Amenaza con acento francés
La profundización del enfrentamiento palestino-israelí continúa generando una extensa cobertura en la prensa internacional. De este modo, el deterioro de la situación en Medio Oriente proyecta sus odios más allá de la región. Europa Occidental ha venido asistiendo al aumento significativo del número de atentados antisemitas cometidos por agentes locales supuestamente identificados con los reclamos palestinos. En Francia, la situación es alarmante: entre octubre de 2000 y comienzos de 2002 se produjeron más de 400 incidentes que convierten al país en el de más alto índice de violencia antisemita en Occidente.
La situación tiene su epicentro en los suburbios de París donde coexisten los residentes musulmanes (mayoritariamente originarios del norte de Africa) y los judíos parisinos. Estos últimos suman 350.000 personas (del total de 700.000 judíos franceses), en tanto que los musulmanes sobrepasan los seis millones. La violencia abarca una amplia gama de hechos: incendios de templos e instituciones judías (18 sinagogas destruidas por el fuego en los dos últimos años); interrupción de servicios religiosos; destrozos en cementerios israelitas; pintadas antisemitas; ataques físicos contra dirigentes y religiosos; y amenazas de muerte a personalidades representativas de la colectividad. La cantidad de los ataques, su diversidad, constancia y la existencia de un único "blanco" (la colectividad judía) revelan un patrón de comportamiento que la opinión pública francesa parece no reconocer como tal.
Un ejemplo de esta inacción se dio en Créteil, cuya sinagoga fue atacada dos veces en el curso del año. Para repudiar el hecho y solidarizarse con las víctimas se realizó una manifestación a la cual asistió un minúsculo grupo de dirigentes y ciudadanos franceses no judíos. Simultáneamente, las autoridades municipales convocaron a una concentración donde omitieron toda referencia a los atentados vandálicos y aprovecharon la oportunidad para atacar al gobierno israelí.
Cualquier surgimiento antisemita resulta en sí mismo grave como para generar alarma. Sin embargo, el cuadro se torna aún más complejo cuando las autoridades responden pasivamente o con indiferencia ante la verificación de la tendencia. Tanto la oficina del premier socialista Lionel Jospin, como la poderosa presidencia (en manos del conservador Jacques Chirac), niegan el surgimiento del fanatismo antisemita. Según el Centro Simon Wiesenthal (cuyo informe "Antisemitismo en Francia 2002" acaba de ser publicado), la inacción de los órganos políticos "acentúa la sensación de abandono de la colectividad judía". Coincidiendo con el informe, el académico Eric Marty señaló en una columna periodística publicada por Le Monde: "es preocupante la falta de una posición clara por parte del gobierno señalando que nada justifica la terrorización de los residentes judíos". Por su parte, en declaraciones reproducidas en el Jerusalem Post, Shimon Samuels (director del Centro Wiesenthal en París) expresó que "es ensordecedor el silencio de la clase política francesa ante la gravedad de la situación".
La actitud francesa de minimizar o negar el resurgimiento antisemita es preocupante. La habilidad del Estado francés para responder con eficacia al fanatismo está condicionada al reconocimiento que haga previamente de la amenaza. En primer lugar, resulta imperativo admitir el incremento de la violencia dirigida contra la comunidad israelita local y sus instituciones representativas. En segundo lugar, es necesario evitar la justificación de los ataques "entendiéndolos" como derivados "naturales" del deterioro de la situación en Medio Oriente. Tercero, el creciente desacuerdo diplomático que existe entre Francia e Israel sobre la dinámica del conflicto palestino-israelí, es irrelevante a la hora de garantizar la tranquilidad y seguridad de los judíos franceses. El carácter de ciudadanos franceses de estos últimos hace inadmisible el condicionamiento de sus derechos (entre ellos, a la protección por parte del Estado) a un entendimiento político previo franco-israelí.
Dijo que impulsará la aprobación de proyectos de ley de importancia para los empresarios, como lo son: el de reestructuración financiera de empresas, el que otorga incentivos a la investigación, el desarrollo tecnológico y a la innovación. También solicitó a Asamblea Legislativa, la pronta aprobación del anteproyecto de ley, que establece el idioma inglés, como segundo idioma comercial de Panamá, y el anteproyecto de ley por el cual se adecúan las zonas procesadoras para la exportación.
Por su parte, el presidente saliente de la Cámara de Comercio, Iván Cohen, hizo un recuento de su labor, enfatizando en la constante comunicación con las instituciones estatales para apoyar e insistir al Gobierno que mantenga una política económica clara y estable.
La situación tiene su epicentro en los suburbios de París donde coexisten los residentes musulmanes (mayoritariamente originarios del norte de Africa) y los judíos parisinos. Estos últimos suman 350.000 personas (del total de 700.000 judíos franceses), en tanto que los musulmanes sobrepasan los seis millones. La violencia abarca una amplia gama de hechos: incendios de templos e instituciones judías (18 sinagogas destruidas por el fuego en los dos últimos años); interrupción de servicios religiosos; destrozos en cementerios israelitas; pintadas antisemitas; ataques físicos contra dirigentes y religiosos; y amenazas de muerte a personalidades representativas de la colectividad. La cantidad de los ataques, su diversidad, constancia y la existencia de un único "blanco" (la colectividad judía) revelan un patrón de comportamiento que la opinión pública francesa parece no reconocer como tal.
Un ejemplo de esta inacción se dio en Créteil, cuya sinagoga fue atacada dos veces en el curso del año. Para repudiar el hecho y solidarizarse con las víctimas se realizó una manifestación a la cual asistió un minúsculo grupo de dirigentes y ciudadanos franceses no judíos. Simultáneamente, las autoridades municipales convocaron a una concentración donde omitieron toda referencia a los atentados vandálicos y aprovecharon la oportunidad para atacar al gobierno israelí.
Cualquier surgimiento antisemita resulta en sí mismo grave como para generar alarma. Sin embargo, el cuadro se torna aún más complejo cuando las autoridades responden pasivamente o con indiferencia ante la verificación de la tendencia. Tanto la oficina del premier socialista Lionel Jospin, como la poderosa presidencia (en manos del conservador Jacques Chirac), niegan el surgimiento del fanatismo antisemita. Según el Centro Simon Wiesenthal (cuyo informe "Antisemitismo en Francia 2002" acaba de ser publicado), la inacción de los órganos políticos "acentúa la sensación de abandono de la colectividad judía". Coincidiendo con el informe, el académico Eric Marty señaló en una columna periodística publicada por Le Monde: "es preocupante la falta de una posición clara por parte del gobierno señalando que nada justifica la terrorización de los residentes judíos". Por su parte, en declaraciones reproducidas en el Jerusalem Post, Shimon Samuels (director del Centro Wiesenthal en París) expresó que "es ensordecedor el silencio de la clase política francesa ante la gravedad de la situación".
La actitud francesa de minimizar o negar el resurgimiento antisemita es preocupante. La habilidad del Estado francés para responder con eficacia al fanatismo está condicionada al reconocimiento que haga previamente de la amenaza. En primer lugar, resulta imperativo admitir el incremento de la violencia dirigida contra la comunidad israelita local y sus instituciones representativas. En segundo lugar, es necesario evitar la justificación de los ataques "entendiéndolos" como derivados "naturales" del deterioro de la situación en Medio Oriente. Tercero, el creciente desacuerdo diplomático que existe entre Francia e Israel sobre la dinámica del conflicto palestino-israelí, es irrelevante a la hora de garantizar la tranquilidad y seguridad de los judíos franceses. El carácter de ciudadanos franceses de estos últimos hace inadmisible el condicionamiento de sus derechos (entre ellos, a la protección por parte del Estado) a un entendimiento político previo franco-israelí.
Dijo que impulsará la aprobación de proyectos de ley de importancia para los empresarios, como lo son: el de reestructuración financiera de empresas, el que otorga incentivos a la investigación, el desarrollo tecnológico y a la innovación. También solicitó a Asamblea Legislativa, la pronta aprobación del anteproyecto de ley, que establece el idioma inglés, como segundo idioma comercial de Panamá, y el anteproyecto de ley por el cual se adecúan las zonas procesadoras para la exportación.
Por su parte, el presidente saliente de la Cámara de Comercio, Iván Cohen, hizo un recuento de su labor, enfatizando en la constante comunicación con las instituciones estatales para apoyar e insistir al Gobierno que mantenga una política económica clara y estable.