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Anatomía de una crisis


En los últimos 20 años la Reserva Federal norteamericana había ejercido como política anti-recesiva reducir las tasas de interés para estimular el consumo. Las consecuencias directas fueron una población que consumía más, pero financiaba este consumo en base a un endeudamiento casi permanente. Como las tasas de intereses eran muy bajas, y la tendencia del mercado era el financiamiento al consumo, los bancos procedieron a agrupar estas deudas y venderlas como valores comerciales a sus inversores. El deseo de hacer dinero estaba sobre la realidad. No importaba quiénes eran los deudores, sino el volumen de la deuda.

Desde hace poco más de 10 años, otro grupo de especuladores (la OPEP y las petroleras) comenzaron a especular con el petróleo ante la realidad de una producción petrolera menguante. Se especulaba con valores comerciales que sustentaban sus precios en proyecciones de demanda contra una producción en descenso. Este mercado especulatorio empujó al precio de los derivados de petróleo, y desencadenó una inflación a escala global. Por primera vez en Panamá llegamos a una inflación de dos dígitos.

Hace algunos meses pronostiqué que la inflación terminaría cuando se desencadenará una recesión a escala global. Pero el pronóstico fue incompleto: la debilidad financiera de los norteamericanos era tan grave, que la inflación y el debilitamiento del dólar los llevo en sólo algunos meses a una condición de incapacidad de pago: el ciudadano norteamericano dejo de pagar sus hipotecas, por que sencillamente su capacidad adquisitiva disminuyó demasiado con la inflación y ya no podía seguir endeudándose. Cundió el pánico en Wall Street. Cuando muchos pensamos que el fenómeno recesivo tomaría algunos años, en sólo semanas los bancos fueron cayendo como fichas de dominós. Ya nadie niega la recesión.

¿Quién tendrá la responsabilidad de la recesión? ¿La reserva Federal con sus medidas anti-recesivas ó los banqueros que engañaron a sus propios inversores creando valores ficticios? ¿El Estado que flexibilizó demasiado al mercado o los que se aprovecharon de la flexibilización para hacer más dinero? Cuando escuchamos de los millonarios planes de rescate para salvar las instituciones financieras, no podemos dejar de preguntarnos, ¿quién rescató al obrero norteamericano que perdió su vivienda hace sólo algunos meses? ¿Es que acaso tenemos que dejar caer en los que poco tienen para salvar a los que mucho poseen? Como dijo el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos, "las ganancias son privadas, las pérdidas son públicas".

La experiencia de esta última crisis nos ha dado claras enseñanzas sobre el capitalismo, y la función del Estado en la economía. Aquellos que promulgaban que la disminución del Estado y la total libertad económica llevaría al bien común, se estrellaron ante la realidad humana: la avaricia carece de límites.

101 años de Panamá América

 
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