Amar al prójimo
El Diario La Prensa, hace pocos días, dio amplia cobertura, al increíble caso de una pareja de jubilados, a quienes se les viene haciendo deducción de sus respectivos cheques, por la supuesta compra de unos muebles, los cuales nunca llegaron a ser entregados a ellos. Lo inverosímil del suceso es que, aún después de comprobarse que uno de los empleados de la mueblería beneficiaria de los descuentos respectivos, había hecho uso indebido de los documentos internos de control, ya que había enviado los bienes muebles a direcciones de amigos suyos, para su posterior retiro por él; ni la casa comercial ni la Caja de Seguro Social, suspendían los descuentos que injustamente se les estaba practicando.
Desconozco si al día de hoy, este asunto ya fue resuelto en derecho, pero lo que sí estoy seguro es que, como he anotado en artículos anteriores, a los pobres jubilados les caen en pandilla todas las instituciones crediticias del país, sin el más mínimo grado de consideración hacia su supervivencia económica. Hasta que alguien me compruebe lo contrario, seguiré insistiendo en que no hay evidencias de ninguna ley que permita deducir al jubilado o pensionado, más del 20% de su cheque; porcentaje igual al permitido a los empleados activos. Si como creo, nunca ha existido tan discriminadora ley, le corresponde a las autoridades de la Caja del Seguro Social y de la Contraloría General de la República, ordenar la suspensión inmediata de todos los descuentos que sobrepasen el porcentaje permitido por ley, es decir, ajustarlos al 20% y extender el período de la deuda automáticamente.
Si por el contrario, se comprueba que, si son deducciones legales, entonces que, la Asociación de Jubilados y Pensionados, presione para que la misma sea derogada, por inmoral. No se le hace ningún favor al jubilado permitiéndosele endeudarse más allá de sus posibilidades pecuniarias; estos deben sobrevivir con sus magros ingresos, y estamos patrocinando, con nuestro silencio, que pasen miseria, provocada a veces por familiares inescrupulosos, quienes los inducen a endeudarse en beneficio de ellos; y otras, por instituciones de crédito, las cuales, como en el caso mencionado al inicio de este artículo, se aprovechan de la ignorancia y/o senilidad de las personas.
En esta época de cuaresma, durante la cual, la iglesia católica nos hace un llamado a la meditación, al arrepentimiento y al amor al prójimo, hagamos un acto de conciencia y busquemos la paz social y mental de tantos jubilados que, se debaten en la más humillante angustia, quincena tras quincena, pues nadie se toma el trabajo de salir en su defensa y exigir, a los responsables de esos "agiotistas" descuentos, un alto definitivo. Estoy seguro que todos conocemos de algún caso, un familiar, un vecino, un amigo, e incluso, como en mi caso, personas que me comentan la tragedia padecida por un alto porcentaje de jubilados, quienes no cuentan con una ley, reglamento, o práctica que, castigue a los prestamistas que los motivan a endeudarse por descuento salarial, muy por encima de sus posibilidades económicas.
Las leyes son los medios que utiliza el hombre, para encontrar la vía a la convivencia pacífica; luego no podemos aceptar como buena, una práctica, reglamento, o ley que esclavice a nadie, que las autoridades responsables de aceptar y aplicar los descuentos a estos humildes ciudadanos se pongan una mano en el corazón y se hagan esta pregunta: ¿Si fuera mi padre o mi madre quienes firmaron este documento de descuento, honestamente aceptaría tramitarlo? Si son justos tendrán que decir que no, entonces, ¿Por qué aceptar algo para otros que, no apoyarían para sus seres queridos? Seamos honestos, esos descuentos son una inmoralidad.
Desconozco si al día de hoy, este asunto ya fue resuelto en derecho, pero lo que sí estoy seguro es que, como he anotado en artículos anteriores, a los pobres jubilados les caen en pandilla todas las instituciones crediticias del país, sin el más mínimo grado de consideración hacia su supervivencia económica. Hasta que alguien me compruebe lo contrario, seguiré insistiendo en que no hay evidencias de ninguna ley que permita deducir al jubilado o pensionado, más del 20% de su cheque; porcentaje igual al permitido a los empleados activos. Si como creo, nunca ha existido tan discriminadora ley, le corresponde a las autoridades de la Caja del Seguro Social y de la Contraloría General de la República, ordenar la suspensión inmediata de todos los descuentos que sobrepasen el porcentaje permitido por ley, es decir, ajustarlos al 20% y extender el período de la deuda automáticamente.
Si por el contrario, se comprueba que, si son deducciones legales, entonces que, la Asociación de Jubilados y Pensionados, presione para que la misma sea derogada, por inmoral. No se le hace ningún favor al jubilado permitiéndosele endeudarse más allá de sus posibilidades pecuniarias; estos deben sobrevivir con sus magros ingresos, y estamos patrocinando, con nuestro silencio, que pasen miseria, provocada a veces por familiares inescrupulosos, quienes los inducen a endeudarse en beneficio de ellos; y otras, por instituciones de crédito, las cuales, como en el caso mencionado al inicio de este artículo, se aprovechan de la ignorancia y/o senilidad de las personas.
En esta época de cuaresma, durante la cual, la iglesia católica nos hace un llamado a la meditación, al arrepentimiento y al amor al prójimo, hagamos un acto de conciencia y busquemos la paz social y mental de tantos jubilados que, se debaten en la más humillante angustia, quincena tras quincena, pues nadie se toma el trabajo de salir en su defensa y exigir, a los responsables de esos "agiotistas" descuentos, un alto definitivo. Estoy seguro que todos conocemos de algún caso, un familiar, un vecino, un amigo, e incluso, como en mi caso, personas que me comentan la tragedia padecida por un alto porcentaje de jubilados, quienes no cuentan con una ley, reglamento, o práctica que, castigue a los prestamistas que los motivan a endeudarse por descuento salarial, muy por encima de sus posibilidades económicas.
Las leyes son los medios que utiliza el hombre, para encontrar la vía a la convivencia pacífica; luego no podemos aceptar como buena, una práctica, reglamento, o ley que esclavice a nadie, que las autoridades responsables de aceptar y aplicar los descuentos a estos humildes ciudadanos se pongan una mano en el corazón y se hagan esta pregunta: ¿Si fuera mi padre o mi madre quienes firmaron este documento de descuento, honestamente aceptaría tramitarlo? Si son justos tendrán que decir que no, entonces, ¿Por qué aceptar algo para otros que, no apoyarían para sus seres queridos? Seamos honestos, esos descuentos son una inmoralidad.