Ambiente político en Austria
Durante la Conferencia Mundial sobre Derechos Humanos celebrado en Viena en 1993, llegamos por primera vez a ese pequeño y lindo país. Lugar adorado por los grandes autores e interpretes de la música clásica, parada obligatoria de poetas y amantes de la naturaleza. No pareciera que durante la Segunda Guerra Mundial anidara en ese sitio el odio, la xenofobia y el fascismo. Lo que sí se observaba a primera vista era el nerviosismo de sus habitantes de lo que ocurría a su alrededor: la avalancha de personas de los países del Este, después de la caída del Muro de Berlín, sobre todo, de la antigua Yugoslavia, Zagreb ardiendo a unas cuantas horas en bus desde Viena.
Ya para finales de la década pasada, se puede ver claros indicios del enrarecimiento del aire político, mucha gente joven quejando de los "indeseables extranjeros", la desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales que se han turnado por casi medio siglo, los socialdemócratas (SPO) y los democristianos del Partido Popular (OVP) y el surgimiento galopante de la extrema derecha, como lo es el Partido Liberal del Jorg Haider, que tiene a toda una Unión Europea con las manos en la boca. Ya para la época que Austria preside la Unión Europea, el gobierno había hecho drásticos recortes en la ayuda internacional y cerraba cada vez más sus fronteras para los que, desde otras partes, huían de dictaduras o que trataban de buscar mejores oportunidades que no encontraban en sus lugares de origen, sobre todo, de los países subdesarrollados.
La llegada al gobierno austriaco de la extrema derecha no debe tomarse como un simple hecho aislado de europeos, debe de ser un llamado de alerta a todos los gobiernos que se hartan de ser democráticos. La secuela de corrupción y escándalos diarios de los que ostentan el poder es ya algo endémica, que hace que los pueblos vayan adquiriendo posturas de "poco importa quien llegue al poder", o como en el caso de los europeos se van encerrando en su individualidad que lo defenderán a cualquier precio. En todas las metrópolis europeas está siendo normal ver un grupo neonazi reunido o correteando a un inmigrante africano o turco o árabe. Por eso no nos causa extrañeza que los demás gobiernos europeos condenen e impongan sanciones al nuevo Gobierno de Viena, porque sino en unos años puede reinar el terror nuevamente en el viejo continente.
Hay que destacar la condena que han hecho los partidos de centro y derecha europea a otro partido que pareciera ser de su misma línea (Partido Liberal de Austria), durante la Conferencia del Partido Popular Europeo terminada en Madrid el fin de semana. Hasta la misma Alemania ha protestado en voz alta, teniendo una lengua e historia común. Europa estaba estrenando su nueva cara de unidad y convivencia y quería ser el modelo de democracia a imitarse fuera de sus fronteras, pero no se dieron cuenta que otra cosa estaba cocinando en sus interioridades. Me acuerdo bien lo que un europeo me dijo una vez: "nosotros sólo nos queremos unir en la parte económica, porque somos ricos, pero ay del día que queramos ser iguales, saldrán los viejos rencores y odios que llevamos en la sangre..."
Por lo que la llegada de la ultra derecha a un gobierno europeo se debe interpretar más en la parte de los odios raciales o la búsqueda del hombre perfecto o ario que una vez soñó Hitler y nuevamente el mundo tendría que formarse en bloques, esta vez con armas más mortales, y mejor no pensarlo. La teoría de Samuel Huntington de "choque entre culturas" o "guerra entre civilizaciones" podría ser pronto una realidad: "La fuente fundamental de conflictos en este nuevo mundo no será primordialmente ideológica ni económica. Las grandes divisiones de la humanidad y la fuente predominante de conflictos serán culturales". Mientras, esperamos que las bellas aguas y riveras del Danubio Azul sigan siendo fuente inagotable de poemas y canciones y no se enturbie con la sangre que más allá de las fronteras de Austria lo tiene ya contaminado.
Ya para finales de la década pasada, se puede ver claros indicios del enrarecimiento del aire político, mucha gente joven quejando de los "indeseables extranjeros", la desconfianza hacia los partidos políticos tradicionales que se han turnado por casi medio siglo, los socialdemócratas (SPO) y los democristianos del Partido Popular (OVP) y el surgimiento galopante de la extrema derecha, como lo es el Partido Liberal del Jorg Haider, que tiene a toda una Unión Europea con las manos en la boca. Ya para la época que Austria preside la Unión Europea, el gobierno había hecho drásticos recortes en la ayuda internacional y cerraba cada vez más sus fronteras para los que, desde otras partes, huían de dictaduras o que trataban de buscar mejores oportunidades que no encontraban en sus lugares de origen, sobre todo, de los países subdesarrollados.
La llegada al gobierno austriaco de la extrema derecha no debe tomarse como un simple hecho aislado de europeos, debe de ser un llamado de alerta a todos los gobiernos que se hartan de ser democráticos. La secuela de corrupción y escándalos diarios de los que ostentan el poder es ya algo endémica, que hace que los pueblos vayan adquiriendo posturas de "poco importa quien llegue al poder", o como en el caso de los europeos se van encerrando en su individualidad que lo defenderán a cualquier precio. En todas las metrópolis europeas está siendo normal ver un grupo neonazi reunido o correteando a un inmigrante africano o turco o árabe. Por eso no nos causa extrañeza que los demás gobiernos europeos condenen e impongan sanciones al nuevo Gobierno de Viena, porque sino en unos años puede reinar el terror nuevamente en el viejo continente.
Hay que destacar la condena que han hecho los partidos de centro y derecha europea a otro partido que pareciera ser de su misma línea (Partido Liberal de Austria), durante la Conferencia del Partido Popular Europeo terminada en Madrid el fin de semana. Hasta la misma Alemania ha protestado en voz alta, teniendo una lengua e historia común. Europa estaba estrenando su nueva cara de unidad y convivencia y quería ser el modelo de democracia a imitarse fuera de sus fronteras, pero no se dieron cuenta que otra cosa estaba cocinando en sus interioridades. Me acuerdo bien lo que un europeo me dijo una vez: "nosotros sólo nos queremos unir en la parte económica, porque somos ricos, pero ay del día que queramos ser iguales, saldrán los viejos rencores y odios que llevamos en la sangre..."
Por lo que la llegada de la ultra derecha a un gobierno europeo se debe interpretar más en la parte de los odios raciales o la búsqueda del hombre perfecto o ario que una vez soñó Hitler y nuevamente el mundo tendría que formarse en bloques, esta vez con armas más mortales, y mejor no pensarlo. La teoría de Samuel Huntington de "choque entre culturas" o "guerra entre civilizaciones" podría ser pronto una realidad: "La fuente fundamental de conflictos en este nuevo mundo no será primordialmente ideológica ni económica. Las grandes divisiones de la humanidad y la fuente predominante de conflictos serán culturales". Mientras, esperamos que las bellas aguas y riveras del Danubio Azul sigan siendo fuente inagotable de poemas y canciones y no se enturbie con la sangre que más allá de las fronteras de Austria lo tiene ya contaminado.