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Annus horribilis chilensis


Analista político chileno y editorialista de El Mercurio AIPE
Yo, al igual que todos los chilenos, también estoy veraneando, pero muy infeliz: las perspectivas no pueden ser peores. Este ser un "annus horribilis chilensis", en economía y en política. El más difícil en década y media.
Nuestro Presidente no se ha dado cuenta: dice que las turbulencias asiáticas "en algún momento nos afectarán", cuando ya se ha desvalorizado el peso en diez por ciento en un mes y las exportaciones de este año pueden caer entre dos mil y tres mil millones de dólares. Y para añadir inestabilidad política a la incertidumbre económica, su gobierno apoya un plebiscito inconstitucional, un verdadero golpe de Estado, para suprimir uno de los mecanismos estabilizadores de la Constitución, que es garantía de los derechos en Chile.
Y en el Banco Central se han vuelto locos. Para impedir que suba el dólar han desarrollado una política monetaria enajenada, que de un da a otro triplicó las tasas de interés. Por supuesto, la medida no pudo sostenerse.
Pero el crédito se paralizó. Una vez más, chilenos rompiendo el termómetro para bajar la fiebre. El mismo Banco Central anuncia que se mantiene la meta de inflación para este año, 4,8 por ciento. Algunos privados le creen, cuando ya es evidente que los solos efectos de la devaluación arrasaron con esa meta. En cambio, el remedio evidente, incentivar la entrada de dólares, no se aplica. La primera medida del Banco Central debió ser la supresión del encaje a los créditos externos.
Como los factores propiamente económicos se presentan tan desfavorables, la Democracia Cristiana decide ayudar con incertidumbre política: sus diputados someten a una acusación abiertamente inconstitucional al general Augusto Pinochet. Y su senador Lavandero va más allá: forma un movimiento para no sólo impedir la presencia de Pinochet en el Senado, sino para hacer los demás cambios constitucionales que permitan reemplazar el modelo económico, todo mediante un plebiscito que es inconstitucional.
Como es responsabilidad expresa de las Fuerzas Armadas y Carabineros velar por el respeto a la Carta Fundamental, y se está gestando un atropello flagrante a la misma, no les queda otro camino que convocar al Consejo de Seguridad Nacional para hacer ver el atentado en gestación. Y si no tienen éxito, deberán tomar las medidas para impedir el golpe de Estado en ciernes. Podemos imaginar el efecto de esas noticias sobre la imagen de seriedad y estabilidad del país, sobre la confianza de los inversionistas externos y también locales y, por consiguiente, sobre el precio del dólar y la inflación.
Queridos feligreses y estimados lectores de esta columna: el año se presenta con toda suerte de anticipos negativos para los chilenos. Reitero: recrudecer la inflación, vendrá un severo ajuste, habrá turbulencia política. Esa es la mala noticia.
La buena es que, como estas cosas no suelen durar sólo un año, en 1999, en que habrá elección presidencial, los chilenos, ya sufriendo de lleno sobre sus bolsillos las consecuencias de los disparates, se sentirán muy proclives a decirle de una vez por todas "¡fuera!" a la inepta Concertación que nos gobierna.

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