Ambiente y desarrollo
Entre los obstáculos que están enfrentando los países en desarrollo para dinamizar su sector productivo, ocupa un lugar cada vez más importante la creciente presión que ejercen los países desarrollados, por la necesaria protección al medio ambiente. Las mismas naciones que durante su proceso de crecimiento industrial destruyeron una buena parte de las reservas naturales del planeta y provocaron daños irreparables al ambiente, ahora exigen a ultranza el cumplimiento estricto de las reglas de juego de protección que nunca respetaron. En este sentido no les falta razón, porque la utilización de procesos productivos desordenados, está poniendo en peligro nuestra propia subsistencia al deteriorar las condiciones de vida con consecuencias incalculables en el futuro cercano. La contaminación de las aguas y el deterioro de las condiciones climáticas solamente constituyen suficiente motivo para preocupar a todo el mundo sobre el destino de la humanidad si se continúa la práctica destructiva que nos enseñaron los que ahora protestan.
El tema es delicado porque dentro del movimiento mundial de ecologistas, existe un grupo de fanáticos cuya única propuesta sólo se satisface con la paralización de toda actividad productiva. Los hemos visto pronunciarse contra la construcción de represas y embalses que modifiquen las condiciones naturales del terreno; contra los dragados y las canalizaciones que varíen el lecho natural de las aguas; contra el uso de petróleo que contamina; contra los cultivos que utilizan químicos para fumigación y fertilización; contra los detergentes que contaminan; y así la lista es interminable, abarcando todas las actividades de transformación de riqueza natural en fuente de trabajo para la población.
Con una postura casi religiosa, se han escuchado voces en contra del uso de animales en pruebas de laboratorio para el desarrollo de medicamentos que pueden salvar vidas humanas, o en contra de investigaciones que descubran misterios en áreas que impiden resolver graves problemas humanos. Hay quienes ni siquiera permiten transfusiones, aunque la vida del paciente dependa de ello, porque lo consideran antinatural.
La buena noticia es que el ingenio humano permite complementar la producción de bienes y servicios con un adecuado tratamiento al ambiente si se le dedica a esta actividad el conocimiento y la tecnología que requiere, logrando la sostenibilidad de los procesos. Ya no hay que descartar los proyectos si cumplen con normas razonables de cuidado evitando el riesgo ambiental, de modo que el desarrollo económico pueda continuar. La madera puede utilizarse si se extrae el árbol con el compromiso de reforestar y se asegura que éste se cumpla rigurosamente; el petróleo si en su manejo se presta especial atención a evitar la contaminación y los químicos en la agricultura si se aplican en proporciones controladas.
Por ello debemos tener cuidado en la forma como planteamos el manejo ambiental, procurando siempre velar por el ambiente sin paralizar el desarrollo. No podemos exigir a la humanidad que permanezca en la miseria sin alimentos suficientes y vida digna porque algunos desconozcan que se puede armonizar el desarrollo con el ambiente y prefieran mantener una vida contemplativa que nos remonte a la Edad de Piedra. Generalmente los que así piensan ya tienen resuelto su problema de subsistencia y exigen a los demás unas reglas que ellos mismos no cumplieron.
El tema es delicado porque dentro del movimiento mundial de ecologistas, existe un grupo de fanáticos cuya única propuesta sólo se satisface con la paralización de toda actividad productiva. Los hemos visto pronunciarse contra la construcción de represas y embalses que modifiquen las condiciones naturales del terreno; contra los dragados y las canalizaciones que varíen el lecho natural de las aguas; contra el uso de petróleo que contamina; contra los cultivos que utilizan químicos para fumigación y fertilización; contra los detergentes que contaminan; y así la lista es interminable, abarcando todas las actividades de transformación de riqueza natural en fuente de trabajo para la población.
Con una postura casi religiosa, se han escuchado voces en contra del uso de animales en pruebas de laboratorio para el desarrollo de medicamentos que pueden salvar vidas humanas, o en contra de investigaciones que descubran misterios en áreas que impiden resolver graves problemas humanos. Hay quienes ni siquiera permiten transfusiones, aunque la vida del paciente dependa de ello, porque lo consideran antinatural.
La buena noticia es que el ingenio humano permite complementar la producción de bienes y servicios con un adecuado tratamiento al ambiente si se le dedica a esta actividad el conocimiento y la tecnología que requiere, logrando la sostenibilidad de los procesos. Ya no hay que descartar los proyectos si cumplen con normas razonables de cuidado evitando el riesgo ambiental, de modo que el desarrollo económico pueda continuar. La madera puede utilizarse si se extrae el árbol con el compromiso de reforestar y se asegura que éste se cumpla rigurosamente; el petróleo si en su manejo se presta especial atención a evitar la contaminación y los químicos en la agricultura si se aplican en proporciones controladas.
Por ello debemos tener cuidado en la forma como planteamos el manejo ambiental, procurando siempre velar por el ambiente sin paralizar el desarrollo. No podemos exigir a la humanidad que permanezca en la miseria sin alimentos suficientes y vida digna porque algunos desconozcan que se puede armonizar el desarrollo con el ambiente y prefieran mantener una vida contemplativa que nos remonte a la Edad de Piedra. Generalmente los que así piensan ya tienen resuelto su problema de subsistencia y exigen a los demás unas reglas que ellos mismos no cumplieron.