Ampliación: cantinfladas y mojigaterías
HEMOS manifestado, públicamente, que no es posible detractarnos entre los propios panameños y tratarnos -cosa no difícil de advertir en los debates públicos- como si aquí, en este terruño, sólo existiese una cueva de ladrones. Por alguna razón, cada vez que escucho a los detractores del "sí" opinar que en lo que toca o corresponde a dicho tema, aún no existe la claridad y transparencia debida y que la población está dudando de poner en manos de políticos corruptos tantos millones de dólares para la ampliación, me planteo esta gran interrogante: ¿Tendremos siempre que dudar de la verticalidad o la capacidad, de la honestidad y decencia de nuestros propios hombres y mujeres que nos gobiernan? Se ha dicho, del mismo modo, que de aprobarse la ampliación, el presidente Torrijos buscará de inmediato la reelección del mandato. Quede claro que el propio Presidente Torrijos ha dicho no tener interés alguno en la reelección. Sin embargo, han venido vendiendo, de modo persistente y hasta maquiavélico, el mensaje de que se trata de un plan del PRD como partido gobernante. Debo advertir, en aras de la seriedad mayúscula que se merece nuestro pueblo, que se le han dicho muchas mentiras a nuestra gente y dentro de ella se encuentran importantes cordones de la población que las creen porque están desorientados, llenos de incertidumbre, plagados de inseguridad. No pocos detractores del "Sí" se han montado, luego, en el caballo de la pobreza y como buenos jinetes de un negro Apocalipsis cabalgan diciéndole al pueblo que el gobierno del Presidente Torrijos es el culpable de la suma de todos los pecados de esta nación, de los del pasado, del presente y también de los del futuro. Creemos que la ampliación es buena para el país. No se trata de una panacea o de una fórmula que se prepara en un tubo de ensayo, sino de las realidades de las matemáticas, de las proyecciones propias de la economía política y de las políticas económicas de nuestro Estado. Y entiéndase que cuando a los interlocutores del discurso de la negación se les lleva al plano de la realidad evaden, inteligente o acomodaticiamente, la dialéctica propia de los hombres de letra y de ciencia, para decantar entonces en una sarta de estribillos y cintillos propios de la demagogia como, por ejemplo, el llegar a decirle al pueblo que el día 22 de octubre "vote como quiera votar o como se le antoje votar" sin mayor orientación o posibilidad de reorientación. El problema, luego, no consiste en que hayan defensores del "sí" y defensores del "no". Si, en fin, también hemos dicho que ello es esencial al libre juego de las ideas democráticas -disenso democrático-, pero, no es lo mismo salir con cantinfladas y mojigaterías y de esta manera divertir al pueblo, que orientar o hablar con altura, decencia, seriedad, ciencia y arte, en el decir de las cosas. Sí, aún aquellas que se quieran decir, pero que al menos tengan apariencia de verdad, de objetividad, de convencimiento, sin que por ello tengamos que traficar la mentira, el engaño, la diatriba, el irrespeto, la calumnia y la injuria. Tampoco, que se trafique con la honra ciudadana para pervertirla con verdades a medias.
Nuestra defensa por el "sí" a la ampliación del Canal tiene un fundamento patriótico. No es que los que defienden el "no" sean menos patriotas que nosotros o menos nacionalistas. Lo que queremos enfatizar es que cada argumento que han esgrimido los detractores del "sí" se derrumba, pero de modo tan fácil, como es el caso de que para así hacerlo basta con recurrir al contenido de la propia lógica que dicen imprimirle a sus aserciones. Cuando el debate por la ampliación del Canal de Panamá empieza, en nuestro país, a adquirir dimensiones de agenda diaria y de permanente debate en el acontecer nacional, recordamos que algunos conspicuos y brillantes juristas, economistas y sociólogos del país señalaron que la propuesta de ampliación publicada estaba plagada de errores, yerros numéricos, planteamientos errados de la política de estrategia nacional para el desarrollo integral del Estado; que no obedecía a las realidades del comercio marítimo internacional, etcétera y más etcétera. Hoy, cosas veredes, exigen que la Ley No.28 de 18 de julio de 2006 -sobre transparencia en el manejo de la ampliación del Canal- debió anexar dicha propuesta. Recordamos que tras esos señalamientos empezaron, inmediatamente, sin dejar de hacer fila, los más publicitados dirigentes o líderes de la oposición a lanzar sus petardos y misiles. Primero, algunos de ellos, señalaron que no tomarían definiciones de partido y que eso quedaba a la libertad de conciencia de cada cual y ahora han salido a advertir, luego de más de dos meses, que harán un pronunciamiento público en torno a cuál será la línea de tal o cual partido político de oposición. Y ello sin dejar de mencionar que propios dirigentes de esos partidos han manifestado, de modo público, que apoyan la ampliación del Canal, entre ellos una Ex Presidenta del Estado. Y he allí el quid ius del escenario de cosas que se nos presente en el país: Una dirigencia carente de auténticos líderes de opinión política, social, económica, etc. Dirigentes que se mueven al compás del péndulo. Lo que nosotros hemos calificado como el carácter pendular del ser nacional, el antiguo corsi et recorsi: ir y venir. Ayer, cuando se aprobaron los Tratados Torrijos Carter, los actuales detractores del "sí" emplearon los mismos argumentos que hoy enarbolan, como por ejemplo: "Que se hipoteca a la nación"; "Que se grava al pueblo perpetuamente a la esclavitud y a estar bajo la égida del coloso yanqui"; "Con esos tratados se entroniza a la nación en un síndrome de pobreza y de muerte"; "Que el país está gobernado por una partida de maleantes y de ladrones"; "Que los tratados son una gran mentira"; "Que estamos viviendo una pantomima de democracia"; "Que es mentira que los pobres cuenten"; "Que los tratados fueron una gran entrega del país y de su principal recurso"; "Hay que decir no al entreguismo canalero"; etc. Sin embargo, un pueblo, los que salieron a votar dijeron "Sí" a dichos tratados y hoy, merced a ellos y a una reforma constitucional, todo el pueblo panameño, su población adulta, puede definir el destino de ese gran recurso hídrico: o avanzamos o retrocedemos. El reto está planteado. Cuando de cosas de la Patria se trata hay que declinar el color o el bando político para anteponer los altos y caros intereses de la nación.
(stekrakri@hotmail.com)
Los panameños nos hemos sentido orgullosos del éxito del canal panameño, que ha sido reconocido internacionalmente y que ha ofrecido a todos los panameños beneficios económicos, antes insospechables y cada vez mayores.
Nos hemos llenado la boca con el rescate de nuestra soberanía, con nuestra capacidad de administrar el canal de manera más eficiente, más segura y más rentable de la que logró la administración norteamericana. ¿Y para que?
¿Para ahora dejarlo languidecer y disminuirse por no tener el coraje de hacerle frente a la responsabilidad heredada y al reto de resolver la crisis de capacidad que nos restriega en la cara las limitaciones lógicas de un canal que tiene cien años, que estamos exprimiendo en su capacidad física mucho más allá de lo que previó su diseño, y que no podrá resistir por mucho tiempo la presión del tráfico marítimo que aumenta de manera dramática por la explosión del comercio internacional?
La Autoridad del Canal de Panamá, tan pronto asumió Panamá la administración del canal, estudió la situación del canal, identificó el serio problema de capacidad que se nos viene encima, sobre lo cual el mundo marítimo ha venido haciendo enérgica advertencia, y con sentido de responsabilidad ha presentado su propuesta.
¿Podemos los panameños atrevernos a desaprovechar la ventana de oportunidad de invertir en nuestro principal recurso nacional, para mejorarlo en beneficio de todos los panameños y de sus futuras generaciones?
¿Nos echarán en cara nuestros hijos y nietos que por pusilánimes y por desconfiar de nuestra propia capacidad, o por egoísmos políticos, dimos la espalda a la responsabilidad que el mundo nos ha encargado y regalamos nuestra mejor oportunidad a la competencia?
Nuestra defensa por el "sí" a la ampliación del Canal tiene un fundamento patriótico. No es que los que defienden el "no" sean menos patriotas que nosotros o menos nacionalistas. Lo que queremos enfatizar es que cada argumento que han esgrimido los detractores del "sí" se derrumba, pero de modo tan fácil, como es el caso de que para así hacerlo basta con recurrir al contenido de la propia lógica que dicen imprimirle a sus aserciones. Cuando el debate por la ampliación del Canal de Panamá empieza, en nuestro país, a adquirir dimensiones de agenda diaria y de permanente debate en el acontecer nacional, recordamos que algunos conspicuos y brillantes juristas, economistas y sociólogos del país señalaron que la propuesta de ampliación publicada estaba plagada de errores, yerros numéricos, planteamientos errados de la política de estrategia nacional para el desarrollo integral del Estado; que no obedecía a las realidades del comercio marítimo internacional, etcétera y más etcétera. Hoy, cosas veredes, exigen que la Ley No.28 de 18 de julio de 2006 -sobre transparencia en el manejo de la ampliación del Canal- debió anexar dicha propuesta. Recordamos que tras esos señalamientos empezaron, inmediatamente, sin dejar de hacer fila, los más publicitados dirigentes o líderes de la oposición a lanzar sus petardos y misiles. Primero, algunos de ellos, señalaron que no tomarían definiciones de partido y que eso quedaba a la libertad de conciencia de cada cual y ahora han salido a advertir, luego de más de dos meses, que harán un pronunciamiento público en torno a cuál será la línea de tal o cual partido político de oposición. Y ello sin dejar de mencionar que propios dirigentes de esos partidos han manifestado, de modo público, que apoyan la ampliación del Canal, entre ellos una Ex Presidenta del Estado. Y he allí el quid ius del escenario de cosas que se nos presente en el país: Una dirigencia carente de auténticos líderes de opinión política, social, económica, etc. Dirigentes que se mueven al compás del péndulo. Lo que nosotros hemos calificado como el carácter pendular del ser nacional, el antiguo corsi et recorsi: ir y venir. Ayer, cuando se aprobaron los Tratados Torrijos Carter, los actuales detractores del "sí" emplearon los mismos argumentos que hoy enarbolan, como por ejemplo: "Que se hipoteca a la nación"; "Que se grava al pueblo perpetuamente a la esclavitud y a estar bajo la égida del coloso yanqui"; "Con esos tratados se entroniza a la nación en un síndrome de pobreza y de muerte"; "Que el país está gobernado por una partida de maleantes y de ladrones"; "Que los tratados son una gran mentira"; "Que estamos viviendo una pantomima de democracia"; "Que es mentira que los pobres cuenten"; "Que los tratados fueron una gran entrega del país y de su principal recurso"; "Hay que decir no al entreguismo canalero"; etc. Sin embargo, un pueblo, los que salieron a votar dijeron "Sí" a dichos tratados y hoy, merced a ellos y a una reforma constitucional, todo el pueblo panameño, su población adulta, puede definir el destino de ese gran recurso hídrico: o avanzamos o retrocedemos. El reto está planteado. Cuando de cosas de la Patria se trata hay que declinar el color o el bando político para anteponer los altos y caros intereses de la nación.
(stekrakri@hotmail.com)
Los panameños nos hemos sentido orgullosos del éxito del canal panameño, que ha sido reconocido internacionalmente y que ha ofrecido a todos los panameños beneficios económicos, antes insospechables y cada vez mayores.
Nos hemos llenado la boca con el rescate de nuestra soberanía, con nuestra capacidad de administrar el canal de manera más eficiente, más segura y más rentable de la que logró la administración norteamericana. ¿Y para que?
¿Para ahora dejarlo languidecer y disminuirse por no tener el coraje de hacerle frente a la responsabilidad heredada y al reto de resolver la crisis de capacidad que nos restriega en la cara las limitaciones lógicas de un canal que tiene cien años, que estamos exprimiendo en su capacidad física mucho más allá de lo que previó su diseño, y que no podrá resistir por mucho tiempo la presión del tráfico marítimo que aumenta de manera dramática por la explosión del comercio internacional?
La Autoridad del Canal de Panamá, tan pronto asumió Panamá la administración del canal, estudió la situación del canal, identificó el serio problema de capacidad que se nos viene encima, sobre lo cual el mundo marítimo ha venido haciendo enérgica advertencia, y con sentido de responsabilidad ha presentado su propuesta.
¿Podemos los panameños atrevernos a desaprovechar la ventana de oportunidad de invertir en nuestro principal recurso nacional, para mejorarlo en beneficio de todos los panameños y de sus futuras generaciones?
¿Nos echarán en cara nuestros hijos y nietos que por pusilánimes y por desconfiar de nuestra propia capacidad, o por egoísmos políticos, dimos la espalda a la responsabilidad que el mundo nos ha encargado y regalamos nuestra mejor oportunidad a la competencia?