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Ampliación y alpinismo de generaciones


EN LAS CIENCIAS que tienen que ver con la cuestión histórica ha quedado comprobado, debidamente, que el azar y lo casual no son tales y que siempre hay elementos referidos a la causalidad, aunque no necesariamente advertibles, que explican los hechos y acontecimientos que para un pueblo van forjando su historia. En ese sentido, bueno es reconocer que una alta comprensión del movimiento histórico tuvo el extinto General Omar Torrijos Herrera cuando, a propósito de lo que algunos historiadores y filósofos han llamado nuestra tercera independencia normatizada en los Tratados Torrijos-Carter, llegó a señalar que nuestra liberación nacional fue resultado de un alpinismo generacional. No tenemos la menor duda que, desde el mismo instante en que entró a regir el oprobioso convenio canalero de 1903, aparecieron dignos y valerosos patriotas que se destacaron como fidedignos interlocutores de la causa de un pueblo como el nuestro que nunca desmayó para conseguir erradicar la humillación que implicaba la presencia de un enclave colonial en nuestra entraña patria y recuperar nuestro canal para ponerlo al servicio del desarrollo de nuestro país y los panameños. Tampoco albergamos la menor duda para considerar y ponderar a patriotas de extraordinario fuste intelectual como Eusebio A. Morales, Guillermo Andreve, Narciso Garay, Harmodio Arias Madrid (conocido como un constructor de instituciones democráticas y defensor del interés nacional), al Gral. José Remón Cantera quien acuñó aquella frase lapidaria en nuestra historia patria: "Ni millones ni limosnas, queremos justicia"; a Don Roberto Chiari, presidente de la dignidad nacional; así como también estimar la acción patriótica de muchas generaciones como la del 9 de enero de 1964, y que de seguro, de estar con nosotros, no debitarían en darle un voto favorable a la ampliación del Canal ya que, en vida, siempre lucharon para que Panamá, como único titular de su posición geográfica y del Canal, se sirviera de los beneficios que produce esta condición con que nos favoreció la divina providencia: nuestra posición geográfica.
Como ejemplo de lo anterior, citamos este pasaje histórico: Para el 15 de diciembre de 1961, el entonces Presidente de los Estados Unidos John Fizgerald Kennedy recibe a Don Ricardo Chiari, quien era a la sazón portador de una carta del Presidente Don Roberto F. Chiari a través de la cual le requerían o solicitaban un nuevo tratado sobre el Canal. Cuando el Presidente Kennedy lee la carta, le pregunta a Don Ricardo Chiari: ¿Por qué los panameños quieren un nuevo tratado?, a lo que Don Ricardo le contestó, entre otras respuestas, lo siguiente: "Nosotros, los panameños, demandamos la abrogación total del Convenio de 1903 para que el beneficio de nuestras riquezas naturales que consisten, sobre todo, en nuestra posición geográfica, nos beneficien a nosotros mismos".
Esta aspiración última es, sin lugar a dudas, la que hoy moviliza a todo un conjunto social, al país entero, a las grandes mayorías nacionales, a decirle en cuantitividad mayoritaria un "sí" favorable a la ampliación del Canal y, como resulta histórico y lógico, se trata de una aspiración que contiene los elementos objetivos que nos conducirán al nuevo país de las justas oportunidades a las cuales aspiramos todos los panameños.
Luego, entonces, el proyecto de ampliación y su aprobación por el pueblo panameño constituye una nueva fase de ese alpinismo generacional que siempre ha tenido como objetivo fundamental el desarrollo nacional. El 22 de octubre el país vivirá un momento histórico trascendental. No se trata de una elección más, sino de un evento donde "mi voto", "tú voto", "el de nosotros" o "el de vosotros" marcaran la diferencia entre el hoy y el mañana, entre dejar las cosas como están y que continúen empeorándose o asumir la dirección correcta trasuntando los caminos del progreso hacia el país nuevo al que aspiramos los panameños.
No se trata, simplemente, de ensanchar por ensanchar el Canal, sino que en el proceso de construcción de esta obra se siembran las bases objetivas para que, entre varios fines y propósitos nobles, entre ellos el más importante: que nuestro Canal no pierda actualidad y vigencia manteniendo su competitividad, pero, por otro lado, hacerlo que nuestro Canal sea más rentable de tal suerte que los beneficios vía excedentes que se transfieren al estado panameño sean destinados al mayor beneficio colectivo de la nación. Es en este contexto que el tercer juego de esclusas tiene un poderoso impacto en la vida de los panameños, a tal punto que el sólo anuncio del proyecto ha tenido las fuerzas para inducir, a su vez, procesos que tienen que ver con la inversión extranjera y nacional como fuente generadora de empleos y, además, un plan agresivo de formación y capacitación laboral para suplir las necesidades del mercado de trabajo.
Somos del criterio, tal vez como nunca antes en nuestra institucionalidad democrática se había observado, que los panameños tenemos el poder de decidir, no quienes nos van a gobernar, sino el de asumir la dirección del control de nuestro propio futuro en tanto que, con nuestro voto, vamos a decidir sobre un bien inalienable que la conciencia colectiva, no por casualidad, quiso que quedara plasmado en nuestra Constitución que el único facultado para probar o improbar la ampliación lo fuera el pueblo, único protagonista fundamental de la gran lucha nacionalista que erradicó el enclave colonial y nos devolvió nuestra plena capacidad de administrar el Canal como legítimo y único propietario del mismo.
La cita el domingo con el referéndum constituye una obligación moral para con nosotros mismos y la patria: Se trata de una cuestión de invaluable y fundamental trascendencia histórica.

101 años de Panamá América

 
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