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Analogía del barrio


Como muchos profesionales panameños, provengo de un barrio. Me críe en el corregimiento de Santa Ana y viví allí hasta entrada mi vida adulta. Esto no sólo me enorgullece, sino también me hace valorar más las cosas de la vida. No me refiero a lo material, sino más bien a lo menos tangible.
Muchos poetas, escritores y músicos se han referido a la vida cotidiana del pueblo. Pero tal como decía ese virtuoso chelista, Yo Yo Ma, en una entrevista; "Sólo comprendes la fuerza de la Obertura 1812 cuando visitas y te imaginas lo que la inspiró".
Periódicamente visito a mis viejos amigos del barrio y comparto con ellos agradables ratos. Contrario a lo que piensan algunos, allí también existe gente de bien. Profesionales de diversas disciplinas, odontólogos, maestros, economistas, abogados, etc. También viven excelentes técnicos, entre ellos, tapiceros, carpinteros, mecánicos, etc. Sin embargo, lo que nos hace diferentes es que allí a nadie le interesa lo material ni se sobre dimensionan los logros de tu amigo de infancia. Era tu amigo y ahora esté en la buena o en la mala, sigue siendo tu amigo. Simplemente se trata a todos de igual y el que haya tenido menos suerte en la vida o bien escogió el camino más fácil al inicio, pero difícil, ahora tampoco se siente disminuido dentro del grupo. En la calle donde me crié (y aún viven mis padres) todo el mundo siente la alegría o la pena del vecino. Todo el mundo celebra o bien sufre con los amigos de siempre. Es una verdadera comunidad y así conozco otros lugares en nuestro país.
Comparando todo lo relatado con nuestros gobiernos me pregunto, ¿por qué si el gobierno es de todos los panameños y debe ser el ejemplo promulgando igualdad, existe desigualdad en el trato a panameños comunes y corrientes. ¿Por qué apenas se llega al gobierno sólo existe un grupo de escogidos y el resto deja de ser importante? En el barrio escuchaba una anécdota de un tapicero que decía, "Cuando a mí me va bien con un buen "camarón", a mi negra y mis pelaos les va bien". Contrario a lo que piensen los que llegan al poder, su casa es Panamá. Y de ellos depende que a todos en este país nos vaya bien. De ellos depende la seguridad, la educación, la salud, el crecimiento económico a través de generación reales de empleos, el incentivo al turismo y lo más importante desde mi punto de vista la atracción de la inversión extranjera.
No es sólo discursos y retórica, son hechos y cosas medibles los que necesita Panamá. Este país de gente noble, pacífica, alegre y trabajadora necesita de un gobierno capaz y digno de nuestro pueblo. Requerimos de gobernantes que además del talento tengan el deseo de dejar un país en pleno desarrollo al finalizar su término. No se trata de un trabajo fácil, lo sabemos, pero para eso aceptaron el reto de dirigir la nave del Estado. ¡Señores, si no pueden sean honestos con ustedes mismos, renuncien!
No critico al gobierno de turno sino a todos por igual. No eres menos panameño por no pertenecer a un partido político o discrepar con la directriz política del gobierno. Los proyectos en ejecución por el anterior gobierno se retrasan sólo porque eran del Toro y no de Mireya. ¿Qué clase de insensatez es ésta? Acaso no es el trabajo del gobierno velar por el bienestar de todos los panameños? ¿Manejarían así una empresa privada? Estas actitudes generan inconformidad y dan malos mensajes al ciudadano común y corriente. Debe el pueblo aprender que el Estado no es el responsable de darle trabajo en oficinas públicas a todos. Sin embargo, sí es el responsable de generar las fuentes de empleo. Por eso en su equipo de trabajo debe de existir gente capaz y que piensen como panameños, no como miembros de un partido político. Señores políticos, sepan que esto también es discriminación.
Todavía están a tiempo de finalizar su término con una buena gestión gubernamental. Es sólo definir prioridades e implementar un plan realista que sea ejecutado a la mayor brevedad posible. Por favor, cambien la mentalidad desviada de políticos y retornen a sus raíces como ciudadanos comunes y corrientes. Recuerden que Panamá somos todos. Tal vez entiendan mejor lo que vive el pueblo si viviesen los problemas de alimentación o sostenimiento económico que tiene la madre soltera, el campesino, el jubilado y el técnico sin trabajo, en carne propia. Sigan el ejemplo de visitar al pueblo y tendrán una mejor idea de lo que vive el ciudadano común, tal como Yo Yo Ma logró apreciar lo que inspiró a Tchaikovsky al escribir la Obertura 1812.

101 años de Panamá América

 
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