Alimentos vencidos
Desde 1996, cuando se creó la Ley 29, existen en el país disposiciones legales que prohiben la venta de productos cuya fecha de vencimiento haya expirado. En general, los casos en los que se observa esta irregularidad son sancionables por la CLICAC y el Ministerio de Salud. No obstante, los problemas serios surgen a partir del momento en que las empresas, conociendo de la caducidad de los alimentos, alteran las fechas para extender las mismas, con el perjuicio que esto implica, poniendo en riesgo la salud de los consumidores.
La preocupación se acrecienta cuando se sabe que en la ciudad y sus alrededores existen numerosos lugares donde se alteran las fechas de vencimiento sin ningún tipo de control ni conocimiento sobre las consecuencias. En muchos casos, estos productos terminan siendo vendidos a distribuidores que los introducen en el circuito de venta, reduciendo costos y evitando las inspecciones sanitarias correspondientes. Incluso existen comerciantes que entregan los productos en centros públicos como plazas y semáforos, lugares no contemplados por la ley para la distribución de alimentos, no habiendo responsabilidad para el reclamo a terceros.
Las normas establecen que los responsables de vigilar, fiscalizar y sancionar este tipo de situaciones deben actuar con valentía y coraje. En reiteradas oportunidades se anuncian operativos, pero el problema no se soluciona, sobre todo a partir de la realidad de que no hacen público los nombres de los establecimientos que son sancionados por estas prácticas. De allí la necesidad de que, cuando se sorprenda a algún agente económico, no solamente se divulgue su nombre y domicilio, sino que le apliquen el máximo de la ley, tanto en lo pecuniario como en lo penal.
El control de la situación es complejo y muestra numerosas aristas. A esta altura de las circunstancias, sólo resta seguir exigiendo a las instituciones responsables un control más eficiente, ya que en numerosos casos son evidentes falencias preocupantes. Por otro lado, queda educar a los consumidores para que estén alertas y tomen las precauciones necesarias a la hora de comprar, elaborar e ingerir alimentos que pueden poner en riesgo la salud pública.
En este caso, como en general ocurre con los problemas sanitarios, todas las energías deben ser puestas en la prevención. Unicamente previniendo se evitarán males mayores, esos que después sólo dejan margen para los lamentos.
La preocupación se acrecienta cuando se sabe que en la ciudad y sus alrededores existen numerosos lugares donde se alteran las fechas de vencimiento sin ningún tipo de control ni conocimiento sobre las consecuencias. En muchos casos, estos productos terminan siendo vendidos a distribuidores que los introducen en el circuito de venta, reduciendo costos y evitando las inspecciones sanitarias correspondientes. Incluso existen comerciantes que entregan los productos en centros públicos como plazas y semáforos, lugares no contemplados por la ley para la distribución de alimentos, no habiendo responsabilidad para el reclamo a terceros.
Las normas establecen que los responsables de vigilar, fiscalizar y sancionar este tipo de situaciones deben actuar con valentía y coraje. En reiteradas oportunidades se anuncian operativos, pero el problema no se soluciona, sobre todo a partir de la realidad de que no hacen público los nombres de los establecimientos que son sancionados por estas prácticas. De allí la necesidad de que, cuando se sorprenda a algún agente económico, no solamente se divulgue su nombre y domicilio, sino que le apliquen el máximo de la ley, tanto en lo pecuniario como en lo penal.
El control de la situación es complejo y muestra numerosas aristas. A esta altura de las circunstancias, sólo resta seguir exigiendo a las instituciones responsables un control más eficiente, ya que en numerosos casos son evidentes falencias preocupantes. Por otro lado, queda educar a los consumidores para que estén alertas y tomen las precauciones necesarias a la hora de comprar, elaborar e ingerir alimentos que pueden poner en riesgo la salud pública.
En este caso, como en general ocurre con los problemas sanitarios, todas las energías deben ser puestas en la prevención. Unicamente previniendo se evitarán males mayores, esos que después sólo dejan margen para los lamentos.