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Alza en los productos y servicios genera intranquilidad


El año pasado 1999, estuve de visita en los Estados Unidos, en la ciudad de Green Ville, Mississipi, allí pude comprobar con gran sorpresa que en ese país, cuyo costo de vida es alrededor de 5 veces el nuestro, los combustibles de automóviles tenían un precio por galón completamente diferente al nuestro de casi un 80% menos que en nuestro Panamá.
La gasolina regular sin plomo costaba 91 centavos, el diesel igual y la gasolina sin plomo Super 1.01 y la Super especial sin plomo 1.11, quizás acá me dirán, bueno, pero es que Norteamérica es productor de petróleo y de ahí sus costos tan bajos; sin embargo, yo les digo: ¿Qué pasó con el costo de extracción y producción? ¿Acaso en ese país no tienen que pagar empleados y realizar procesos químicos para extraer y producir los derivados del petróleo?, y aún siendo el costo de la vida aparejado con los salarios en esa nación norteña, en donde hasta un ayudante u obrero, casi sin ninguna calificación, recibe por horas aproximadamente B/.5.00. ¿Qué será lo que realmente ocurre en nuestro país?, Nos hemos puesto a pensar que sólo un centavo que se le aumente a los combustibles (cosa que no ocurre aquí, pues los aumentos son de 5 a 10 centavos) produce diariamente entre 100 mil a 150 mil centavos (o sea, mil balboas diarios) ¿Por qué existe una sola refinería de petróleo en un país donde no debe haber monopolio?.
Todas estas reflexiones las hacemos al calor de la polémica desatada en nuestro medio con motivos de los anuncios de alzas en el transporte, en la luz, posiblemente en los teléfonos, canasta básica y otros, lo cual genera un estado de intranquilidad ciudadana. Aparte esta situación, que finalmente golpea a los que menos tienen, el gobierno debe replantear una política de Estado, en donde aquellos productos o servicios estratégicos no puedan ser incrementados a discreción de las empresas productoras; pues un aumento en un rubro (digamos el combustible) produce un efecto multiplicador que incrementa los costos en otros servicios y productos que inciden en la paz, tranquilidad y seguridad social a la cual aspiramos. Urge una revisión exhaustiva, no sólo de un factor económico, sino de todo el sistema imperante en nuestra economía.
En Panamá, país capitalista por excelencia de "libre mercado", existen acuerdos de "compra exclusiva y obligatoria", de ajustes de tarifas y precios para mantener los niveles de ganancia, lo cual anula el principio capitalista de la libre competencia, por un mecanismo protector de "ciertas empresas", lo que es propio de los enfoques socialistas. Sólo la comunidad está expuesta a los vaivenes económicos propios del capitalismo, sin que exista de manera efectiva un "Ente Regulador" que controle o haga menos onerosos la carga sobre el presupuesto familiar.
Estoy convencido que mientras manejemos las finanzas, con un criterio unilateral en el cual cada sector o grupo disponga qué hacer para mantener o bien aumentar sus niveles de rentabilidad, estaremos abocando a nuestra sociedad a un estado de zozobra e inestabilidad que nos llevará a la situación que vive nuestro hermano país Colombia, en donde los niveles de pobreza, falta de trabajo, injusticia, hambre y miseria han conducido hacia las guerrillas, las bombas, los asaltos, los secuestros y las muertes de tantos inocentes.
Es bueno que como sociedad reflexionemos sobre el tipo de país que realmente anhelamos para nosotros y para nuestros hijos.

101 años de Panamá América

 
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