Alternativas frente a los precios
Ante los aumentos de precios que a diario confrontan los consumidores de los productos alimenticios y otros de uso cotidiano, está la búsqueda de alternativas para que el dinero rinda un poco más. Vemos cómo muchas personas se las ingenian para comprar productos básicos, ya sea disminuir las cantidades, reemplazar un producto aprovechando las ofertas, acudir a varios locales y ferias libres, siempre buscando precios accesibles.
Sin embargo, existe descontento porque no sólo se incrementan los precios, sino que la calidad y cantidad disminuye. Por ejemplo, tenemos el caso de una reconocida leche en polvo para infantes que regularmente mantiene una alza constante de precio en sus diferentes presentaciones, pero una disminución en el contenido del producto. Tal como la presentación de 1,900 gramos que fue reducida a una de 1,600 y mercadean la misma como una nueva presentación, nuevos colores en su etiquetado, pero a mayor precio. Y en cuanto a calidad, está el pan de cada día, que ya no es el mismo de antes.
Ahora no sólo hay que comparar precios, sino calidad y cantidad. Y esta es una lucha diaria que muchos consumidores tienen que afrontar. Los productos “Compita” son una solución, pero hay que ir tras ellos, porque, regularmente, cada 15 días, aparecen las ferias libres en determinado sector del país, y muchas personas se las ingenian para conseguir un poco más de la cantidad racionada.
Para ayudar a regular los gastos del hogar, los especialistas de consumo nos recomiendan hacer un presupuesto, el cual nos ayudará a organizar mejor el dinero. Se debe establecer un plan de gastos, con sus objetivos. Lo importante de un presupuesto no es a cuánto ascienden los ingresos, sino cómo se manejan. Hay que incluir en el presupuesto los ingresos y gastos. Hacer un listado de todo lo que desee comprar, analizar y descartar las cosas inaccesibles. Además, es preferible terminar de cancelar una deuda, antes de adquirir otra.
Lo cierto en esta materia de consumo es que debemos ser conscientes de nuestras responsabilidades y estar atento y crítico frente a precios, peso y calidad de los bienes y servicios. Y lo más importante, mantener la fe y el optimismo de que las cosas mejorarán, y que con la ayuda de Dios todos los días tendremos alimentos en nuestra mesa.