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Angustioso clamor indulgente


La situación imperante en las cárceles panameñas se agrava cada día más. Los reclusos extranjeros en la cárcel La Joyita han dirigido una carta abierta a los embajadores de las repúblicas de Belice, Colombia, Costa Rica, Chile, Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Jamaica y Perú, la cual transcribo a los lectores. Excelencias: Los rotativos matutinos de información de la nación, los radioperiódicos y los telenoticieros de las diferentes cadenas han hecho un singular despliegue difusivo de la flagrante violación de los derechos inalienables del hombre y de los atropellos a la dignidad humana, que han venido sufriendo, insensible e irracionalmente, los presos extranjeros del centro penal La Joyita de Panamá.
Tal ha sido la magnitud de este fenómeno que aún estando este centro de concentración nazi (no de rehabilitación) en un inaccesible lugar e incomunicado del mundo exterior, ha logrado rebasar la limitante que mantenía al interno, en el más execrable olvido y logrado por fin despertar la atención de organismos nacionales e internacionales, entre otros, la Defensoría del Pueblo y Derechos Humanos.
Han sido tantos y tan evidentes los casos violatorios de los más elementales principios de la decencia, pudor, respeto y dignidad de los reclusos, que pensamos con la más absoluta certeza, que no escapa de sus conocimientos y por obvia deducción lógica, que han sido ustedes también enterados de los sufrimientos, desmanes y ultrajes que somos objeto, producto de los yerros de una policía de seguridad absolutamente inepta, cobarde y prepotente, como de un sistema penitenciario arcaico, obsoleto y retrógrado que, anclado en el pasado, duerme en profundo letargo, un irreal y fantasioso sueño de indolencia e ignominia, contraviniendo flagrantemente, renovadas innovaciones penitenciarias, implantadas orbitalmente con la desconcertante excepción de Panamá.
Se ha divulgado la más decisiva e irreversible declaratoria de huelga de hambre, en promulgación hecha por la prensa hablada y escrita del país, para que nuestras demandas exigiendo trato decente, educado, buena y sana alimentación, rehabilitación y servicios de salvo (médico y odontológico) se nos administre adecuada, solícita y oportunamente; y que más vale morir con dignidad, que vivir en la más absoluta desvergüenza.
Son sobre sus hombros donde descansa la delicada y completa misión de ayudar a sus compatriotas en esta nación donde con acierto, desempeñan la representación diplomática de nuestros países, pero aún son más merecedores de esta indulgente y misericordiosa actitud sus connacionales, presos en el más absoluto abandono, lejos de su familia, enfrentando toda suerte de vicisitudes, mal alimentados y enfermos y sin la más remota posibilidad de ser rehabilitados, ni recobrar la libertad a corto plazo, porque el sentimiento xenófobo que impúdicamente deja entrever el sistema judicial panameño, ha alentado a los jueces de nuestras causas para que se nos apliquen las máximas penas contempladas en el Código Penal por el simple hecho de ser extranjeros.
Conscientes que nuestros países no han suscrito con Panamá ninguna alianza de repatriación, instrumento éste catalogado como una de las más eficaces e infalibles formas de rehabilitación y absolutamente conscientes también, que se nos deniega todo beneficio indulgente, ni tenemos derecho a la 1/3 parte de rebaja de pena y libertad condicional por general consenso y en la más recalcitrante unidad de criterio, nosotros, sus compatriotas, amigos y hermanos les rogamos en arrodillada súplica, que, a través de la oficina de representación legal de sus despachos, gestionen ante el Ministerio de Gobierno y Justicia de Panamá, se nos otorgue la libertad una vez cumplamos las 2/3 partes de nuestra sentencia igual que se hace universalmente. Mimetizandola tras una rebaja de pena, con la facultad que la Constitución Política de Panamá en su artículo No.179, numeral 12, otorga discrecionalmente al Ejecutivo nacional, y se nos deporte a nuestra patria, máxime que la lejanía de nuestros padres, esposas e hijos, la carencia de una voz amiga que nos consuele y aliente en una hipotética visita, que jamás recibimos, el sobresaturado hacinamiento y el inhumano trato que recibimos, nos hace sentir doblemente la larga pena que purgamos.
Los ánimos se han caldeado, la situación es delicada, la desesperación de los reclusos se ha desbordado, la capacidad del interno se ha agrietado y la perentoria solución a estos inextricables entuertos, por parte del gobierno istmeño, insoluble, por el agobio de la interminable cadena de escándalos de corrupción, ineptitud presidencial, desgobierno y falta de presupuesto económico, para conjurar la grave crisis. Una petición, en tal sentido, de robustecidos argumentos y convincente concepción sería una válvula de escape que el gobierno aceptaría, aunque a regañadientes, para neutralizar la ola de escándalos que lo sacude y amenaza seriamente con sanciones internacionales a instancia de organismos de derechos humanos, persecutores implacables de estas inquisidoras y despóticas prácticas gubernamentales. ¡Ahora o nunca!

101 años de Panamá América

 
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