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Aniversario tripartito


IGNACIO de Loyola, Francisco Javier y Pierre Favre, dos santos y un beato. Todas las congregaciones religiosas de varones y de mujeres tienen sus santos y sus beatos. No nos vamos a poner ahora a comparar quiénes tienen más que otros como si se tratara de una carrera.
Los santos, beatos, venerables y siervos de Dios pertenecen a la Iglesia universal. Es como los estudiantes aventajados, son aventajados no importa el plantel de donde salieron, es verdad que el plantel y sus métodos habrán ayudado y facilitado ese desarrollo. Por tanto, estos santos y sus aniversarios justamente se celebran en estas fechas.
En un tiempo las canonizaciones y las beatificaciones eran raras y como quien dice sometidas a unos severos escrutinios. Aparentemente las canonizaciones en el Papado de Juan Pablo II fueron numerosas. Pero, de todas maneras, la Compañía de Jesús ha contado en sus filas con varones extraordinarios. Y entre esos tenemos, fuera del Fundador, el vasco Iñigo de Loyola, el fuera de serie, Francisco Javier, y el místico saboyano Pierre Favre (Pedro Fabro). Nosotros aprovechamos la fiesta de Ignacio de Loyola para "per modum unius" exteriorizar nuestro regocijo compartiéndolo con los "amigos" de los jesuitas de Panamá.
Sucede un fenómeno real con las amistades y exalumnos de los jesuitas y es que los que actualmente se encuentran en las obras jesuitas, son gente nueva y con la rotación y los traslados que por obediencia y por necesidad de las obras de los distintos miembros que otrora prestaron servicios, la mayoría cerca del Señor, otros con asignaciones en otro sitio, muchos exalumnos y antiguos amigos, se sienten alejados, pues no conocen a los actuales y recuerdan aquellos que fueron sus profesores o fueron sus consejeros espirituales o amigos.
Es costumbre que te pregunten por ¿qué se hizo Cameno?, ¿qué me dices de Arroyo, Medrano, Roque Iriarte, el Padre Echarri, el Hermano Campos, Vadillo el de las Ferias de los años sesenta, de feliz recuerdo, el Padre Yurramendi, el Padre Carlos Sosa, el Padre Nicanor Ramos, y de otros que también son recordados, aunque abandonaron ya el arado. Por tanto, ("cum autem sublatus fueris ab oculis, etiam cito disppares a mente"), en cuanto te lo quitas de la vista con misma velocidad, te lo borras de la mente, Carranza, Navascués, los hermanos Padres Martínez y Gorrochátegui quien de vez en cuando deja sus raíces vascuenses para renovar sus lazos panameños periódicamente. Es curioso ese movimiento de recuerdos de miembros de la Compañía de Jesús, que vienen y van. Las cercanías y lejanías. Nos tocó a cada uno vivir en una época y somos agradecidos por haber vivido en ellas.
En los sesenta años que he vivido en torno a la actividad de los jesuitas en Panamá, rica ha sido la historia y muchos los recuerdos, la mayoría de ellos agradables. Desde los tiempos del Padre Antonino Atucha, quien ayudó a muchas familias tanto espiritual como materialmente y la parroquia de San Francisco ciudad, hoy Casco Viejo, cuando hablaba por la Radio Teatro Estrella de Panamá con su "Hora Católica de Panamá" en la que participaban coros de las voces de hoy ilustres matronas, unas vivas otras ya difuntas, y en la que se esforzaba el sacerdote por tratar de hacer algo a favor de la instrucción y la evangelización de la grey panameña en la fe católica, luego las actividades piadosas en el templo, donde según el estilo de la época, desfilaban oradores de las Siete Palabras, como Manuel de Maguregui, Roque Iriarte, Tomás Vicente, Mariano Diez, el Padre Barón, Teófilo Aldaz con su Coro Eucarístico complementado con el apoyo musical de la señorita Xenia Duque Gómez. El mes del Sagrado Corazón de Jesús, donde a pesar de que tampoco asistía mucha gente, se tenía el mes con rezos y cantos y prédicas que no dudo, que de aquellos esfuerzos apóstolicos quedan como semillas de los frutos de fe católica que comprobamos hoy. Las misas dominicales en que el Colegio de La Salle ocupaba las bancas del templo en la misa de 7:30 a.m. donde asistíamos uniformados de azul marino con el cuello afuera distintivo del colegio. Eso y más fue San Francisco y de allí surgió el Colegio Javier en las instalaciones que otrora ocupara el Colegio de Señoritas Panamá School. Esa es la estela más o menos brillante de los hijos de Ignacio en la Historia popular contemporánea de Panamá.
"Si la planta no tiene la cantidad de agua determinada se tienen que asumir altos costos de electricidad, de químicos y de operadores", explicó.
Carias manifestó que el IDAAN está buscando alternativas para que la planta de tratamiento de aguas residuales arranque.
Adelantó que planean construir una colectora de un kilómetro de extensión que se extendería desde Balboa hasta la entrada de Amador para que las aguas que salen de sectores como Balboa y La Boca, lleguen a la planta.
Los moradores aseguran que esta situación se ha convertido en su dolor de cabeza porque los olores son insoportables, más cuando llueve.

101 años de Panamá América

 
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