Ambiente: amar el mundo
El informe de Estado de la Región 2008 afirma que, a pesar que ha calado en Centroamérica el discurso del desarrollo sostenible, es notorio que se ha relegado lo ambiental al centrar la atención en otras prioridades de orden socioeconómico. Esto, ante el crecimiento de la demanda por recursos naturales, lleva a prever problemas más serios en el futuro y el surgimiento de nuevas presiones sobre las áreas protegidas y el ambiente.
Estamos en una región de gran diversidad y riqueza natural que, en los últimos años, ha desarrollado esquemas territoriales para la protección y el resguardo de su biodiversidad, de sus variados ecosistemas, y de los valiosos bienes y servicios ambientales que éstos generan para la población.
Esos esquemas se han desarrollado y gestionado en un contexto de gran presencia de población pobre, pocos recursos y capacidades técnicas y financieras para gestionar el patrimonio protegido, así como prácticas de uso de los recursos naturales y de la tierra poco sostenibles para el ambiente. En consecuencia, la población, la demanda de recursos y las actividades productivas poco reguladas generan fuertes presiones sobre las áreas protegidas y no protegidas.
Aunque el marco formal fue construido con el aporte de variados actores como pueblos indígenas, comunidades rurales, gobiernos y agencias de cooperación, y representó significativos avances, no se escapa de las amenazas dentro y fuera de estas áreas, y es débil para armonizar las acciones de conservación con las demás dimensiones del desarrollo humano sostenible.
Así, ecosistemas de gran importancia no están adecuadamente representados dentro de las áreas protegidas y persiste una débil institucionalidad que carece de respaldo político efectivo, lo cual da como resultado presupuestos y personal insuficientes para combatir las amenazas, mitigar impactos ambientales y controlar las actividades ilícitas en áreas protegidas, menciona el informe.
Una amenaza visible son macroproyectos de minería metálica a cielo abierto, hidroeléctricas y otros, que con la anuencia o pasividad o complicidad de los gobiernos amenazan con depredar el ambiente, y hasta la salud y sobrevivencia de las comunidades.
Pero cada vez existe mayor conciencia ambiental en la ciudadanía que actúa y se moviliza en diversos espacios resistiendo los embates de una cultura necrófila (de muerte) por la vigencia de una cultura biofila (vida), explicitada por Paulo Freire así: "No creo en el amor entre hombres y mujeres, entre seres humanos, cuando no son capaces de amar el mundo. Es urgente que asumamos el deber de luchar por los principios éticos fundamentales como el respeto a la vida de los seres humanos, la vida de los otros animales, la vida de los pájaros, la vida de los ríos y los bosques. La ecología adquiere una importancia fundamental. Debemos considerar la ecología en cualquier práctica educativa de carácter radical, crítico o liberador (…) En este sentido me parece una contradicción lamentable formular un discurso progresista, revolucionario y tener una práctica que niega la vida. Práctica que contamina el mar, las aguas, los campos, que devasta los bosques, destruye los árboles, amenaza la vida de los animales y aves."
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