se da la succión, es decir, extraer y absorber un líquido con los labios y la masticación, que es un proceso mecánico para triturar los alimentos con movimientos rotatorios de maxilares y dientes. Los mismos órganos que utilizamos para comer, también los usamos para hablar.
A medida que el infante crece vamos cambiando la comida y la consistencia de la misma, debido a que desarrolla habilidades motoras de algunos órganos.
Cuando se estimulan adecuadamente estas habilidades motrices orales con los cambios de alimentación de acuerdo a la edad y la eliminación temprana de malos hábitos, como chupar dedos, uso prolongado del biberón, ser dependiente de la alimentación (pudiendo hacerlo por sí mismo), entre otros, se pueden prevenir futuras dificultades en la articulación.
El período de lactancia materna, donde se inició la succión como medio de supervivencia, se elimina alrededor de los seis meses, ya que el valor nutricional de la leche materna no cubre las necesidades de un niño de mayor edad. Los cambios de alimentación graduales van en el orden de líquidos, semi-sólidos y sólidos.
Entre los seis y ocho meses de edad, el niño se inicia con cereales de arroz, puré de verduras y frutas; luego carnes, papillas, leguminosas machacadas. A los nueve meses pan, yogurt, tortillas, yema de huevo. Al año (cuando aparecen los "dientes de leche") se integran nuevos alimentos sólidos. De cualquier modo, consulte con el pediatra.
Cuando presentamos una comida nueva al niño, no podemos obligarlo a comer. Este se acostumbra de a poco a los nuevos sabores y texturas. Si lo rechaza alguno, presénteselo al menos diez veces para que esté seguro/a de que realmente le desagrada.
Obligar a un niño a alimentarse puede ocasionar rechazo a la hora de comer y pérdidas de identidad en el infante.
No es recomendable darle comida muy condimentadas, colorantes o fritas. A la vez, es necesario hacer cambios en la comida, no siempre puré, por ejemplo, ya que atrofiamos su capacidad gustativa y las habilidades orales musculares) antes mencionadas.
Otra habilidad que el infante debe aprender es a tragar, de forma que si al principio escupe los sólidos, tal vez sea porque no le agraden. Es necesario que siga intentando hasta que acepte el nuevo alimento. Derramará y jugará con la comida, usted dele únicamente un poco para que coma solo, el resto déselo usted.
Algunas sugerencias prácticas a continuación:
En los primeros años de vida, un período privilegiado para el crecimiento y desarrollo del niño, la alimentación será rica en contenido calórico y nutrientes, para que a la par aparezcan nuevas conductas motoras y de aprendizaje como arrastrarse, gatear, caminar, jugar, observar, imitar y, sobre todo, el lenguaje oral. La alimentación basada en el consumo de nutrientes para que el cuerpo sobreviva, crezca y reponga energía se realiza a través del proceso de deglución, el cual no es más que tragar alimentos, pasar desde la boca hasta el estómago éstos.
Al realizar ese proceso, se involucran muchos músculos de la boca, esófago y faringe. Conjuntamente se da la succión, es decir, extraer y absorber un líquido con los labios y la masticación, que es un proceso mecánico para triturar los alimentos con movimientos rotatorios de maxilares y dientes. Los mismos órganos que utilizamos para comer, también los usamos para hablar.
A medida que el infante crece vamos cambiando la comida y la consistencia de la misma, debido a que desarrolla habilidades motoras de algunos órganos.
Cuando se estimulan adecuadamente estas habilidades motrices orales con los cambios de alimentación de acuerdo a la edad y la eliminación temprana de malos hábitos, como chupar dedos, uso prolongado del biberón, ser dependiente de la alimentación (pudiendo hacerlo por sí mismo), entre otros, se pueden prevenir futuras dificultades en la articulación.
El período de lactancia materna, donde se inició la succión como medio de supervivencia, se elimina alrededor de los seis meses, ya que el valor nutricional de la leche materna no cubre las necesidades de un niño de mayor edad. Los cambios de alimentación graduales van en el orden de líquidos, semi-sólidos y sólidos.
Entre los seis y ocho meses de edad, el niño se inicia con cereales de arroz, puré de verduras y frutas; luego carnes, papillas, leguminosas machacadas. A los nueve meses pan, yogurt, tortillas, yema de huevo. Al año (cuando aparecen los "dientes de leche") se integran nuevos alimentos sólidos. De cualquier modo, consulte con el pediatra.
Cuando presentamos una comida nueva al niño, no podemos obligarlo a comer. Este se acostumbra de a poco a los nuevos sabores y texturas. Si lo rechaza alguno, presénteselo al menos diez veces para que esté seguro/a de que realmente le desagrada.
Obligar a un niño a alimentarse puede ocasionar rechazo a la hora de comer y pérdidas de identidad en el infante.
No es recomendable darle comida muy condimentadas, colorantes o fritas. A la vez, es necesario hacer cambios en la comida, no siempre puré, por ejemplo, ya que atrofiamos su capacidad gustativa y las habilidades orales musculares) antes mencionadas.
Otra habilidad que el infante debe aprender es a tragar, de forma que si al principio escupe los sólidos, tal vez sea porque no le agraden. Es necesario que siga intentando hasta que acepte el nuevo alimento. Derramará y jugará con la comida, usted dele únicamente un poco para que coma solo, el resto déselo usted.
Algunas sugerencias prácticas a continuación:
Amamantar al recién nacido, preferiblemente con leche materna, desarrolla la succión y la deglución.
Si usa biberón, no lo prolonguemos este periodo más allá de los ocho meses del niño. Alternemos con cuchara y vaso.
Introduzca el uso del vaso: primero con piquito, luego carrizo, con tapa con orificio pequeño hasta que use uno normal, sin adaptaciones.
Preséntele a su hijo distintos sabores y texturas en los alimentos.
Busque alimentos naturales y ricos en vitaminas; no abuse de las grasas, azúcares, ni en la cantidad de las comidas.