Alto costo de la vida. ¿Quién podrá defendernos?
Desde hace algunos meses, cada día nuestros servicios y bienes suben de precio vertiginosamente. Algunos señalan que esto ocurre por los altos costos del petróleo, los alimentos importados, la cadena de intermediarios, etc. No importa qué excusa se ofrezca, mientras seguimos analizando la situación, los precios siguen incrementando.
Para los estudiosos, este incremento de precios en ciertos bienes se conoce como inflación. Este fenómeno, según los entendidos, debe atenderse lo más pronto posible, porque representa un impuesto a los pobres.
¿Qué es la inflación? Es conocida como el incremento en el nivel general de precios; es decir, que la mayor parte de los precios en bienes de consumo y servicios de un país empiezan a crecer de forma simultánea o paralela. Esta condición trae como consecuencia una pérdida en el poder de compra del dinero, así la capacidad adquisitiva de las personas se ve mermada o disminuida.
¿Qué hacer para combatir la inflación? Como todos los escenarios económicos, existen muchas teorías interesantes aplicadas y recomendadas por estudiosos; sin embargo, cualquier posible solución deberá contener principios cardinales, tales como: Planificación integral, concertación, bienestar común, efectos sostenibles y rapidez organizada.
¿Quién tiene la responsabilidad principal de controlar la inflación? En nuestro caso en particular, que carecemos de Banca Central y existe la libre oferta y demanda, la primera responsabilidad de controlar este fenómeno debe ser del Estado.
Y es que, la empresa privada, por mucha conciencia social que desarrolle, está imposibilitada de tomar medidas económicas que ordenen tal o cual situación a terceros. Lamentablemente para los gobernantes, temo decirles que el alto costo de la vida y el efecto inflacionario no esperan las elecciones generales, cambios de gobierno, reelección de diputados, sala quinta, entre otras situaciones.
¿Qué sucede si la inflación sigue sin control? Dentro de los efectos inmediatos de la inflación podemos mencionar: El mercado de crédito se distorsiona (acreedores no establecen tasas inflacionaria); afecta la balanza de pagos (aumentan las importaciones vs exportaciones); el precio no es un indicador certero para saber qué producir (desalienta la inversión); y lo más importante, disminuye la capacidad adquisitiva de la población.
No es fácil comprender cómo es posible que Panamá, ahora que registra índices de crecimiento económico, la población en general percibe un decrecimiento en su calidad de vida.
Es claro que la inflación, que era un tema de salón de clases de economía, para desdicha de todos los panameños, ha llegado a nuestras costas y pareciera que para quedarse, a no ser que las autoridades gubernamentales realicen todas las acciones necesarias para frenar esta penosa condición.