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América: El buen vecino


Soy un canadiense que piensa que es hora de sacar la cara por los americanos, las personas más generosas y posiblemente las menos apreciadas en toda la tierra. Alemania, Japón y en un menor grado Inglaterra e Italia fueron prácticamente levantados de los escombros de la Segunda Guerra Mundial. Fueron los americanos quienes donaron millones de dólares a las economías de estos gobiernos para la reconstrucción de estos países e inclusive olvidaron la deuda que muchos de ellos habían adquiridos durante esos horribles años de guerra.
Cuando Francia estaba en peligro de colapsar en 1956, fueron los americanos quienes fueron a su rescate. Su recompensa por la ayuda prestada fue una serie de manifestaciones insultos y perjurios en las calles de París. Yo estuve allí. Y lo vi con mis propios ojos.
Cuando terremotos o desastres naturales azotan a ciudades distantes como Nueva Delhi, Japón, México o Rusia, Estados Unidos corre a ayudar y socorrer las víctimas. En esta primavera 59 ciudades americanas fueron prácticamente aplastadas por tornados pero nadie de afuera ayudo.
Uno de los planes del presidente Truman fue el de inyectar con billones de dólares las economías de aquellos países que por circunstancias de la vida se habían quedado atrás del auge económico. Hoy estos mismos países critican y aborrecen a los americanos.
Me gustaría ver a uno de estos países volar sus propios aviones. Hay algún país en el mundo que tenga un avión semejante a Boeing Jumbo Jet, o al Douglas DC-10. De ser así por qué no vuelan sus propios aviones. Sólo Rusia y Francia vuelan sus propios aviones.
¿Por qué otras tierras no consideran poner sus propios hombres o mujeres en la luna? Si hablamos de la tecnología japonesa, nos dan radios, televisiones. Si hablamos de la tecnología alemana nos referimos a automóviles. Si hablamos de la tecnología americana hablamos de hombres en el espacio, no sólo una vez sino varias veces regresando a la tierra sanos y salvo.
Están quebrando leyes canadienses, están quitándole dinero a papá y a mamá para gastarlos aquí. Cuando los ferrocarriles de Francia, Alemania e India se fueron deteriorando a través de los años, fueron los americanos quienes lo reconstruyeron. Pero cuando los ferrocarriles de Pensilvania y la Central de Nueva York se fueron a la banca rota, nadie ayudo.
Me atrevo a decir que se pueden contar con los dedos de la mano las veces que otras nacionalidades hayan acudido a socorrer a los americanos. Sin embargo la ayuda americana al mundo es diaria y continua. Me atrevería a decir que no hubo ayuda extranjera en el último terremoto de San Francisco.
Nuestros vecinos han enfrentado el problema solos y siempre han salido adelante. Soy un canadiense que está cansado de las críticas mundiales de las cuales son víctimas los americanos. Por defender a lo que nadie se atreve defender, por dar cuando nadie puede dar o se niegan a dar.
Los americanos saldrán delante de este monstruoso problema, poniendo su bandera bien en alto. Y cuando lo hagan estarán en la capacidad de pasarles la cuenta a los países que se han regocijado en estos momentos difíciles que viven. Sólo espero que Canadá no sea uno de ellos. Siéntete orgullosa América.

101 años de Panamá América

 
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