Alza de precios
Nos negamos a llamarle inflación, aunque lo sea. Economistas como Miguel Magallón advierten que llegó para quedarse. En un país con medio siglo sin alza significativa de precios (1% o menos), escuchar de inflación es como decir a un enfermo que está padeciendo de cáncer.
La inflación, en el pasado reciente, llevó pobreza y devoró fortunas y ahorros en cosa de horas. Las monedas nacionales se iban convirtiendo en fracciones de centavo en un amanecer y los salarios de un mes no alcanzaban ni para una semana. Había tasas de inflación en Argentina, Perú, Brasil y Chile, que cada año superaban las tres cifras. Si eso no es un cáncer económico ¿qué lo sería? Costó mucho esfuerzo, sangre y sacrificio para domeñarla y se logró. Pero Panamá nunca la padeció.
Ahora vemos colas, temores de escasez, significativo aumento de precio de la canasta alimenticia, subsidios estatales de luz y combustible, B/ 35.00 para familias pobres. ¿Qué pasó? ¿No estábamos creciendo económicamente a un ritmo extraordinario?
Sí, de eso se trata. Pasó en Costa Rica tras una década de masivas inversiones turísticas y el establecimiento de Intel. La prosperidad trae consigo, no sólo lo bueno sino también lo malo. Se crece a más velocidad de la que se puede asimilar. Quedamos, de pronto, inundados de dinero y los precios empiezan a escalar. Todo sube, incluso los salarios, pero a la zaga. La movilidad laboral se acelera. A la postre vendrá un equilibrio en el que salarios e inflación marcharán de la mano y nos permitirán vivir sin la angustia actual. Pero mientras viene, el Gobierno puede ayudar desburocratizando más, desregulando más, liberando más, gastando menos, desgravando más, haciendo más por los pobres, por la educación y los servicios públicos como el transporte y la seguridad. Lo demás, es cosa de oportunidad y tiempo.