Amores que matan
Por años, la atracción de inversión extranjera ha sido una política sostenida del Estado panameño. Parte de un modelo que busca la divisa extranjera, o lo que otros llaman "dinero fresco", ha ido expresando su presencia en el país en distintas actividades de la economía, pero nunca antes con el impacto que registra actualmente. En el turismo o la construcción; o en la adquisición de bienes, por ejemplo, sus bondades se comienzan a sentir con fuerza. Boquete es un ejemplo.
Pero como la felicidad no llega sola, estos amores traen aparejados algunos aspectos que las autoridades y nuestros economistas deben comenzar a considerar para su normativa o, de lo contrario, pueden producir efectos que luego lamentaremos. Entre estos últimos están los que producen en nuestro costo de vida la presencia de inversionistas procedentes de latitudes cuyos ingresos superan significativamente el promedio local. Por ejemplo, en este país se construyen inmuebles cuya calidad los sitúa a nivel de selectas plazas europeas y norteamericanas. Tanto que no pocos son los compradores que en esos países ven con asombro los ventajosos precios de éstos respectos a los que ellos conocen. Un metro cuadrado de piso en Panamá, relativamente similar a los de esas plazas, resulta más económico.
Se trata, sin embargo, de precios que no resultan asequibles para el mercado corriente de Panamá. Algunos dirán, "pero es que no son para panameños, sino para el mercado internacional". Cierto, pero... ¿y los efectos sobre nuestra economía? ¿La forma como contribuyen a elevar los costos a los que está hecho el mercado local?
¿No es cierto acaso que tales costos no corren parejo al poder adquisitivo local? Es un tema que nuestros economistas deben analizar, y nuestras autoridades a buscarle salida, porque de lo contrario podríamos tener, en los próximos años, a cómodos inversionistas extranjeros viviendo en un paraíso, y a nacionales desesperados por ver dónde construyen áreas que no sean blanco de estos amores que matan.
La carga de azúcar morena tenía como destino el muelle 6, en Balboa, como parte de un embarque de que viajaría hacia Estados Unidos.
Curiosamente Aparicio había querido prevenir un accidente y a eso de las 2:00 de la mañana se detuvo en Loma Campana a descansar. Retomó el viaje a las 7:00 y poco después ocurrió el suceso.
Los familiares de las dos personas fallecidas, al igual que de los heridos que viajaban en el bus 121 de la ruta La Chorrera-Panamá, deben contar con el apoyo económico de la Agencia de Seguros S.A. (ASSA).
Eliécer Montenegro presidente de la Sindicato de Conductores de La Chorrera, aseguró que el autobús accidentado tiene un seguro contra terceros y otro que protege a los pasajeros, lo que es una ley.
Luego del accidente del año pasado, en la autopista Arraiján-La Chorrera el seguro es obligatorio.