Anarquía en lo más mínimo
No es un hecho excepcional, sino conducta común. Durante varios años se han ensayado distintas maneras para evitar los congestionamientos vehiculares en la ciudad capital. Una de ellas, pintar de amarillo calles que, a fuerza de costumbre, fueron convertidas en estacionamientos improvisados, por lo tanto, en estorbos al tráfico.
Las autoridades han insistido en pintar y repintar esas áreas, pero una y otra vez aparecen estacionados en fila numerosos autos. El problema gravita en torno a la incapacidad física de la urbe, pese a lo cual no deja de ser cierto que la situación podría ser más llevadera si conductores y autoridades respetaran e hicieran respetar la ley.
Existen reglas para ser respetadas por todos, pero sucede exactamente lo contrario. El hombre es dado a violentar aquellas que norman sus acciones, por lo que el Estado posee mecanismos y personal para hacerlas cumplir. En otras naciones, autos mal estacionados son removidos por grúas oficiales y llevados a corrales de donde sus propietarios deben retirarlos previo el pago de una multa.
En Panamá, al parecer, tal conducta es difícil, no sólo porque molestos conductores insultarán al policía que se atreva a mover sus vehículos, sino porque de alguna manera se comprará el favor para no aplicar la sanción al infractor. He aquí un aval a la anarquía de quienes no respetan las normas pacíficas de convivencia.