Ante la catástrofe, solidaridad
"Es que Uds., los panameños, son bien insolidarios". Cortésmente me observó hace tiempo, un amigo. Me sentí regañado aun cuando no pude ni intentar una respuesta defensiva, pues no había sino que aceptar esa realidad. Somos insolidarios. Y lo que es peor nos confesamos cristianos y católicos cuando lo distintivo de nuestra fe debería ser la solidaridad.
Una catástrofe que por lo visto está ocurriendo con una regularidad que asusta. Desde el Exxon Valdéz se han dado ya varios casos similares de mareas negras de petróleo derramado en el mar. Ahora ocurre en las costas de Galicia, España el 19/XII/02.
Un barco cargado con 77,000 toneladas de petróleo (fuel-oil) se partió y derramó gran parte de su contenido al mar, ocasionando un desastre ecológico, económico, social, humano etc.
Irónicamente, el nombre del barco, Prestige: Prestigio. Realce, estimación, renombre, buen crédito. Ascendencia, influencia, autoridad. Fascinación que se atribuye a la magia o es causada por medio de un sortilegio. Engaño, ilusión o apariencia con que los prestidigitadores emboban y embaucan al pueblo. Todo eso significa prestigio en la lengua que hablamos.
Al percibir la ruina que ha causado al ser humano y asumimos que involuntariamente, vemos que el nombre del barco es el menos apropiado y en su lugar podría haberse llamado Maldición o Desastre o Disaster.
No se trata de una galerna, ni de un ciclón, ni un maremoto ya que entonces diríamos que fue un acto de la naturaleza. Actus Dei. Se trata de una acción del ser humano que en su afán de hacer dinero no para mientes en las proyecciones de su proceder incauto y arriesgado, y audazmente, reta a los elementos de la naturaleza con material delicado y peligroso.
Llaman la atención, entre otras cosas, las distintas reacciones. Desde luego, alivio en medio de la desgracia ya que el barco no tenía bandera panameña aun cuando 40 de los que están en iguales condiciones que el siniestrado tienen bandera panameña. Por tanto, una advertencia.
Ahora, los altos dirigentes toman decisiones para el futuro y se habla de que deben de tener doble casco los barcos que se utilicen para estos menesteres. La precaución viene después del desastre. Después del 11 de setiembre nos piden cédula.
De lo peor, es el aprovecharse la oposición política para hacer campaña a propósito de la desgracia colectiva e irremediable. Quizás en nuestro neandertalismo politiquero sería lo más normal.
De lo mejor y extraordinario, la respuesta positiva de los afectados. Inmediatamente y del resto de las autonomías españolas que son como distintos países la acción remediadora. Y ¿por qué no? Sentimos que el gobierno español ha actuado bien aún cuando si lo hubiera hecho mejor todavía le encontrarían falta y deficiencia. De otros países europeos han venido ayuda y tecnología. Solidarios. Sobre todo impresiona que en un fin de semana largo, el puente de la Constitución, que le llaman, más de 1,000 universitarios se ofrecieron a venir a recoger la masa sórdida que resulta el fuel oil con arena, arrojado a las orillas. Ha campeado la solidaridad sin ningún entrenamiento previo, ni ensayo para la televisión, sino algo espontáneo y transparente. Y es que asimismo han actuado cuando han sucedido otras calamidades como por ejemplo cuando el Mitch en Centro América, más pronto que ligero se hicieron presentes para ayudar y los que no pudieron mandaron su ayuda material tangible. Como sucedió en la guerra de Ruanda, Burundi. Otra cosa es lo que sucedió con las reparticiones por parte de nuestros gobiernos y burocracias familiares y nepotísticas que desafortunadamente no hacen llegar la ayuda donde se necesita y se utiliza para la campaña política según la funesta praxis y credo politiquero de nuestros compatriotas y vecinos del istmo, que pregonan que hay que aprovecharse lo más que se pueda de todo mientras se está en el gobierno.
Indefinible es la impotencia de miles de seres humanos ante una marea negra de fuel oil que se acerca y que está merced de los vientos impredecibles y caprichosos de turbulentas corrientes marinas. Una marea negra que va devastando la vida animal y vegetal conforme la encuentra. ¿Cuántos años va a llevar volver a la normalidad? Cuando ve uno las aves totalmente embadurnadas de líquido negro pegajoso, las vemos insalvables. ¿Qué hacer? ¿Cuándo terminará tan larga pesadilla y del fondo del mar sigue la hundida nave enviando 125 toneladas a través de 14 grietas contrario a lo que se esperaba. No funcionó la congelación. No se sabe qué es lo que nos espera mañana. ¿Surtirá desde esas profundidades otra marea negra? Yo quisiera oír que más de lo que se ha dicho sin repetirse dirían los biólogos marinos locales, si los de allá no saben qué decir en la línea de soluciones aptas.
Estamos ante una de esas realidades donde la ciencia enfrenta la realidad critica. Y no tiene respuestas pragmáticas. Lo único hasta el momento es buscar tu cubo y comenzar a baldear arena con tóxico. Aquí volteo a ver a nuestros científicos del mar, sobre todo a los petulantes y a los que contraponen la ciencia a las actitudes de fe, a ver qué ofrecen, qué les dicen a las gentes que no sea resignación, fe, paciencia y esperanza. Aquí el pregonador científico de los preservativos no iría ofrecerlos como solución a un problema tan complejo.
La otra y final consideración sería ¿qué haríamos nosotros los panameños en una situación similar de la cual hasta el presente nos ha librado Dios? Tenemos muchas costas en el Atlántico y en el Pacífico y, sobre todo, a diario transitan tanqueros cisternas por el Canal. ¿Precauciones? Si, Dios no lo quiera, ocurriera. No quiero ridiculizar, pero no creo que campearía la solidaridad pues eso no está en nosotros. No la hemos aprendido y por otro lado eso no paga, luego no sirve. Tampoco creo que caigo en la burla si digo que indisputablemente ante una marea negra reaccionaríamos como reaccionamos, con una monumental marcha con pancartas echándole la culpa al gobierno, a la iglesia, a la derecha, a la falta de educación, a los gringos etc., trancaríamos las calles (nuestra especialidad local) y añadía otro: hasta los banqueros saldrían a trancar calles. Con el modo de proceder diario "ex communiter contingentibus" cualquier cosa pudiera suponerse y que ojalá desde luego inspirados en la fe y con la ciencia, es aconsejable que comencemos a practicar y no tanto a predicar la solidaridad que es la mejor expresión de nuestra fe cristiana.
Los senderos de piedra utilizados por los españoles aún pueden verse. Se definen calles y caminos en medio de una nutrida vida silvestre.
Mientras, en las faldas de aquel cerro, la primera cueva que visitamos permanecía repleta de murciélagos, como era de esperarse. Más adelante, en Punta Cueca, ubicamos la segunda. Allí los trabajos del INAC llevan ya varios meses. Su exploración significó el derribo de gigantescas piedras que fueron dando paso a múltiples hipótesis relativas a la existencia de importantes riquezas al fondo de la cueva.
No obstante, de lo que sí existe una teoría confirmada y, sobre todo, respetada, es "de no atentar contra la cultura indígena presente en estas áreas", según dijo Ruiloba.
El indio Plinio nos lo explicaría después. "Se enciende un tabaco cuando uno llega porque así lo pide el espíritu del español que habitó esta cueva, además se le coloca una vela verde, agua y vino", nos dijo y de inmediato agregó "tampoco se permiten chistes dentro de ella, ni beber o fumar y mucho menos relaciones sexuales".
A nuestra salida del sitio uno de los expedicionarios encendía el tabaco, tal como Plinio lo dijo. Para Menéndez Franco las cuevas tienen un "doble carácter". Son lugares naturales y militares para guardar no sólo riquezas, sino también víveres y armas.
Lo cierto es que la historia de estas tierras es aún un "gran misterio en espera de exhaustivas investigaciones". Mientras éstas concluyan, sus habitantes permanecerán en ellas como los más fieles guardianes de una época fantástica.
A pocos minutos de Playa Brava, después del pueblo de Punta Alegre, se divisa un terreno por donde los pescadores de esta región, de Garachiné y Taimatí, dicen que desciende desde la montaña, una cadena de oro. Se cuenta que en Perú se le hizo un regalo a un galeón español que llegó a Lima. La reina recibió una cadena y un ancla de oro.
El arca vino cargada con tesoros y en las costas de Patiño sufrió un ataque de piratas. Al salir mal librado, descargó la mitad del oro, el resto siguió en el galeón y éste se hundió justo en la sima de esta montaña. En noches de semana santa se le ve alumbrando.
En un morro (monte pequeño) también en las costas de Patiño, llegaron una vez unos marines norteamericanos y acordonaron el área, impidiéndole el paso a los pescadores. Trajeron helicópteros de dos hélices y se llevaron unos cañones que se dice, eran de los galeones.
Por allá por los años "70 llegó a estas costas un barco de ingleses. Algunos muchachos de entonces lo abordaron para preguntarles si querían comprar langostas. Los navegantes les mostraron un mapa y les dijeron que andaban tras tres cofres con riqueza que estaban en una cueva.
Frente al poblado de Mogocénega, en Punta La Virgen, un niño estaba pescando y sacó un pedazo de lona que se dice que cubría un millonario tesoro. Los adultos intentaron llegar al lugar para explorar, pero el pequeño se desmayó una y otra vez y los lugareños lo tomaron como una premonición y allí terminó todo. Nada más se ha sabido desde entonces.
Los indios de estas tierras hablaban inglés y francés para aliarse con los piratas y los guiaban por la espesura de la selva en contra de los españoles.
Una catástrofe que por lo visto está ocurriendo con una regularidad que asusta. Desde el Exxon Valdéz se han dado ya varios casos similares de mareas negras de petróleo derramado en el mar. Ahora ocurre en las costas de Galicia, España el 19/XII/02.
Un barco cargado con 77,000 toneladas de petróleo (fuel-oil) se partió y derramó gran parte de su contenido al mar, ocasionando un desastre ecológico, económico, social, humano etc.
Irónicamente, el nombre del barco, Prestige: Prestigio. Realce, estimación, renombre, buen crédito. Ascendencia, influencia, autoridad. Fascinación que se atribuye a la magia o es causada por medio de un sortilegio. Engaño, ilusión o apariencia con que los prestidigitadores emboban y embaucan al pueblo. Todo eso significa prestigio en la lengua que hablamos.
Al percibir la ruina que ha causado al ser humano y asumimos que involuntariamente, vemos que el nombre del barco es el menos apropiado y en su lugar podría haberse llamado Maldición o Desastre o Disaster.
No se trata de una galerna, ni de un ciclón, ni un maremoto ya que entonces diríamos que fue un acto de la naturaleza. Actus Dei. Se trata de una acción del ser humano que en su afán de hacer dinero no para mientes en las proyecciones de su proceder incauto y arriesgado, y audazmente, reta a los elementos de la naturaleza con material delicado y peligroso.
Llaman la atención, entre otras cosas, las distintas reacciones. Desde luego, alivio en medio de la desgracia ya que el barco no tenía bandera panameña aun cuando 40 de los que están en iguales condiciones que el siniestrado tienen bandera panameña. Por tanto, una advertencia.
Ahora, los altos dirigentes toman decisiones para el futuro y se habla de que deben de tener doble casco los barcos que se utilicen para estos menesteres. La precaución viene después del desastre. Después del 11 de setiembre nos piden cédula.
De lo peor, es el aprovecharse la oposición política para hacer campaña a propósito de la desgracia colectiva e irremediable. Quizás en nuestro neandertalismo politiquero sería lo más normal.
De lo mejor y extraordinario, la respuesta positiva de los afectados. Inmediatamente y del resto de las autonomías españolas que son como distintos países la acción remediadora. Y ¿por qué no? Sentimos que el gobierno español ha actuado bien aún cuando si lo hubiera hecho mejor todavía le encontrarían falta y deficiencia. De otros países europeos han venido ayuda y tecnología. Solidarios. Sobre todo impresiona que en un fin de semana largo, el puente de la Constitución, que le llaman, más de 1,000 universitarios se ofrecieron a venir a recoger la masa sórdida que resulta el fuel oil con arena, arrojado a las orillas. Ha campeado la solidaridad sin ningún entrenamiento previo, ni ensayo para la televisión, sino algo espontáneo y transparente. Y es que asimismo han actuado cuando han sucedido otras calamidades como por ejemplo cuando el Mitch en Centro América, más pronto que ligero se hicieron presentes para ayudar y los que no pudieron mandaron su ayuda material tangible. Como sucedió en la guerra de Ruanda, Burundi. Otra cosa es lo que sucedió con las reparticiones por parte de nuestros gobiernos y burocracias familiares y nepotísticas que desafortunadamente no hacen llegar la ayuda donde se necesita y se utiliza para la campaña política según la funesta praxis y credo politiquero de nuestros compatriotas y vecinos del istmo, que pregonan que hay que aprovecharse lo más que se pueda de todo mientras se está en el gobierno.
Indefinible es la impotencia de miles de seres humanos ante una marea negra de fuel oil que se acerca y que está merced de los vientos impredecibles y caprichosos de turbulentas corrientes marinas. Una marea negra que va devastando la vida animal y vegetal conforme la encuentra. ¿Cuántos años va a llevar volver a la normalidad? Cuando ve uno las aves totalmente embadurnadas de líquido negro pegajoso, las vemos insalvables. ¿Qué hacer? ¿Cuándo terminará tan larga pesadilla y del fondo del mar sigue la hundida nave enviando 125 toneladas a través de 14 grietas contrario a lo que se esperaba. No funcionó la congelación. No se sabe qué es lo que nos espera mañana. ¿Surtirá desde esas profundidades otra marea negra? Yo quisiera oír que más de lo que se ha dicho sin repetirse dirían los biólogos marinos locales, si los de allá no saben qué decir en la línea de soluciones aptas.
Estamos ante una de esas realidades donde la ciencia enfrenta la realidad critica. Y no tiene respuestas pragmáticas. Lo único hasta el momento es buscar tu cubo y comenzar a baldear arena con tóxico. Aquí volteo a ver a nuestros científicos del mar, sobre todo a los petulantes y a los que contraponen la ciencia a las actitudes de fe, a ver qué ofrecen, qué les dicen a las gentes que no sea resignación, fe, paciencia y esperanza. Aquí el pregonador científico de los preservativos no iría ofrecerlos como solución a un problema tan complejo.
La otra y final consideración sería ¿qué haríamos nosotros los panameños en una situación similar de la cual hasta el presente nos ha librado Dios? Tenemos muchas costas en el Atlántico y en el Pacífico y, sobre todo, a diario transitan tanqueros cisternas por el Canal. ¿Precauciones? Si, Dios no lo quiera, ocurriera. No quiero ridiculizar, pero no creo que campearía la solidaridad pues eso no está en nosotros. No la hemos aprendido y por otro lado eso no paga, luego no sirve. Tampoco creo que caigo en la burla si digo que indisputablemente ante una marea negra reaccionaríamos como reaccionamos, con una monumental marcha con pancartas echándole la culpa al gobierno, a la iglesia, a la derecha, a la falta de educación, a los gringos etc., trancaríamos las calles (nuestra especialidad local) y añadía otro: hasta los banqueros saldrían a trancar calles. Con el modo de proceder diario "ex communiter contingentibus" cualquier cosa pudiera suponerse y que ojalá desde luego inspirados en la fe y con la ciencia, es aconsejable que comencemos a practicar y no tanto a predicar la solidaridad que es la mejor expresión de nuestra fe cristiana.
Los senderos de piedra utilizados por los españoles aún pueden verse. Se definen calles y caminos en medio de una nutrida vida silvestre.
Mientras, en las faldas de aquel cerro, la primera cueva que visitamos permanecía repleta de murciélagos, como era de esperarse. Más adelante, en Punta Cueca, ubicamos la segunda. Allí los trabajos del INAC llevan ya varios meses. Su exploración significó el derribo de gigantescas piedras que fueron dando paso a múltiples hipótesis relativas a la existencia de importantes riquezas al fondo de la cueva.
No obstante, de lo que sí existe una teoría confirmada y, sobre todo, respetada, es "de no atentar contra la cultura indígena presente en estas áreas", según dijo Ruiloba.
El indio Plinio nos lo explicaría después. "Se enciende un tabaco cuando uno llega porque así lo pide el espíritu del español que habitó esta cueva, además se le coloca una vela verde, agua y vino", nos dijo y de inmediato agregó "tampoco se permiten chistes dentro de ella, ni beber o fumar y mucho menos relaciones sexuales".
A nuestra salida del sitio uno de los expedicionarios encendía el tabaco, tal como Plinio lo dijo. Para Menéndez Franco las cuevas tienen un "doble carácter". Son lugares naturales y militares para guardar no sólo riquezas, sino también víveres y armas.
Lo cierto es que la historia de estas tierras es aún un "gran misterio en espera de exhaustivas investigaciones". Mientras éstas concluyan, sus habitantes permanecerán en ellas como los más fieles guardianes de una época fantástica.
A pocos minutos de Playa Brava, después del pueblo de Punta Alegre, se divisa un terreno por donde los pescadores de esta región, de Garachiné y Taimatí, dicen que desciende desde la montaña, una cadena de oro. Se cuenta que en Perú se le hizo un regalo a un galeón español que llegó a Lima. La reina recibió una cadena y un ancla de oro.
El arca vino cargada con tesoros y en las costas de Patiño sufrió un ataque de piratas. Al salir mal librado, descargó la mitad del oro, el resto siguió en el galeón y éste se hundió justo en la sima de esta montaña. En noches de semana santa se le ve alumbrando.
En un morro (monte pequeño) también en las costas de Patiño, llegaron una vez unos marines norteamericanos y acordonaron el área, impidiéndole el paso a los pescadores. Trajeron helicópteros de dos hélices y se llevaron unos cañones que se dice, eran de los galeones.
Por allá por los años "70 llegó a estas costas un barco de ingleses. Algunos muchachos de entonces lo abordaron para preguntarles si querían comprar langostas. Los navegantes les mostraron un mapa y les dijeron que andaban tras tres cofres con riqueza que estaban en una cueva.
Frente al poblado de Mogocénega, en Punta La Virgen, un niño estaba pescando y sacó un pedazo de lona que se dice que cubría un millonario tesoro. Los adultos intentaron llegar al lugar para explorar, pero el pequeño se desmayó una y otra vez y los lugareños lo tomaron como una premonición y allí terminó todo. Nada más se ha sabido desde entonces.
Los indios de estas tierras hablaban inglés y francés para aliarse con los piratas y los guiaban por la espesura de la selva en contra de los españoles.