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Animal de costumbre


No logro asimilar, al menos me resisto hacerlo, la facilidad con que un alto porcentaje de los ciudadanos de mi país, no solamente aceptan, sino que tratan de emular todo acto o acción de desacato a las leyes y reglamentos que, para la convivencia pacífica, han sido instituidos desde el inicio de la República.
Algunos empresarios inescrupulosos, no obstante, hacen los descuentos de ley a sus empleados, no envían los pagos correspondientes a la Caja de Seguro Social, no solamente perjudicándolos en cálculos futuros para su jubilación, sino en las coberturas de prestaciones de salud para toda su familia. Adicional al perjuicio causado al personal, aparece el virus de corrupción, tanto de patronos, como de funcionarios del Seguro Social, quienes en deshonesto concubinato, previo pago de "coimas", proceden a borrar la morosidad de los primeros, en detrimento de las finanzas de la institución.
La Ley de Incentivos a las Exportaciones, sanamente ideada en procura de captación de divisas, además de promover fuentes de empleos, también se ha visto desvirtuada, al prostituirse la presentación de documentos probatorios del valor de las exportaciones, para la obtención de los llamados CAT (Certificados de Abonos Tributarios).
El pago del impuesto de placa o circulación de vehículos a motor, no se escapa de la vorágine de irresponsabilidad ciudadana. Según cifras divulgadas por los diferentes municipios del país, el porcentaje de automóviles que transitan sin haber cubierto el impuesto, es preocupante, no sólo por el déficit en las arcas municipales, sino por la resistencia a acatar las leyes correspondientes.
Las señales del tránsito vehicular son ignoradas por completo; rótulos con leyendas de alto, ceda el paso, despacio escuela, disminuya la velocidad, paso de peatonales, no doble a la izquierda o a la derecha, una sola vía, etc., parecieran significar todo lo contrario de lo que indican. Los puentes peatonales son ignorados por los beneficiarios a riesgo de sus propias vidas.
Los semáforos que, controlados electrónicamente fueron diseñados, supuestamente, para dirigir científicamente el flujo vehicular, no están cumpliendo a cabalidad con sus programadas funciones, debido a la creciente agresividad de los conductores de toda clase de autos. La luz roja ya no es garantía de alto total, al menos así lo deja ver un grupo de conductores irresponsables. Algunas licencias de conducir vehículos a motor son obtenidas, según recientes noticias en los diarios, sin cumplir los más mínimos requisitos de seguridad vial, por el pago de cierta suma de dinero a supuestos preparadores de conductores.
Los buses colegiales y colectivos son conducidos en forma desordenada, sin respeto a las leyes, ni acuerdos con las autoridades en cuanto al volumen de los equipos de música, presencia limpia y seguridad del vehículo, manejo responsable y conducta apropiada de los conductores. Ni los dueños, ni los llamados palancas, hacen esfuerzo alguno para cambiar de actitud. Todo esto parece indicar una tendencia, cada vez más generalizada, de imitar lo malo y lo feo de los demás, obviando o ignorando, lo bueno de nuestros semejantes.
Criticamos la irresponsabilidad de los demás, sin embargo no dudamos en saltarnos una luz roja; en cruzar el paso a los demás conductores, cerrar la salida de los estacionamientos, pasar sobre la hierba y jardines en las isletas para cortar camino, sin tomar en consideración el daño a un bien público.
Se dice que los animales actúan por costumbres o instintos; y, al observar el comportamiento de los hombres y mujeres de mi país, imitando con facilidad asombrosa lo ilegal, lo injusto, lo incorrecto, lo inapropiado, no puedo menos que aceptar que, igual que los primeros, somos animales de costumbre.

101 años de Panamá América

 
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