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Amargo regalo a Pinochet


La Cámara de los Lores británica revocó el dictamen de inmunidad que dictara en primera instancia un juez de esa jurisdicción a favor del general chileno Augusto Pinochet, a quien se le acusa de crímenes contra la Humanidad cometidos durante 17 años de dictadura a que sometiera a su país desde 1973 hasta 1990.
A partir de ahora, el anciano militar retirado de 83 años, inicia una complicada etapa judicial que tiene por objeto precisar si existe o no mérito para extraditarlo a España o Francia, donde se le cita para responder por dichos delitos en perjuicio de ciudadanos de ambas y otras naciones.
El vía crucis de Pinochet se inició con un auto de enjuiciamiento dictado en solitario por el juez español Baltasar Garzón, quien investiga el asesinato y desaparición de más de 3,000 personas durante la dictadura chilena. El expediente empezó a cobrar notoriedad cuando un exoficial de mediano rango de la nación austral, compareció ante el juez y confesó su participación por orden superior en diversos asesinatos. Dijo que por años padeció de insomnio, al recordar los gritos de las víctimas lanzadas al mar desde helicópteros.
El fallo de la Cámara de los Lores constituye el más trascendental triunfo de la causa de los derechos humanos en el mundo, desde que las Naciones Unidas los proclamó como un mero ideal programático, sin fuerza coactiva y con valor casi simbólico.
Pero la evolución de los derechos humanos ha tenido un desarrollo frenético en las últimas décadas, siendo firmados diversos convenios internacionales por casi todos los países del mundo. Hoy los derechos humanos no se agotan en los originarios básicos (vida, tránsito, propiedad, expresión), sino que se han extendido a derechos sociales (trabajo, salud, vivienda, educación) y medios ambientales o difusos.
Frente a tal evolución, era inadmisible que a estas alturas existieran dictadores que desconocieran los derechos más elementales, propiciando o generando matanzas, secuestros, torturas, encarcelamientos, genocidios, limpiezas étnicas y similares.
Es precisamente el irrespeto a estos derechos lo que en parte sirve a Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Alemania, para intervenir bajo la bandera de las Naciones Unidas en Kosovo, antigua Yugoslavia, Africa y Haití, contra dictadores atroces de la peor especie.
La doctrina que consolida el fallo de los Lores es clara: los delitos contra los derechos humanos trasciende las legislaciones, las fronteras nacionales y los cargos o dignidades oficiales, siendo perseguible de oficio por cualquier país y en cualquier sitio del planeta dondequiera se halle el imputado.
Es cuestión de tiempo para que el mismo principio se extienda a otros graves delitos internacionales tales como el narcotráfico, la explotación de migrantes y los fraudes transnacionales.

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