“América, un grito de esperanza”
Los Estados Unidos de América fueron definidos en el comienzo de su historia por sus padres fundadores, como un país en donde se le daba una nueva oportunidad al ser humano. Esta fue la gran importancia histórica de su Constitución. La igualdad de condiciones fue señalada como un punto central del evangelio de la nueva democracia. Cuando nacieron los Estados Unidos de América como un país independiente, estaba planteada la igualdad de oportunidades como la aspiración interna de esa sociedad. Hoy esa igualdad es la aspiración de todos los países, sobre todo de Panamá. Podemos decir con orgullo que Panamá no solo por eso se siente solidaria de las naciones de América Latina y el Caribe sino también de todas las que en Europa, en África o en Asia, aspiran a un nuevo tratamiento y a un nuevo comportamiento del orden político y económico mundial. Hoy, América Latina y el Caribe aspiran, como punto esencial de su identidad histórica, a la independencia económica. Esto es cierto en todos los países de este Continente, cualesquiera que sean los regímenes políticos o las circunstancias del momento. Desean igualmente participar dentro del cuadro de consideraciones y decisiones del mundo. Tenemos plena conciencia de que no podemos ser excluidos de las decisiones internacionales, ni que tampoco puede existir un equilibrio internacional sano del mundo sin nuestra presencia.
Esto lo queremos hacer cada vez más en el orden práctico. Porque estamos cada vez más conscientes de que en el pasado privó la retórica y ahora se impone la acción coherente y la lucidez del pensamiento.
Queremos saludar a los Gobiernos y pueblos de nuestro Continente Americano con palabras viejas, pero con nuevas esperanzas. Nos parece que la más sana evocación histórica nos pone en los labios unas palabras de Walt Whitman, el más grande poeta de los Estados Unidos. Whitman dijo, “América es un grito de esperanza humana”.
La Constitución que dio nacimiento a los Estados Unidos de América, además de ser un conjunto de reglas que ordenaban la conducta de una sociedad y de un país, fue un canto a la libertad. Esta nota esencialmente resonante fue la que le dio fuerza espiritual en todo el mundo al conjunto de libertades que se proclamaron en un texto definido y escrito.
La elección de Barack Obama “la Gran Esperanza”, como Presidente de los Estados Unidos de América (galardonado con el Premio Nobel de la Paz 2009), y su presencia en la Casa Blanca, es una feliz ocasión para valorizar la dignidad de los países y respaldar una nueva perspectiva de la oportunidad entre las naciones. ¡La salvación del hombre vuelve a estar en la esperanza y ningún país ni ningún pueblo pueden salvarse sin esta fuerza del espíritu!