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Amor, siempre amor


Me fascina almorzar en la terraza de mi casa; lo hago lentamente porque no quiero dejar de admirar lo que está alrededor mío. De pronto pasa un pájaro volando y se instala en el arbusto que está en la parte baja de la loma. Su compañera no tarda y en unos cuantos minutos se une a su parejo. Todo eso me hace revivir mi pasado amoroso. Por muchísimos años almorzando juntos; yo siempre fui la meticulosa; me gustaba esto pero no lo otro; y él era quien terminaba con todo y por más de cincuenta años todos se sentían felices porque yo dizque comía muy bien. No lo hacía pero gozaba viendo a Chito (q.e.p.d.), darse gusto con su parte y la mía.

Yo creo, sin embargo, que el clímax del momento no era la comida sino estar juntos amándonos siempre; hablar sobre el pasado pero disfrutando el presente.

Toda esa fuerza que produce el amor es lo que me mantiene repartiendo cariño a mis tres hijas, a mis nietos, y al resto de la familia. Es tan placentero amar que yo no lo cambiaría por nada en este mundo.

Lo recibí de mis padres y de mis hermanos y jamás olvidaré que cuando se nos presentaba un problema los tres mayores, de los ocho que éramos, se reunían con mis padre y mi abuela y con sus sonrisas sabíamos cuando todo se había resuelto.

Algunas veces pienso que de los ocho que éramos yo fui la de mejor suerte pero mis hermanos dicen que no es así; que todos fuimos criados de la misma manera y seguimos la cosecha de los buenos sembradores; don Arturo, doña Ernestina y la abuela doña Gertrudis Madrid.

De lo que yo estoy segura es; la familia está cosechando lo que nuestros padres y abuela sembraron y regaron por muchísimo tiempo. En honor a ellos dedico este artículo.

101 años de Panamá América

 
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