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¿Alternadores de verdad?


A pesar de que Omar fue asesinado hace 27 años y Arnulfo murió hace 21, la presencia de ambos líderes parece perdurar ad secula seculorum; al menos eso parecieran esperar los dirigentes de los partidos que ellos fundaron. Las primarias del PRD han sido una competencia para ver quién es más torrijista; los arnulfistas han hecho lo propio. Todo indica que, a falta de discurso de ambos grupos, echarán mano a un pasado desconocido para la mayoría del electorado de 2009, cuando se escribieron las respectivas historias... no siempre dignas de recordar; algo que ni Balbina, ni Cortizo, ni los Juan Carlos tratarán de explicar.

Ambos íconos fueron mandamases de la política panameña desde los ’30: Arnulfo, del Movimiento de Acción Comunal que derrocó al gobierno de Florencio Harmodio Arosemena -primera revolución panameña- y el militar que dio el toque de queda a sus días de gobierno en el golpe consumado en el ’68 por el Mayor Boris Martínez, luego enviado por el otro al exilio.

El país está urgido de algo diferente a las ofertas electorales con difuntos de estandarte, que no han servido sino para alternar en el poder a grupos que tienen un oscuro denominador común: abusar del poder cuando lo asumen.

Si son "de verdad", ¿serán "de mentira" los que depredan la Educación como Belgis Castro? ¿Los que secuestraron a Héctor Gallego? ¿Los que lanzaron en el ‘76 a panameños probos al exilio? Lo que parece "de verdad" es que, quienes en primera fila aplaudían los desmanes de Noriega, ahora olvidan… y quisieran que hiciéramos lo mismo.

En cuanto a Arnulfo, fue él con su fascismo quien impuso en el ’41 una Constitución cuyo artículo 23 prohibía la inmigración de las razas negra, amarilla y las originarias de la India, Asia Menor y el Norte de África, e impuso el éxodo de sus miembros ya establecidos aquí, lo que aprovecharon los allegados del líder para apropiarse de los comercios que ellos poseían.

El Panamá "de verdad" exige un nuevo rumbo, de valores ajenos a un pasado que produjo irreparables daños en las estructuras nacionales, daños que aumentan cada cinco años con el ominoso alterne de los dos mismos partidos en el poder.

101 años de Panamá América

 
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