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Alta clase política


Nuestra experiencia política nos ha indicado de que el Estado que es el propósito y el objetivo fundamental de la política debe ser administrado, muy preferiblemente por políticos.
Se habla de que la política es corrupta, de que los políticos son corruptos, de que se ensucia quien quiere vincularse a ésta, y de que debemos buscar, para la gestión de Estado, en los apolíticos, (si acaso los hay) a los que por ser tales, no se encuentran embarrados en las actividades políticas.
Esto es una gran falsedad y una tremenda mentira.
En todas las actividades de la vida hay gente buena y gente mala. Ni las mejores familias se salvan de tener ovejas negras. Lo mismo sucede en la política.
Quien pretendan administrar un Estado sin ser político, carece de los fundamentos básicos para poder dirigirlo. Conocimiento de la gente, conocimiento de los problemas que son comunes a la sociedad, necesidades de los recursos humanos y naturales. Relaciones del Estado con los trabajadores, empresarios, asociaciones de diversas índoles, percepciones sobre la educación y sus dependencias con el motor principal que le impulsa, que es el Estado, vivencia macro y micro de temas socioeconómicos del país, administración de la política internacional del Estado, conocimiento de la seguridad social y de la salud pública que estatizadas responden a principios motores de la política como tal, principales problemas que emergen en el país y que necesitan tratamiento político adecuado, a largo o a corto término.
Etcétera, etcétera, etcétera......
Estos temas tratados globalmente y particularmente está en el mejor conocimiento de los políticos y no de otros personajes dirigentes de cualquier actividad particular o micro múltiple de la vida nacional.
Un apolítico en la jefatura del Estado en mi modesta opinión, está incapacitado para dirigirlo. El Estado no es una empresa privada. Esta tiene como norma y derrotero el lucro, principalmente. El Estado debe tener como principal norte el desarrollo y progreso de todos los asociados y su actividad y ejercicio debe estar dirigido a la solución de los problemas nacionales sin parcializaciones ni egoísmos. El político para impulsar la maquinaria del Estado, debe darle prioridad a todas aquellas actividades públicas o privadas que tiendan al desarrollo de todos los panameños y si para ello debe impulsar especialmente renglones de la empresa privada porque esta acción revierta en una mayor expansión económica o de empleo en el país, no debe dudar un instante y convertirse en motor de asistencia y ayuda a este sector.
Cuando se habla de un político, en materia de administración del Estado, estamos frente a un dirigente político que tiene la obligación de estar enterado más que nadie de los problemas nacionales y de mantener un ejercicio mental y de comunicación constante en imaginar y proyectar soluciones. Ese es la atribución "globalizante" que le compete al político.
El empresario por lo general se reduce al ámbito de la actividad empresarial. Esta no abarca una concepción generalizada de los otros problemas. La actividad del empresario es económica, particularmente. La actividad del político Estadista abarca en su preocupación a todo el país.
Indudablemente que el político de clase debe proyectar inteligencia, honestidad, idoneidad, autoridad moral para enfrentar la corrupción; persona que se compenetre con su familia personal y con la familia panameña en general; ser un trabajador incansable y exitoso, por esfuerzo propio. Con un concepto de nuestra soberanía, responsable y sensato y por ese camino visualizar las mejores relaciones con todos los países del mundo, ricos y pobres. En el caso concreto de Panamá pensar que los Estados Unidos es un país amigo con el cual, por razones históricas, naturales y de intereses comunes debamos tener las pero teniendo presente de que es mejor preparar las instituciones necesarias para prevenirlo y crear las fuentes de trabajo que impidan que el desempleo lleven a nuestra gente a las comisiones del delito por hambre y por carencia de lo más necesario para él y su familia. Inspirar confianza que tenga estatura moral política. Haber tenido y tener liderazgo en sus colectivos políticos y experiencia, manejo y buena conducta en las posiciones públicas que haya ocupado. Llevar inmejorables relaciones con el sector privado, también con el sector público. Tener un sentido honesto equilibrado y responsable para con los medios de comunicación, usarlos cuando sea necesario, pero no atiborrarlos con vocinglerías insulsas y sin contenido. Conocer la geografía del país.
Manejarse con la oposición, cuando se es tal, pero también con el gobierno. Estar en oposición no quiere decir necesariamente que se odie o se rompa con el gobierno de turno. Estos puentes siempre deben estar tendidos, porque el país es oposición y gobierno y no se puede decir que el país es sólo oposición o sólo gobierno. Es difícil para un político Estadista tener que rebajar su estatura para, demagógicamente, buscar un arrastre popular en bases ignaras. Hay que elevar la cultura cívica y política de los pueblos para que aprecien bien sus verdaderos dirigentes. Es asunto no sólo de ser "ganador" en una contienda política. Es ser ganador para Panamá.
Cuando se habla de carisma aquí se confunde esto con el líder popular que a punta de gritos y palabras altisonantes ataca, insulta y promete lo que no puede cumplir. A la larga y a la corta también, estos dirigentes pierden credibilidad y se desgastan y esfuman en el espacio y en el tiempo.
El político debe tomar muy en cuenta el pasado y la política de antaño para, conocer e ir al día con los cambios, tomar de ese inventario lo que necesita para proyectarse dentro de las mutaciones constantes de un mundo que no deja de ser permanentemente moderno. El líder político no puede ser rígido, arrogante y creído. Debe tener una personalidad sustantiva que no esté al alcance de ser manipulación, en fin, en esta defensa al político, digo solamente la verdad de una persona, que por varias décadas ha hecho de su profesión de abogado, de su enorme cantidad de viajes por el mundo, en el ejercicio de su profesión, una permanente preocupación que le ha dado, como todo en la vida, sinsabores y logros.
El político de clase, es el mejor puntal de éxitos para una sociedad y a ésta le toca descubrirlo, acuerparlo y distinguirlo.

101 años de Panamá América

 
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