Alimento perfecto
Confiar en la leche materna como primer e insustituible alimento para preservar la salud de los recién nacidos y su más óptimo desarrollo es, de acuerdo con numerosas y motivadas opiniones médicas, una suerte de apuesta siempre ganadora. No obstante, todavía sigue en pie la negativa y perjudicial tendencia que, desde mediados del siglo último y por razones sumamente interesantes, se aplica a preconizar la utilización de sucedáneos para atender la esencial finalidad de alimentar a los bebés.
Retomar el amamantamiento, esa metodología aparentemente primitiva, de acuerdo con discutibles criterios pero en realidad tan saludable y benéfica, es el objetivo primordial de un sinnúmero de pediatras, que en nuestro país cuentan con el respaldo de UNICEF, la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Salud y la Sociedad Panameña de Pediatría.
La honda modificación de las conductas sociales, uno de cuyos rasgos sobresalientes fue la plena incorporación de la mujer al quehacer laboral, se constituyó, sin duda, en el vehículo mediante el cual los reemplazantes de la leche materna ganaron posiciones en las preferencias del público. Promociones expresamente dirigidas a médicos y maternidades contribuyeron a difundir el uso de esos productos, y a pesar de las limitaciones legales establecidas en 1985 para esa clase de publicidad, los sucedáneos le ganaron de mano a la educación sanitaria, actuando sobre la base del erróneo criterio de que "lo nuevo es mejor".
Hoy día se estima que la lactancia artificial es causa de muerte, por ejemplo, le resta defensas frente a las diarreas y a las infecciones agudas de las vías respiratorias, de alrededor de un millón de niños por año en todo el mundo, mientras otros sobreviven con notables deficiencias de crecimiento y desarrollo. En cambio, el alimento perfecto contribuye a inmunizar a sus consumidores, previene aquellas enfermedades, es por supuesto más económico y hasta contribuye al espaciamiento de los nacimientos. Fomentar su utilización y darles respaldo a las acciones tendientes a propugnarla es un acto de responsabilidad y amor, similar al de las madres que no renuncian a amamantar a sus hijos.
Retomar el amamantamiento, esa metodología aparentemente primitiva, de acuerdo con discutibles criterios pero en realidad tan saludable y benéfica, es el objetivo primordial de un sinnúmero de pediatras, que en nuestro país cuentan con el respaldo de UNICEF, la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio de Salud y la Sociedad Panameña de Pediatría.
La honda modificación de las conductas sociales, uno de cuyos rasgos sobresalientes fue la plena incorporación de la mujer al quehacer laboral, se constituyó, sin duda, en el vehículo mediante el cual los reemplazantes de la leche materna ganaron posiciones en las preferencias del público. Promociones expresamente dirigidas a médicos y maternidades contribuyeron a difundir el uso de esos productos, y a pesar de las limitaciones legales establecidas en 1985 para esa clase de publicidad, los sucedáneos le ganaron de mano a la educación sanitaria, actuando sobre la base del erróneo criterio de que "lo nuevo es mejor".
Hoy día se estima que la lactancia artificial es causa de muerte, por ejemplo, le resta defensas frente a las diarreas y a las infecciones agudas de las vías respiratorias, de alrededor de un millón de niños por año en todo el mundo, mientras otros sobreviven con notables deficiencias de crecimiento y desarrollo. En cambio, el alimento perfecto contribuye a inmunizar a sus consumidores, previene aquellas enfermedades, es por supuesto más económico y hasta contribuye al espaciamiento de los nacimientos. Fomentar su utilización y darles respaldo a las acciones tendientes a propugnarla es un acto de responsabilidad y amor, similar al de las madres que no renuncian a amamantar a sus hijos.