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¡Añoranzas de mi pueblo!


Nací hace más de 35 años en el distrito de Chitré, cabecera de la provincia más chica de este país: ¡Herrera, La Berraquera!

Gracias a Dios allí y con el pasar de los años aprendí de mis padres valores, tales como el amor al prójimo, la humildad, la perseverancia, la honestidad y, por supuesto, la identidad de todo ser humano.

Hace unos días Chitré celebró su fiesta de fundación, fiesta que denota todas las características autóctonas de un pueblo que no ha necesitado, y ojalá nunca necesite, de ningún gobierno para sobrevivir a las inclemencias del mundo globalizado; y es que sus hombres y mujeres han demostrado que la creencia en Dios y su tesón están por encima de cualquier obstáculo, sobre todo en estos momentos en que los altos costos de la vida y los déficit alimentarios están de moda, a nivel mundial.

El pasado domingo 19 de octubre me levanté con el aroma de una rica tortilla hecha en cazuela y acompañada con un bistec entomatado, pero mi nariz se dejó influenciar más por el aroma de una rosquita arenera y olor fresco de un queso en hecho en la tierra del chiste, ¡Monagrillo!, lástima que todo fue un sueño porque realmente estaba muy lejos de ese hermoso y paradisíaco lugar. Sin embargo, no desaproveché la oportunidad para explicar e ilustrar a mis pequeñas hijas, con cosas importantes, para todo ser humano, como por ejemplo: el folclore, la honestidad, la humildad y el amor a Dios, lo que sumado dan como resultado simple, la identidad del interiorano.

Gracias Chitré por esas tardes de verano e invierno que calaron en mi corazón el amor a tu suelo, gracias Dios todopoderoso por permitirme nacer en tan hermosa tierra y poder decir orgulloso a donde quiera que voy: ¡Soy Chitreano!

¡Viva Chitré y los chitreanos!

101 años de Panamá América

 
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