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Altas y bajas de la OPEP


Cuando se fundó la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), después de laboriosos cabildeos del venezolano Juan Pérez Alfonso y el saudita Al Tariki a principios de la década del setenta, muchos observadores pensaron que empezaba a reestablecerse la equidad comercial en el mercado de materias primas. El petróleo había sido subvaluado deliberadamente durante muchos años por las trasnacionales que exploraban, explotaban y refinaban los yacimientos del oro negro en el mundo emergente de América Latina, Asia y Africa. El barril de crudo se mantuvo al irrisorio precio de un dólar hasta que los países productores llegaron al consenso de organizar un cartel que favoreciera la vigencia de un precio justo.
Sin embargo, en poco tiempo se comprobó que la dependencia de los productores resultaba tan indeseable como la dependencia de los explotadores y consumidores.
El barril de crudo pasó abruptamente de un dólar a 12 dólares en 1974 y siguió escalando precios hasta llegar a cotizaciones especulativas asombrosas durante la crisis del Medio Oriente de 30 a 40 dólares barril. Luego advino un período de inestabilidad de precios por la contracción de la demanda y el barril de crudo se cotizó a precios colindantes con los costos de producción.
Desde los primeros meses del año pasado, la OPEP empezó a reducir paulatinamente la oferta para provocar el incremento de los precios. Ya no se pudo esgrimir otra vez el argumento de castigar a los países desarrollados porque muy bien se conoce el impacto de las desmesuradas alzas del combustible en los países emergentes. Al parecer el último acuerdo de la OPEP endereza el mercado no por la voluntad de los miembros del cartel sino por las presiones diplomáticas de Estados Unidos. Las calamitosas consecuencias económicas del encarecimiento premeditado no distinguen ricos y pobres y caen sobre estos últimos implacablemente, sin importarles si quedan muertos, heridos y contusos. La OPEP no debería seguir actuando de esa manera, recordando el adagio de quien a hierro mata, a hierro muere.


101 años de Panamá América

 
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