Ampliación del Canal y rentabilidad
Hasta ahora, hemos apoyado el concepto de la ampliación del Canal, aunque no conocemos en detalle el resultado de los estudios que se adelantan. De la información que recibimos de gente cercana al proyecto, concluimos que gran parte de las obras ya han sido ejecutadas con fondos del mismo Canal, como es el caso de la profundización del Lago Gatún y el ensanche de Corte Culebra. Lo que falta es poco, las tinas que reciclarán el agua y el llamado tercer juego de esclusas, que se juzga la alternativa menos costosa y menos complicada. Las tinas, paralelas a la vía, evitarán las inundaciones mayores, tan temidas por los campesinos de la Cuenca.
Nos dicen los ingenieros que conocen los planos, que dichas tinas no son nada complicadas y están al alcance de empresas panameñas. Tampoco las esclusas, que se fabricarán afuera y se armarán en el sitio. El tiempo y el costo son cosa calculada y conocida, aunque se está aun en la fase de evaluar las alternativas técnicas que se consideran en tres distintos países que compiten entre sí. Lo más novedoso es una esclusa deslizable, que no requiere brazos hidráulicos ni de ninguna otra naturaleza.
El financiamiento, lo hemos dicho antes, tampoco es problema. El país no se endeudará porque el Canal tiene recursos de sobra; y un ligero aumento adicional ayudará aún más a reasegurar la ampliación. Son tan vastos los excedentes de dinero actuales, incluso los proyectados durante la ejecución de la obra, que el Gobierno seguirá percibiendo los mismos o más gruesos aportes de la vía.
La mayor interrogante, sin embargo, es delicada. Varias empresas, incluyendo una norteamericana, como con una bola de cristal, están calculando hacia el futuro la factibilidad comercial de la obra y la rentabilidad de la inversión, versus otras alternativas, como la de no hacer nada, e invertir los excedentes en bonos del Tesoro Americano, por ejemplo. Las respuestas ya están llegando y son evaluadas. En su momento, se nos asegura, todo será divulgado. Pero aun no están listas.
No es fácil anticipar el comportamiento de la demanda naviera y su preferencia en el futuro de entre las distintas alternativas con las que Panamá compite, ni lo que está dispuesta a pagar.
Lo que es cierto es que, si no ampliamos la vía, los Post-Panamax no pasarán, por más barato que sea el peaje. Y la alternativa de mover cientos de contenedores por tierra, es más riesgosa, demorada y costosa, que si cruzaran la vía en el mismo buque. Por lo pronto, hay que esperar.
Nos dicen los ingenieros que conocen los planos, que dichas tinas no son nada complicadas y están al alcance de empresas panameñas. Tampoco las esclusas, que se fabricarán afuera y se armarán en el sitio. El tiempo y el costo son cosa calculada y conocida, aunque se está aun en la fase de evaluar las alternativas técnicas que se consideran en tres distintos países que compiten entre sí. Lo más novedoso es una esclusa deslizable, que no requiere brazos hidráulicos ni de ninguna otra naturaleza.
El financiamiento, lo hemos dicho antes, tampoco es problema. El país no se endeudará porque el Canal tiene recursos de sobra; y un ligero aumento adicional ayudará aún más a reasegurar la ampliación. Son tan vastos los excedentes de dinero actuales, incluso los proyectados durante la ejecución de la obra, que el Gobierno seguirá percibiendo los mismos o más gruesos aportes de la vía.
La mayor interrogante, sin embargo, es delicada. Varias empresas, incluyendo una norteamericana, como con una bola de cristal, están calculando hacia el futuro la factibilidad comercial de la obra y la rentabilidad de la inversión, versus otras alternativas, como la de no hacer nada, e invertir los excedentes en bonos del Tesoro Americano, por ejemplo. Las respuestas ya están llegando y son evaluadas. En su momento, se nos asegura, todo será divulgado. Pero aun no están listas.
No es fácil anticipar el comportamiento de la demanda naviera y su preferencia en el futuro de entre las distintas alternativas con las que Panamá compite, ni lo que está dispuesta a pagar.
Lo que es cierto es que, si no ampliamos la vía, los Post-Panamax no pasarán, por más barato que sea el peaje. Y la alternativa de mover cientos de contenedores por tierra, es más riesgosa, demorada y costosa, que si cruzaran la vía en el mismo buque. Por lo pronto, hay que esperar.