Año nuevo, vida nueva
FELIZ 2006 A todos. Los que gracias a Dios pudimos llegar a esta nueva fecha del calendario humano. Año nuevo, vida nueva decimos. Es una frase que encierra una sugerencia , una invitación a cambiar para progresar, no para anclarnos en la sabrosa rutina de la inamovilidad y en la repetición de que hasta ahora se ha hecho así sigamos por ahí, aunque sepamos que no está bien.
"Enséñanos a llevar buena cuenta de nuestros años para que adquiramos un corazón sensato (Salmo 90,12).
El hombre, ser temporal, no siempre se lleva bien con el tiempo. El animal que somos ajusta mejor los ojos a la luz, los pulmones al aire, los pies a la tierra que nuestro ser más espiritual a su entorno.
El familiar e inadvertido equilibrio animal que somos puede ser perfecto aún en persona inmadura. Impuntuales a la cita del tiempo que os emplaza, podemos vivir ajustados somáticamente. La sicología estudia cronopatías o distonías entre tiempo cronológico y sicológico. El sentido común recoge desajustes entre edad y madurez, sea para el "repelente niño Vicente", para el joven que "ya va siendo hora de que asiente su cabeza" o para el que intenta coger su "último tren" o el "viejo verde", ridículo aventurero a deshora. Si desarrollarse se asemeja al avance de las distintas alas de un ejército -lo motórico, lo intelectivo, lo afectivo , lo social, lo sensitivo- tales alas no siempre van a la par. Alguien crece en lo intelectivo, se atasca en lo afectivo o descuida lo motórico. Nos encontramos con gentes impasibles ante el hecho religioso , ya madura en años, pero con el traje de primera comunión; o el caso de sacerdotes que riñen desde el púlpito a fieles que avanzaron más que ellos en una fe personal y comprensiva de la pobreza humana y la grandeza divina".
El autor que leo hace estas ponderaciones refiriéndose estrictamente y más que nada al proceso del crecimiento religioso. Mi pretensión es menos profunda.
Año nuevo, vida nueva, decimos cuando más bien con el año nuevo la vida que hemos llevado más bien se está volviendo vieja. Lo que quisiéramos decir es que nos queremos sentir más nuevos contra viento y marea, con más optimismo, aun cuando ya vemos que siempre tenemos "más de lo mismo". Hay que aprovechar el tiempo que nos queda para renovarnos espiritualmente; no abandonarnos a la deriva como quien no tiene esperanza y más bien se encajona en la rutina como algo inevitable y fatal.
"Tenemos la edad que nos sentimos dentro" (James Joyce, "Retrato del artista adolescente"). Por tanto, cabe la variedad de sentimientos dentro. Unos octogenarios cronológicos, todavía se sienten adolescentes o cuidado que niños y reaccionan como tales, o reaccionamos como tales. Otros cuarentones que se sienten como octogenarios y somos gafes que siempre le vemos el lado flaco a las cosas, los planes y ejecutorias y no hacemos nada. Como le dijeron a aquél: "Si no está haciendo nada aquí, ¿porqué no lo va a hacer a otro lado?". En otras palabras, lo mejor es sentirse dentro siempre jóvenes con esperanzas y creatividad y dando margen a la relatividad de las cosas tratando de vivir cada día con la euforia necesaria para darle calidad a la vida, sumando y aportando algo.
Termino con el sicólogo de marras sobre el tema: "Acumular años no coincide con cumplirlos en verdad. Pocos años pueden ser muchos, si son cumplidos en verdad: "El justo aunque muera prematuramente, tendrá descanso, vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años; canas del hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha; Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo. se dio prisa en salir de la maldad. (Libro de la Sabiduría , 4, 7-9, 13)
Para ello hay que saber medirlos, y eso es un don; "Señor, dame a conocer mi fin y cual es la medida de mis años. Me concediste un palmo de vida , mis días son nada ante ti; el hombre no dura más que un soplo, el hombre se pasea como un fantasma, por un soplo se afana, y atesora sin saber para quien (Salmo 39, 6-7).
"Enséñanos a llevar buena cuenta de nuestros años para que adquiramos un corazón sensato (Salmo 90,12).
El hombre, ser temporal, no siempre se lleva bien con el tiempo. El animal que somos ajusta mejor los ojos a la luz, los pulmones al aire, los pies a la tierra que nuestro ser más espiritual a su entorno.
El familiar e inadvertido equilibrio animal que somos puede ser perfecto aún en persona inmadura. Impuntuales a la cita del tiempo que os emplaza, podemos vivir ajustados somáticamente. La sicología estudia cronopatías o distonías entre tiempo cronológico y sicológico. El sentido común recoge desajustes entre edad y madurez, sea para el "repelente niño Vicente", para el joven que "ya va siendo hora de que asiente su cabeza" o para el que intenta coger su "último tren" o el "viejo verde", ridículo aventurero a deshora. Si desarrollarse se asemeja al avance de las distintas alas de un ejército -lo motórico, lo intelectivo, lo afectivo , lo social, lo sensitivo- tales alas no siempre van a la par. Alguien crece en lo intelectivo, se atasca en lo afectivo o descuida lo motórico. Nos encontramos con gentes impasibles ante el hecho religioso , ya madura en años, pero con el traje de primera comunión; o el caso de sacerdotes que riñen desde el púlpito a fieles que avanzaron más que ellos en una fe personal y comprensiva de la pobreza humana y la grandeza divina".
El autor que leo hace estas ponderaciones refiriéndose estrictamente y más que nada al proceso del crecimiento religioso. Mi pretensión es menos profunda.
Año nuevo, vida nueva, decimos cuando más bien con el año nuevo la vida que hemos llevado más bien se está volviendo vieja. Lo que quisiéramos decir es que nos queremos sentir más nuevos contra viento y marea, con más optimismo, aun cuando ya vemos que siempre tenemos "más de lo mismo". Hay que aprovechar el tiempo que nos queda para renovarnos espiritualmente; no abandonarnos a la deriva como quien no tiene esperanza y más bien se encajona en la rutina como algo inevitable y fatal.
"Tenemos la edad que nos sentimos dentro" (James Joyce, "Retrato del artista adolescente"). Por tanto, cabe la variedad de sentimientos dentro. Unos octogenarios cronológicos, todavía se sienten adolescentes o cuidado que niños y reaccionan como tales, o reaccionamos como tales. Otros cuarentones que se sienten como octogenarios y somos gafes que siempre le vemos el lado flaco a las cosas, los planes y ejecutorias y no hacemos nada. Como le dijeron a aquél: "Si no está haciendo nada aquí, ¿porqué no lo va a hacer a otro lado?". En otras palabras, lo mejor es sentirse dentro siempre jóvenes con esperanzas y creatividad y dando margen a la relatividad de las cosas tratando de vivir cada día con la euforia necesaria para darle calidad a la vida, sumando y aportando algo.
Termino con el sicólogo de marras sobre el tema: "Acumular años no coincide con cumplirlos en verdad. Pocos años pueden ser muchos, si son cumplidos en verdad: "El justo aunque muera prematuramente, tendrá descanso, vejez venerable no son los muchos días, ni se mide por el número de años; canas del hombre son la prudencia, y edad avanzada, una vida sin tacha; Maduró en pocos años, cumplió mucho tiempo. se dio prisa en salir de la maldad. (Libro de la Sabiduría , 4, 7-9, 13)
Para ello hay que saber medirlos, y eso es un don; "Señor, dame a conocer mi fin y cual es la medida de mis años. Me concediste un palmo de vida , mis días son nada ante ti; el hombre no dura más que un soplo, el hombre se pasea como un fantasma, por un soplo se afana, y atesora sin saber para quien (Salmo 39, 6-7).