Angela : una educadora ejemplar
La historia de Panamá en sus cien años de vida republicana, en buena parte está asociada al progreso de la educación nacional. La educación ha sido el resultado de las circunstancias y condiciones económicas, políticas y sociales que le ha correspondido vivir a esta nación istmeña pero, más que una consecuencia, ha sido un factor decisivo en el perfeccionamiento de la identidad nacional, la soberanía y el avance hacia los ideales de justicia social y de prosperidad económica y cultural.
La educación es una construcción social a cargo de personas muy concretas, que desde los hogares, las aulas de clases, la dirección de los planteles educativos, las posiciones administrativas y políticas del sector y del gobierno en general, configuran lo que hoy reconocemos como sistema educativo.
En esta obra humanista fundamental, mujeres y hombres extraordinarios han tomado una posición inalterable. Hay páginas doradas que se han escrito y están por escribirse de las sagas heroicas de educadores y educadoras que han hecho de su profesión una misión de coraje, dedicación, solidaridad y sabiduría, para derrotar la ignorancia, la pobreza y la incomprensión, que tanto daño produce en nuestro pueblo.
La Dra. Angela Arrue tiene su página legítimamente ganada en los anales de la historia de la educación panameña. Armada de una singular inteligencia, sensibilidad social, incuestionable vocación docente y capacidad creadora, Angela supo siempre asumir un papel destacado en la formación de nuevas generaciones de docentes, así como de agentes de cambios educativos.
La conocí personalmente a partir de 1973, cuando cursé un programa de postgrado en administración y planificación de la educación, en el ICASE, Universidad de Panamá, institución que ella dirigía con gran acierto. La búsqueda de un enfoque que llevara a los participantes de ese programa a relacionar la teoría y la práctica, planteó un desafío en esa institución que alteró el esquema tradicional de la clase frontal, convertida en un ritual de trasmitir información, para pasar a un modelo pedagógico de causalidad circular que se denominó acción- reflexión -acción.
Este modelo significó un cambio de paradigma y de roles de los actores directos: docentes, participantes (estudiantes) y personal administrativo. El centro de gravitación cambió de la enseñanza al aprendizaje, de la memorización mecánica, al aprendizaje significativo, del estudiar para pasar el curso, al aprender para comprender y actuar en la realidad educativa.
Angela fue gerente de nuevo corte. Ella dirigía, pero enseñaba y también aprendía de todas las personas. Su capacidad de organización, de integrar equipos de trabajo, fomentar el aprendizaje continuo, generar respuestas creativas a los problemas complejos, de evaluar procesos y resultados, promover la participación, fascinó a quienes nos formábamos y luego llegamos a trabajar en esa institución.
También alertó a los formadores nacionales y extranjeros, acerca del uso de otro estilo y otra visión de hacer educación. Ese estilo le ha caracterizado en los cargos que ha ocupado posteriormente en el sector educativo, como Asesora del Ministro de Educación, Vicerrectora de la Universidad del Istmo y Vicepresidenta del Consejo de Rectores, en donde se ha desempeñado de manera incansable, con igual compromiso, dedicación y eficiencia.
Angela como profesional ha sido una docente global. Ha sabido como pocas educadoras estar a la vanguardia de los enfoques y corrientes pedagógicas de su tiempo y aplicarlas a la realidad educativa. Su concepción integral de la educación le permitió tempranamente, entender que existe una relación estrecha entre educación y sociedad, de allí su preocupación constante por conocer los fenómenos nacionales e internacionales y trabajar por el mejoramiento del entorno social y económico nacional y local, en el que funciona el sistema educativo. Su afán de impulsar innovaciones, fomentar la calidad de los aprendizajes, asegurar pertinencia de los procesos educativos, es parte del caudal que atesora su carrera docente, que ha compartido abiertamente con las nuevas generaciones de estudiantes, docentes y especialistas con las que ha trabajado.
Angela es una gran profesional pero, sobre todo, una excelente amiga. Ella ha hecho de la amistad y la lealtad un baluarte fundamental de su existencia. Por eso a sus amigos y amigas les comprende, sirve, respeta y quiere. Las personas que como yo han trabajado y compartido con la Dra. Angela Arrue, muchos momentos de sus vidas, reconocemos que hemos sido privilegiados con el don de su amistad y la generosidad de sus enseñanzas.
La educación es una construcción social a cargo de personas muy concretas, que desde los hogares, las aulas de clases, la dirección de los planteles educativos, las posiciones administrativas y políticas del sector y del gobierno en general, configuran lo que hoy reconocemos como sistema educativo.
En esta obra humanista fundamental, mujeres y hombres extraordinarios han tomado una posición inalterable. Hay páginas doradas que se han escrito y están por escribirse de las sagas heroicas de educadores y educadoras que han hecho de su profesión una misión de coraje, dedicación, solidaridad y sabiduría, para derrotar la ignorancia, la pobreza y la incomprensión, que tanto daño produce en nuestro pueblo.
La Dra. Angela Arrue tiene su página legítimamente ganada en los anales de la historia de la educación panameña. Armada de una singular inteligencia, sensibilidad social, incuestionable vocación docente y capacidad creadora, Angela supo siempre asumir un papel destacado en la formación de nuevas generaciones de docentes, así como de agentes de cambios educativos.
La conocí personalmente a partir de 1973, cuando cursé un programa de postgrado en administración y planificación de la educación, en el ICASE, Universidad de Panamá, institución que ella dirigía con gran acierto. La búsqueda de un enfoque que llevara a los participantes de ese programa a relacionar la teoría y la práctica, planteó un desafío en esa institución que alteró el esquema tradicional de la clase frontal, convertida en un ritual de trasmitir información, para pasar a un modelo pedagógico de causalidad circular que se denominó acción- reflexión -acción.
Este modelo significó un cambio de paradigma y de roles de los actores directos: docentes, participantes (estudiantes) y personal administrativo. El centro de gravitación cambió de la enseñanza al aprendizaje, de la memorización mecánica, al aprendizaje significativo, del estudiar para pasar el curso, al aprender para comprender y actuar en la realidad educativa.
Angela fue gerente de nuevo corte. Ella dirigía, pero enseñaba y también aprendía de todas las personas. Su capacidad de organización, de integrar equipos de trabajo, fomentar el aprendizaje continuo, generar respuestas creativas a los problemas complejos, de evaluar procesos y resultados, promover la participación, fascinó a quienes nos formábamos y luego llegamos a trabajar en esa institución.
También alertó a los formadores nacionales y extranjeros, acerca del uso de otro estilo y otra visión de hacer educación. Ese estilo le ha caracterizado en los cargos que ha ocupado posteriormente en el sector educativo, como Asesora del Ministro de Educación, Vicerrectora de la Universidad del Istmo y Vicepresidenta del Consejo de Rectores, en donde se ha desempeñado de manera incansable, con igual compromiso, dedicación y eficiencia.
Angela como profesional ha sido una docente global. Ha sabido como pocas educadoras estar a la vanguardia de los enfoques y corrientes pedagógicas de su tiempo y aplicarlas a la realidad educativa. Su concepción integral de la educación le permitió tempranamente, entender que existe una relación estrecha entre educación y sociedad, de allí su preocupación constante por conocer los fenómenos nacionales e internacionales y trabajar por el mejoramiento del entorno social y económico nacional y local, en el que funciona el sistema educativo. Su afán de impulsar innovaciones, fomentar la calidad de los aprendizajes, asegurar pertinencia de los procesos educativos, es parte del caudal que atesora su carrera docente, que ha compartido abiertamente con las nuevas generaciones de estudiantes, docentes y especialistas con las que ha trabajado.
Angela es una gran profesional pero, sobre todo, una excelente amiga. Ella ha hecho de la amistad y la lealtad un baluarte fundamental de su existencia. Por eso a sus amigos y amigas les comprende, sirve, respeta y quiere. Las personas que como yo han trabajado y compartido con la Dra. Angela Arrue, muchos momentos de sus vidas, reconocemos que hemos sido privilegiados con el don de su amistad y la generosidad de sus enseñanzas.